El trujamán
Miércoles, 25 de abril de 2001


Un bell’ endecasillabo per il maestro Borges

Por Fernando Sorrentino

En la edición del 4 de julio de 1943 del diario La Nación, de Buenos Aires, apareció por primera vez el «Poema conjetural» de Jorge Luis Borges, más tarde reproducido en otros libros del autor e incontables veces en diversas antologías de todo tipo.

Como se sabe, en esos cuarenta y cuatro endecasílabos sin rima, el narrador en primera persona («yo, Francisco Narciso de Laprida, / cuya voz declaró la independencia / de estas crueles provincias […]») expone sus pensamientos antes de ser asesinado, el 22 de septiembre de 1829, por los montoneros del fraile-general José Félix Aldao.

Laprida (1786-1829) —antepasado remoto y lateral del mismo Borges— no esperaba tener esa muerte violenta y en tales circunstancias bélicas: «Yo, que anhelé ser otro, ser un hombre / de sentencias, de libros, de dictámenes, / a cielo abierto yaceré entre ciénagas».

Este hombre «de libros», que huye «hacia el sur por arrabales últimos», alcanza a compararse con un personaje de la literatura:

Como aquel capitán del Purgatorio
que, huyendo a pie y ensangrentando el llano,
fue cegado y tumbado por la muerte
donde un oscuro río pierde el nombre,
así habré de caer. […]

Desde luego, el Purgatorio es el de La divina commedia. El capitán que queda sin vista y sin vida es Buonconte da Montefeltro, y el oscuro río que pierde el nombre es el Arquiano (Purg., V, 94-99):

«Oh!», rispuos’elli, «a piè del Casentino
traversa un’acqua c’ha nome l’Archiano,
che sovra l’Ermo nasce in Apennino.
Là ’ve ’l vocabol suo diventa vano,
arriva’ io forato nella gola,
fuggendo a piede e ’nsanguinando il piano.
[…]»

Manuel Aranda Sanjuán (versión en prosa, 1868) traduce: «—¡Oh!, me respondió; al pie del Casentino corre un río llamado Archiano, que nace en el Apenino junto al Éremo. Allí donde pierde su nombre, llegué yo con el cuello atravesado, huyendo a pie y ensangrentando la llanura».

Bartolomé Mitre (en verso, 1889): «Y él respondió: ‘Al pie del Casentino, / hay un río que llaman el Arquiano, / y sobre el Yermo nace en Apenino, // y que pierde su nombre en el rellano: / allí llegué la gola traspasada / huyendo a pie y ensangrentando el llano’».

Ángel J. Battistessa (en verso, 1985): «‘¡Oh!’, respondió, ‘al pie del Casentino / cruza un torrente que es llamado Archiano, / que sobre el Ermo nace en Apenino. // Allí donde su nombre ya es inútil, / llegué yo con el cuello traspasado, / huyendo a pie y ensangrentando el llano’».

Vemos, pues, que Mitre y Battistessa coinciden exactamente en la traducción del verso 99. Esta opción es la más literal y es también la mejor.

De la misma manera, tomó Borges el verso italiano y lo llevó al español, con el único agregado del pronombre que. Como éste forma sinalefa con huyendo, el verso ni gana sílabas ni pierde armonía, y se mantiene, como su itálico antecesor, en un hermoso endecasílabo de cuarta y octava