El "Boom" del cuento riocuartense
J.A.C. El Pueblo, Río Cuarto, Argentina, 22 de octubre de 1973
Bien podríamos decir que este año es el del "boom" del cuento riocuartense. No porque los libros de cuentos, de autores nativos o por opción se hayan vendido mucho. Ella -la comercialización- es siempre empresa ardua y difícil como todas las facetas anejas a la aventura intelectual. Sino, y esto nos parece más importante, por la cantidad y calidad de los libros de cuentos publicados en Río Cuarto, durante el presente periodo. Porque, si bien nadie se preocupa de llevar las estadísticas de los acontecimientos no rentables, no cabe hesitar en que un sumario balance muestra, al pronto, un número inusual de obras de aquel linaje literario.
El hecho es altamente auspicioso y cabe remarcarlo, como se procura con estas breves líneas. Es que, a partir de la conformación del "Club de Cuentistas", con su modesto pero eficaz "taller", se ha incentivado el entusiasmo, el contacto creador y el estímulo renovador en el área riocuartense del cuento. Y allí están los resultados. Nuevos libros y nuevos autores, que prueban un fervor -desusado en otros ámbirtos- y aseguran una continuidad generacional, puesta en severo entredicho en otros compartimientos del quehacer creativo local.
Valgan unas pocas pruebas del que pensamos es un aserto. Este año publicó Filloy su saga "Los Ochoa". También se difundió "Cuentos argentinos", de Cecilio Pérez de la Rosa. Se produjeron reuniones y debates de importancia en el seno del Club del Taller. Hubo lanzamientos de libros de cuentos. Se computaron "juicios" literarios con litigios más saludables que los "académicos" tan al uso. Se promete un concurso sobre el mejor cuento del año. Apareció una joya recordable: la antología de Carlos Mastrángelo, Diez cuentistas de Urumpta, con obras de Bustamante, Filloy, de la Rosa, Sara Zimmerman, Floriani, Solivellas, Stoll, Martorelli, Maldonado Carulla y el propio Mastrángelo -"alma mater" de la idea-, que contó con el necesario apoyo económico, tan elogiado como la pulcritud de la impresión, ambas de origen local. Y culmina la fructífera cosecha con la aparición de El día en que el pueblo reventó de angustia de Antonio Tello, en quien se saluda la fuerza renovadora, el estilo "joyceano" y, sobre todo, la promesa -¿o realidad?- de la asunción del testimonio en la posta vital de llevar adelante la cuentística riocuartense.
Bienvenido el "boom" que presenciamos. Sin empresarios editoriales del éxito, interesados en las resultas del consumo masivo del libro. Sin autores estrellas, radicados en otra parte, que exportan ideologías por las que no se atreven a convivir revoluciones. El fenómeno nativo, por todo ello, parece más sincero, más puro, más artístico. Y sobre todo, más digno del reconocimiento y del aplauso.