El tiempo construido
María Cruz Seoane
El País, 2 de abril de 1989
Argentino,
exiliado en España desde 1975, Antonio Tello ha publicado en 1987 una novela,
De cómo llegó la nieve, en la misma editorial que ahora publica estos cuentos,
escritos a lo largo de 20 años. El paisaje de su patria -la vasta llanura de la
pampa árida- y los trágicos avatares de su historia reciente, el desarraigo y
la nostalgia de la condición de exiliado, el Mediterráneo y el paisaje urbano
de la Barcelona en donde reside son referencias constantes en estos relatos.
Pero, salvo en muy pocos de ellos, más directos -La soledad de Rafael, El
duelo, El hombre que mató-, esas circunstancias, vividas, y las referencias históricas,
muy frecuentes también, están al servicio de un sentido genérico, abstracto,
de carácter simbólico o mítico, que tiene sus raíces en los grandes maestros
latinoamericanos del género.
En algunos, el tratamiento del paisaje, el ambiente y los personajes
-fantasmales- recuerdan a Rulfo. Más inequívoca es en la mayoría de ellos la
huella de Borges. Temas como el del laberinto (El arquitecto), el del
" libro que
contenía todos los libros, los cuales, a su vez, lo contenían" (La
catinga), la posibilidad de que una vida " sea una invención de alguien, de Dios
o de él mismo" (La reinvención de Morel) o de que todo el universo sea el
"sueño angustiado de un ser" (Nocturno), proclaman su directa
procedencia borgeana.
Filosófico
Y, sobre todo, el omnipresente tema del tiempo. Tiempo que no es nunca el del fluir inexorable e irreversible de nuestra experiencia cotidiana; sino una construcción filosófica. En La línea del cielo y La campaña del coronel Emilio, la confusión entre presente, pasado y futuro tiene su justificación psicológica, sin necesidad de recurrir a la metafísica, en la reiteración del dolor de la tortura, o de los días de vagar en el desierto sin rumbo, de los protagonistas-narradores. En La catinga, el tiempo inmóvil recobra su dirección futura; el autor nos informa en el epílogo de que en este caso "la lectura de la teoría de Stephen Hawking acerca de la dirección del tiempo" le fue muy útil. Nocturno es un viaje onírico a pasados remotos o míticos. En La herida y El interior de la noche, que da título al volumen, es el tiempo cíclico, el "eterno retorno" pitagórico, actualizado por Nietzsche, que una vez más revela aquí su raigambre borgeana; seres que repiten un destino inmutable, atrapados en el círculo de una realidad ya ocurrida, que recuerdan o sueñan como algo preciso y lejano. De estos relatos enigmáticos, escritos en excelente prosa, queda la impresión general de unos personajes abocados a la soledad, al desarraigo, al éxodo; y de un paisaje en el que la inmensidad del espacio es a la vez metáfora de la eternidad del tiempo.