Aprender siempre, sin suponer que se lo sabe todo

Reportaje a Antonio Tello

 

Por Julio Girard

La Trapalandia Literaria


 

  Dice Martín Fierro:

  "Aprovecha la ocasión

  el hombre que es diligente

  y téngalo bien presente

  si al compararla no yerra

  la ocasión, es como el fierro,

  se ha de machacar caliente".

  Y así es. Estamos con Antonio Tello, conversando, y todavía con todas las emociones que él experimenté, al igual que lo hicimos todos los que somos sus amigos, en esta nueva visita suya a esta ciudad de Río Cuarto, su ciudad, sin dudas.

  - ¿Cómo estás, Antonio?

  - Mol be, mol be"

  - "Mol be, eso es catalán, catalán. Manejás bien el catalán?

  - No, no muy bien. Lo leo perfectamente, pero lo que yo hablo no es catalán. Es "catapám", o sea "catalán de la pampa".

  - ¿Eso no te crea ningún inconveniente dentro de Barcelona, donde vives?

  - No, no. Porque, además, como lo entiendo bien, y los catalanes son personas bastante gentiles en ese aspecto. Si no lo entiendes, sigues hablando en castellano, pero si lo puedes comprender, prefieren usar el catalán.

  - Bueno, pero nos hemos apanado un poco del guión inicial. Después de estas digresiones, que también son interesantes, volvamos, entonces, a introducirnos en el tema: ¿Literatura y cultura. ¿qué relación establecerías?

  - Al ser expuesta de ese modo, la pregunta es bastante amplia, y muy genérica. De todos modos, la literatura es una manifestación de la cultura, entendida ésta no sólo como el devenir de los conocimientos, sino como el devenir de los gestos, la acumulación de sentimientos, de comportamientos ciudadanos. Todo eso forma parte de la cultura. Y en ese sentido, yo tengo siempre presente - se lo digo también a mis hijos - que una persona culta no es aquella que acumula conocimientos sino aquella que es capaz de expresar los sentimientos de su pueblo, de comportarse civilmente. Se puede ser culto y analfabeto. Ahora bien, la literatura trata de expresar, a través de la escritura, aspectos que se refieren a la condición humana. Algunos, cronicando peripecias diferentes del hombre, y otros buceando en el interior de su alma, para intentar escudriñar qué sucede en lo más profundo de su ser y cuáles son los distintos trances por los que atraviesa, con sus reacciones ante ellos.

  - ¿Cuál sería tu caso?

  - A mí me ha interesado siempre indagar y contar todo lo que se refiere a la condición humana. Porque, en definitiva, los hombres somos iguales aquí o en la "Cochinchina". En cualquier parte del mundo, los hombres somos los mismos.

  - ¿Un poco de aquello de "pinta tu aldea y pintarás el mundo"?

  - Evidentemente. No se puede pretender escribir y desconocer el lugar donde has nacido o donde has vivido. En definitiva, esa   "pequeña aldea" es un microcosmos que forma parte del gran cosmos. Porque, silos hombres son los mismos, esa "aldea" reproduce en pequeña escala lo que sucede en cualquier parte del mundo, en cualquier ciudad, por grande que sea.

  - En tu caso: vos, ahora, ¿serías un escritor español? ¿o hispano?

  - Hispano sí. Pero no soy un escritor español. Tampoco soy, a esta altura, un escritor esencialmente argentino. Soy un escritor hispano, en la medida en que he tenido ... ya puedo decir la suerte, de compartir dos expresiones culturales que tienen el mismo tronco, que es el idioma castellano

 - Está bien. ¿Y reconocés raíces locales, en tu oficio de escritor? 

  - Por supuesto, por supuesto. Mira, la cultura, como te dije hace un momento, es un devenir, y en ese devenir no se puede desconocer lo que está detrás de ti. En un modo amplio, nosotros pertenecemos a una cultura occidental, judeo-cristiana, para ser más preciso. Y venimos acumulando todas esas expresiones, todos esos conocimientos que nos identifican como habitantes del occidente. Ahora bien. Eso, significa que en mi ciudad hay también manifestaciones previas a mí, que yo he asimilado consciente o inconscientemente. Sería muy estúpido de mi parte pretender que todo nació a partir de mí. Desconocer escritores como Juan Filloy, Juan Floriani, Carlos Mastrángelo, como Solivellas, Bustamante, como Maldonado Carulla y  tantos otros que me han precedido, que  por formar parte de otra época, los ignorara y pensara que no me corresponden. Eso no es así. Ellos me corresponden en la medida en que yo he aprendido mucho de ellos. Por suerte, esto lo comprendí desde muy joven, cuando tuve la suerte de compartir con ellos muchas discusiones, en la S. A. D. E. o en el Club de Cuentistas, donde aprendí muchas técnicas de la narrativa. Les agradezco mucho, también, esa deferencia que tuvieron al dejarme participar de su mundo, cuando era yo una persona varias generaciones menor que ellos, que eran la expresión de su época. Tenían, evidentemente, una metodología y un modo de expresarse que, desde mi punto de vista, no se correspondía con lo que yo sentía que debía ser. Entonces fue que, a partir de ellos, busqué mi propia forma de expresión porque era el único camino para identificarme yo mismo como escritor, con mi propio estilo, mi propia personalidad y, a la vez, una personalidad que respondiera a lo que estaba sucediendo en el mundo, en el país y en el hombre moderno. Entonces, esa ruptura, no significa un rompimiento absoluto sino una herencia, un progreso con respecto a lo anterior. No es ni mejor ni peor. Simplemente que la mía, al igual que la de ellos, responde a una ¿poca.

  - Y ya en España ¿has tenido oportunidad de conectarte con otros literatos que te hayan aportado algo más de lo acumulado aquí, o empezaste a trabajar como un "lobo solitario"?

  - La relación con otros escritores allá es bastante complicada, bastante difícil. No existe la posibilidad, o al menos no del modo tan espontáneo, que es habitual aquí. De manera que debo mucho a mis lecturas y, sobre todo al periodismo, que me puso en contacto directo con las formas expresivas propias del pueblo español. Entonces eso hizo que yo fuera modificando mi forma de trabajar, que incorporara nuevas voces a mi idioma.

  - En ese, si se quiere obligado ejercicio, fuiste enriqueciendo tu vocabulario. Pero, ¿lo fuiste cambiando?

  - Lo que hice fue incorporar nuevas voces. Porque, por un lado tenemos las mismas palabras de un idioma común. Hay una parte dinámica y otra fija, del lenguaje. En ese dinamismo cabe la incorporación de otros giros. Además, están los vocablos de otros idiomas, que pueden ser válidos en la medida que aumenten la riqueza del campo semántico y no lo contaminen en cuanto vienen a sustituir palabras que no posees en tu propio idioma. También hay que tener en cuenta la "melodía" de las palabras, que nos sirve para utilizarlas en los momentos precisos y te den la entonación que buscas. Las palabras tienen una resonancia especial. Pero en este tema quiero referirme a la incorporación de voces de otros idiomas, al nuestro. Los argentinos acostumbramos a hablar de "quilombo". Esta es una palabra portuguesa que aludía, en un principio, al lugar donde se refugiaban los negros cimarrones y de allí fue derivando hasta significar "lugar de mal vivir", "burdel" o "prostíbulo". Burdel es una palabra de origen catalán. También los argentinos decimos tapera, que sabemos, significa ruina. Tapera es de origen guaraní y quiere decir "casa abandonada". Si decimos "el taperal" sabemos que es un pueblo abandonado. Pero lo hemos derivado con el sentido de minas. Así hay infinidad de palabras que se han ido incorporando al cuerpo básico del lenguaje y que hacen que sea nuestro idioma uno de los más ricos del mundo, y uno de los que mayor precisión busca al denominar los objetos.

  - ¿Qué es lo más importante en esto de la precisión de las palabras?

  - Yo siempre he sido un escritor preocupado por la síntesis . Por decir la mayor cantidad de cosas con la menor cantidad de palabras. Eso es fruto de un proceso a través del cual he ido derivando -desde la carga casi barroca que tenía al comienzo - hacia una escritura más seca pero no menos melodiosa. Lo importante era ir eliminando adjetivos y utilizarlos en aquellas expresiones en las que fueran ineludibles. Lo importante, en definitiva, es no tener miedo a la incorporación de nuevas voces, si en cambio, temer las contaminaciones de otra naturaleza.  Por ejemplo,  la profusa adjetivación, las muletillas, o formas expresivas que empobrezcan el lenguaje.

  - ¿Se ha perdido, acaso, la tradición oral, la transmisión de la palabra a través de la oralidad? 

  - Sí, es cierto. Aquí, como en España, el común de la gente tiene muchas dificultades expresivas. Es como si les costara encontrar la palabra adecuada entonces usan la "muleta", la sustitutoria y no dicen todo lo que quieren decir, establecen un código muy pobre, casi troglodita. De seguir así, pronto tendremos que hablar por gestos o por signos. Se nota mucho en los medios de comunicación masiva, no sólo de aquí, por supuesto.  Asusta esa pobreza léxica. Creo que se debe a la entrada masiva de las expresiones  orales. No es  sólo la buena impostación de la voz lo que importa, sino redactar bien, expresarse bien y, sobre todo, leer mucho, fundamentalmente, además de escuchar mucho...

   -Te aparto un poco de la literatura. ¿Qué elementos comunes encontrarás entre la gente de aquí y de allá? Entre argentinos y españoles, por supuesto. El comportamiento de la gente, la forma de ser de la gente de uno y otro lado.

   -Esencialmente somos los mismos. Pero  la historia de uno y otro país ha sido diferente. Cuando yo llegué a España se acababa de morir Franco y, con él, cuarenta años de dictadura. El pueblo español se encontró, de pronto, en medio de la libertad. Fue una transición difícil, complicada, que se superó gracias a la generosidad de la clase política, a su solidaridad y a la altura moral de sus dirigentes. Pactaron esa transición para encauzar al país por la vía democrática. Y tanto la izquierda como la derecha  cumplieron religiosamente con ese pacto. Indudablemente avalados por el mismo rey Juan Carlos. Todo ello posibilitó la democracia española. En estos diez años de ese sistema, la gente ha aprendido a comportarse civilmente, con menos agresividad, con más sentido urbano, y han creado un clima de convivencia mucho más agradable. ¿Cuál es la diferencia con Argentina? Aquí existen sectores que tienen una gran voluntad de sacarlo adelante, porque ha sido víctima de corrupción y del terror que produjo una quiebra muy importante en este país. Ese hecho, indudablemente se hace sentir en  todas las manifestaciones del ser argentino.  Ha   triunfado, entonces,   el "viejovizcachismo" sobre el "Martín Fierro". Te encuentras con quienes creen gracioso no colocarse el cinturón, o el casco, lanzar el coche antes de ceder el paso, tirar basuras a la calle, amenazar con insultos. En fin, no posibilitar la sana convivencia. No se valora esa convivencia. Me incluyo, porque también formo parte de este país. Tenemos que empezar por nosotros mismos, por cambiar ésas, que parecen pequeñas cosas. Comencemos por cumplir con las leyes, con todas, porque más allá de las leyes, está solamente la "selva". Respetemos  las leyes aunque no nos gusten, mientras  producimos entre todos su modificación si es necesario. Sepamos elegir, también, en momentos de elección de gobernantes, Que prime la honestidad del candidato, de buen comportamiento, de buena gestión.

  Por supuesto que lo mas importante es cumplir esas leyes y hacerlas cumplir en toda su amplitud, para crear los hábitos necesarios. De otra manera, será sólo letra muerta.

  - Recuerdo ahora, al respecto, una frase de Martin Luther King: "Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el simple arte de vivir como hermanos". Eso es estimular la solidaridad porque no lastimando al otro uno no se lastima a sí mismo, no?

  - Por qué injuriar al otro, no? Sobre todo en estos tiempos que vivimos, como argentinos, digo. Pienso que debemos tener siempre presente lo que ha sucedido en este país. Lo que fue una gran tragedia. Debemos tener siempre presente lo que pasó. Las nuevas generaciones no deben desconocer todo lo que ocurrió aquí, la crueldad con que se lesioné la dignidad humana. Los individuos causantes de ello no deben ser olvidados. Ahora bien, nosotros, ciudadanos de este país, debemos cicatrizar aquellos daños que nos hicieron para construirnos a nosotros mismos. No podemos hacer que el rencor o el resentimiento se anquilose en nosotros y que la amargura sea la razón de nuestra vida.

  - Entiendo que querés decir que no hay que olvidar lo que ocurrió para que no vuelva a pasar, pero, alejarse de los rencores, al mismo tiempo. ¿Esa s tu posición?

  Sí, sí. Esa es y ha sido mi posición. De otra manera no hubiera podido vivir. Yo olvidé el rencor. Tenía que seguir. El rencor significa también una derrota y yo no estaba dispuesto a reconocerme vencido. Mi gran objetivo es vencerme en todas las mezquindades, en todas las miserias. y si escribo a veces sobre la angustia, es porque esa lucha implica una angustia. Si los que me desterraron, los que mataron a tanta gente, hubieran conseguido quebrarme moralmente, hubieran obtenido una victoria sobre mí y sobre aquellos que mataron. Pero en la medida que los individuos que hemos sido víctimas de la persecución, nos sobrepongamos, no habrán conseguido ellos su objetivo. Habremos salido victoriosos en cuanto al objetivo de vida que teníamos. Nosotros simplemente pretendíamos alcanzar una sociedad más justa. Y te lo digo desde la perspectiva de un individuo que no militó nunca en ningún partido. La única militancia que yo tenía era la de la palabra y la del compromiso con el ser humano.

  - Recuerdo aquella revista, "Puente"...

  - "Puente" fue una revista muy importante en nuestra ciudad, en aquel momento. Significó el último reducto, para nosotros, donde podíamos decir muchas cosas, sin subterfugios. A mí me habían echado de muchas partes y Gonzalo Otero Pizarro me dio la oportunidad, aún defendiendo él, desde otra óptica, la misma causa.  Puente" fue una revista mucho más importante de lo que mucha gente puede suponer. Tenía rasgos muy importantes, tan válidos entonces como ahora. Quizás actualmente sedamos menos virulentos. Pero es que también la situación actual es menos virulenta. Lo determinante de nuestra salida del país creo que fue, justamente, aquella revista. Aunque antes hablamos hecho mérito para que los intolerantes nos echaran. Habla hecho contigo el "Martín Fierro", ya habla publicado, con el apoyo de los amigos, "Cuando el pueblo reventó de angustia", que no es un libro político. Es literatura.

  - Y este hecho, que según desde la óptica en que se lo mire pudo haber sido auspicioso o negativo: el tener que irte, ¿te convirtió en un exiliado o en un desterrado?

  - Yo siempre digo que soy un desterrado. Obviamente a nadie le gusta ser desterrado o ser perseguido. Pero esa lucha mía contra la derrota, contra la quiebra moral, me llevó a defender todo aquello que llevaba conmigo: no sólo mi familia, sino mi propio espíritu de combate. Y a sacar provecho, en medio de todas las dificultades, en beneficio de todos. No sólo beneficios de supervivencia sino de la salud mental. Volviendo a tu pregunta, te digo que me he considerado siempre un desterrado, porque enseguida comprendí que no podría volver pronto a mi país y que el exilio implica una traslación violenta, pero transitoria. A mí me habían arrancado de esta tierra. Era un árbol con las raíces al aire, en una ciudad, en un medio geográfico que no era el mío, con códigos que desconocía. De modo que, con la copa hacia abajo, entré a doblar las rafees y a tratar de que sus filamentos se adhirieran a la nueva tierra. Sigo siendo un desterrado. Pero ya en las condiciones de una planta que se ha aclimatado en otro lugar. Trato de aportar mis energías a ese lugar, con mi forma de ver el mundo que no coincide a veces con él.

  He comprendido, también, que el comportamiento humano es perverso y generoso al mismo tiempo. Las dificultades las tendré allá como acá. Los actos de generosidad también. No hay buenos y  malos. Hay personas con sus debilidades y con sus grandezas. Tampoco tiene importancia la extracción social de esos individuos, lo que importa es lo que hay dentro de cada uno.

  - En tu condición de escritor, tu primer retorno, hace siete años. Tu segundo viaje ahora y ya pronto a partir. ¿qué te dejó una y otra visita a este Río Cuarto acogedor?

  - Las dos ocasiones de regreso implican un reencuentro con mi propia alma un tanto extraviada. Pero hay una diferencia entre la primera vez que vine y ésta. Creo -a lo mejor estoy equivocado- que la otra vez, la gente todavía tenía la férula del miedo. Miraba a los expatriados -a los extrañados, como se les dice en España- con ciertas prevenciones. Muy pronto la ciudad me acogió, sin embargo. Vi a muy poca gente, pero fui en todo caso bien recibido.

  Recuperé muchas cosas, en aquella ocasión. Me ayudó mucho, tal vez, el no recordar a Río Cuarto como una ciudad-casa, sino recordar a los habitantes de esa casa. Esa gente también había sufrido. De modo que ni esa gente, ni yo teníamos nada que reclamarnos, sino comulgar, volver a abrazarnos. Eso fue muy importante en aquella oportunidad para mí. Hizo que, a mi regreso de ahora, ese afecto concentrado se desbordara. He sentido en estos días aquí el enorme cariño de las personas, algunas hasta desconocidas, que me besaban y abrazaban como nunca lo he sentido. Quizás se solidarizó conmigo.

  De modo que soy para ellas la encarnación colectiva de muchos otros a los que les sucedió lo mismo. Lo cual es una gran responsabilidad para mí.

  - Y cuál es tu impresión sobre el movimiento literario y cultural en general en Río Cuarto?

  - Lo que veo son aspectos muy positivos y otros que no lo son tanto. Y que nadie se ofenda, por favor. Lo positivo es que hay una gran voluntad, una gran creatividad por hacer cosas. Y se hacen muchas. Proporcionalmente, más que en cualquier ciudad europea El peligro que veo en todo esto es que se sigue trabajando con más voluntad que rigor. La cultura no es un trastero.

  La cultura es algo muy importante que exige todos los medios a su disposición. Y no estoy refiriéndome a instituciones sino a la sociedad riocuartense. Me parece que la cultura no tiene un trato riguroso. No se puede tratar del mismo modo a un escolar que a un poeta que ha demostrado que es poeta.

  Otro problema que veo es que muchos tienen  un gran talento para proyectarse pero tienen un techo: el techo de Río Cuarto, y empiezan luego a mirarse el ombligo. Como si el miedo a trascender más allá de las fronteras de la ciudad los hiciera volverse sobre sí mismos. Al estar constreñido a un pequeño círculo siempre se encontrará con la alabanza y la contralabanza, pero no con el espíritu crítico propio y de los demás. Ese es el gran peligro que existe en Río Cuarto, todavía. Grandes personalidades que se han quedado por temor a la trascendencia, como personas y dentro de su trabajo.

  - ¿Qué les dirías a los talentos jóvenes y a los no tan jóvenes, de Río Cuarto?

    - Yo no soy nadie para aconsejar. Pero lo importante es que no pierdan de vista quiénes son ellos mismos. Si se han asumido como artistas, o trabajadores de la cultura. Si han tratado de aprender y de superarse constantemente, sin prejuicios políticos ni culturales. Es importante eso. Aprender siempre, sin suponer que se lo sabe todo. Es fundamental no creerse el hito a partir del cual la cultura vive. Es importante estar atento a todo lo que está pasando, estar lúcido. Es lo único que puedo decir.

 

* Al final del reportaje se incluye el cuento "El desertor en pena"