| Diccionario sexual
Diccionario de términos sexuales, de la "A" a la "Teta" La mayoría del vocabulario erótico que utilizamos está integrado por eufemismos que surgieron para burlar la censura. Pero emplear palabras vulgares o 'fuertes', así como inventarse nombres para los genitales u otras partes del cuerpo, ayuda a fortalecer la confianza en la pareja y a hacer más divertidas y excitantes las relaciones. "El hecho de que el hombre descubriese su capacidad para nombrar las cosas obligó a crear una lengua secreta, pícara y festiva para referir aquello que no debía ser mencionado. Uno de esos 'aquellos' conflictivos en las sociedades occidentales y cristianas ha sido y es el sexo", comenta el escritor Antonio Tello en su libro Gran diccionario erótico de voces de España e Hispanoamérica. En este sentido, la lengua castellana generó un amplísimo número de acepciones sexuales a partir de voces y locuciones aparentemente inocuas o creó otras consideradas como equívocos -por ejemplo, carajo podía ser un palo o el pene- o malsonancias, según el criterio social y religioso del momento. De hecho, la mayoría de los términos que se emplean en el lenguaje popular son eufemismos. Es el caso de la palabra bacalao -alude al olor de los genitales- o chona -designa la vulva-. "Esto se hizo con la intención de burlar la censura, ya que en Occidente, por influencia de la religión judeocristiana, la represión ha sido fuerte y el sexo siempre se ha considerado tabú, por entenderse como un acto pecaminoso. por eso gusta tanto el uso de palabras procaces, porque satisface en cierta forma las ansias de subversión y transgresión", explica Antonio Tello. Y tú, ¿qué nacionalidad prefieres?
Carácter pícaro y festivo
La palabra 'griego' para designar al coito anal se debe a que era una
práctica frecuente entre hombres en la Grecia clásica. Los portugueses
usan la expresión 'contar azulejos' para la masturbación.
Y, precisamente, gracias a esto el repertorio de términos
relacionados con el sexo se ha ido enriqueciendo cada vez más hasta el
punto de que podríamos hablar de un lenguaje pseudoliterario, dada
la gran cantidad de figuras que se emplean. Las más abundantes son las
metáforas formales -por ejemplo, llamar a los testículos borlas porque
penden como éstas y además se asemejan- y funcionales -al pene se le
denomina ballesta, porque se arma y dispara como ella-. También
son frecuentes las formas onomatopéyicas, como ñaca-ñaca, para
referirse al coito. E incluso existen anglicismos que hemos
castellanizado, como echar un quiqui -viene de quickly, que
significa rápido en inglés- para referirnos a un coito rápido u
ocasional, o foqui-foqui -procede del verbo fuck (follar)-.
No obstante, a esta riqueza también ha contribuido el carácter
festivo y pícaro de nuestra cultura. "La civilización latina
siempre ha ensalzado el goce y, como la fuerza de eros es muy creativa,
en nuestro país muchos términos se han inventado con un fin lúdico,
como motivo de divertimento y picardía", cuenta Antonio Tello.
Cultura genitalizada
En todo caso, aunque el campo de la actividad sexual es muy amplio,
el vocabulario gira, sobre todo, en torno al pene, la vulva, los testículos,
el coito, la homosexualidad, la virginidad, la prostitución y el
adulterio. En opinión de Antonio Tello, esto se debe
fundamentalmente a dos motivos: "por una parte, los cuatro primeros
términos son elementos que nuestra cultura -excesivamente genitalizada-
considera básicos en el sexo. En cuanto a las demás acepciones aluden
a aspectos a los que el Cristianismo ha dado mucha trascendencia y sobre
los que ha dictado normas restrictivas".
Tampoco hay que olvidar que, según el antropólogo José Dueso,
"en nuestro idioma abunda lo soez, lo peyorativo y lo
denigratorio, especialmente en lo que se refiere a los genitales
femeninos, en comparación con los masculinos. La razón estriba en
que han sido los varones los que han inventado la mayoría de los términos.
El machismo -apoyado por los poderes sociales- y la mayor permisividad
sexual del hombre han hecho el resto", añade.
Además, el hecho de que durante bastante tiempo en determinados círculos
se haya considerado que la sexualidad de la mujer tenía una finalidad
meramente procreativa y de satisfacción del varón explica que,
tradicionalmente, el sexo masculino haya utilizado expresiones como pasarse
a la mujer por la piedra, llevársela al catre, cepillársela, beneficiársela…
o, en Hispanoamérica, bigotear, machetear o medir el aceite. Y
es que, "se entendía que era el hombre quien tomaba la iniciativa
y llevaba las riendas", asegura Antonio Tello.
Curiosamente, el lenguaje de los números es universal. Así, el 69
es una metáfora formal de dos cuerpos superpuestos en sentido contrario
practicando el sexo oral. Pero, en lo relativo a términos sexuales, hay
diferencias en cada idioma. Y el castellano es uno de los más ricos….
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Encontrado en: http://www.vizzavi.es/Channels/New_Mujer/Mujer_index/0,24395,Njk1IDQ2NDQ2IDI=,00.html