|
||
Traducir sin traducir Por Fernando Sorrentino En su libro Aproximación a La divina comedia (Buenos Aires, Educa, 2000), Jorge Adolfo Mazzinghi (1923) manifiesta (pág. 41):
Lejos de mi intención juzgar la mayor o menor bondad de las traducciones del autor. Pero sí deseo señalar que, en más de un caso, la traducción no llega a ser tal, sino que consiste en imaginar que un vocablo italiano pertenece a la lengua española actual. Ejemplo número uno. El último verso (el 136) de Inferno, I, dice:
Mazzinghi (pág. 59) lo traduce como:
En italiano retro es un adverbio, de uso poético, que significa dietro, indietro. Pero en español no existe tal adverbio, de manera que habría sido más razonable escribir detrás. Ejemplo número dos. En el famosísimo episodio (Inferno, V, 136), Francesca cuenta que Paolo
Mazzinghi traduce (pág. 75):
El participio presente tremante es un arcaísmo español, igual que el verbo tremar, del cual procede. Ahora bien: ¿es lícito, en el año 2000, emplear vocablos extinguidos? ¿Qué ocurriría si alguien tradujera apelando a términos medievales tales como ca, consiment, udieron, lazerio, homne, ardit, aína, fuertemientre, etcétera, etcétera? Acaso habría correspondido emplear, en lugar de tremante, un pariente más joven de aquél, temblante, o, si éste resulta demasiado audaz, el modesto tembloroso. |