El trujamán
Viernes, 4 de enero de 2002


Traducir sin traducir

Por Fernando Sorrentino

En su libro Aproximación a La divina comedia (Buenos Aires, Educa, 2000), Jorge Adolfo Mazzinghi (1923) manifiesta (pág. 41):

Por mi parte, he incorporado al presente texto traducciones elaboradas por mí, que no he abordado con el necio propósito de superar a las existentes, sino con el afán de lograr, hasta donde pueda, una versión española que se acomode a mi propia comprensión del texto italiano.

No desearía que esta decisión fuese interpretada como una presunción insensata, pues sólo pretende ser una muestra de devoción al poema que, por cierto, sólo gozo en plenitud cuando lo leo en su lengua de origen.

Lejos de mi intención juzgar la mayor o menor bondad de las traducciones del autor. Pero sí deseo señalar que, en más de un caso, la traducción no llega a ser tal, sino que consiste en imaginar que un vocablo italiano pertenece a la lengua española actual.

Ejemplo número uno. El último verso (el 136) de Inferno, I, dice:

Allor si mosse, e io li tenni retro.

Mazzinghi (pág. 59) lo traduce como:

Cuando él se movió, lo seguí retro.

En italiano retro es un adverbio, de uso poético, que significa dietro, indietro. Pero en español no existe tal adverbio, de manera que habría sido más razonable escribir detrás.

Ejemplo número dos. En el famosísimo episodio (Inferno, V, 136), Francesca cuenta que Paolo

la bocca mi baciò tutto tremante.

Mazzinghi traduce (pág. 75):

la boca me besó todo tremante.

El participio presente tremante es un arcaísmo español, igual que el verbo tremar, del cual procede.

Ahora bien: ¿es lícito, en el año 2000, emplear vocablos extinguidos? ¿Qué ocurriría si alguien tradujera apelando a términos medievales tales como ca, consiment, udieron, lazerio, homne, ardit, aína, fuertemientre, etcétera, etcétera?

Acaso habría correspondido emplear, en lugar de tremante, un pariente más joven de aquél, temblante, o, si éste resulta demasiado audaz, el modesto tembloroso.