El fin de una pesadilla

Nelson Marra

El País, 9 de abril de 1987


De cómo llegó la nieve

Antonio Tello

Tusquets Editores. Barcelona, 1987. 256 páginas.

 

En la colección La Flauta Mágica, de Tusquets Editores, acaba de aparecer la primera novela de un autor argentino nacido hacia la mitad de la década de los cuarenta y con un pasado literario poco conocido en España.

Antonio Tello parece ser, ante todo, un hombre vinculado al teatro, al periodismo y a la poesía, tres vertientes que se traducen en su primer extenso texto narrativo, donde confluyen con naturalidad y legitimidad esos géneros que el escritor maneja hábilmente.

De todas maneras, tanto esa confluencia como el resultado novelesco que la misma genera pueden considerarse, de entrada, como mucho más que válido y promisorio.

Por otra parte, una honesta vocación experimentalista en la forma, en el lenguaje y en las deliberadas trampas del contenido proporciona a el texto De cómo llegó la nieve un valor que trasciende lo estrictamente testimonial, si tenemos en cuenta la historia desarrollada en el mismo.

Una historia que puede entenderse como bastante común, como bastante afín, a la que han novelizado otros escritores -argentinos, chilenos, uruguayos- pertenecientes a su misma generación.

 

Década de horrores

Se trata, como es de suponer, de la historia de aquellas dictaduras militares, de una década de horrores, del exilio y, ahora, de un retorno que no hace más que certificar una identidad de extranjería perpetua en algunos de los artistas que -directa o indirectamente- padecieron aquella propuesta genocida.

Antonio Tello no escapa ni a esos cánones temáticos ni a esa sensación de vacío o desencanto que determina el fin de una pesadilla que ha tenido como resultado más visible o inmediato desacomodar abruptamente la realidad de quien la vivió.

Lo que es indudable, metafóricamente hablando, es que esta nieve a que alude el título de la novela les ha llegado a todos cuantos intervienen en ella. Víctimas y victimarios quedarán desde ahora, desde este arbitrario punto final, enmarcados en un escenario desolado, distinto, íntimamente ajeno.

La originalidad del escritor argentino radica en gran medida en la abstracción, perfectamente concebida, que hace acerca de una realidad argentina que no se refleja en sus datos más reconocibles, previsibles o puntuales. Con lo cual se crea un universo narrativo carente de tópicos tanto en lo episódico como en los sentimientos que esos mismos episodios pueden determinar.

Queda, en definitiva, lo esencialmente dramático, la angustia en estado puro, la incomunicación visceral del exilio, la perplejidad ante el absurdo de la muerte, el íntimo descubrimiento de un sentimiento distorsionado.

Debido a ese sesgo casi insólito en la nueva narrativa del Cono Sur latinoamericano, el resultado es el de una novela que le debe mucho más a Camus que a Cortázar.

 

Documento y poesía

Una novela que elude, con talento y sin violentar una línea argumental desmañada, lo contingente y lo inmediato. Un texto narrativo que se apoya en el lenguaje y en la necesidad de contar de un modo elíptico, abrupto, inconexo, una pesadilla política, social y existencial.

Para lograr ese propósito, todo recurso estilístico se vuelve válido en la literatura de Antonio Tello: desde el documento hasta la poesía, desde el fragmento teatral hasta el anacronismo. Recursos que giran en torno a un protagonista individual que es a un tiempo el protagonista colectivo. A quien le ha quedado una única y exclusiva posesión: la dolida memoria capaz de reconstruir y recomponer sin concesiones una pesadilla. Respetando las atroces leyes de la misma.