El 19 de Marzo y el 2 de mayo, de Benito Pérez Galdós

1. Benito Pérez Galdós y su tiempo

Por Teresa Martín Taffarel


1.1. Biografía del autor

Benito Pérez Galdós nace en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843. Es el menor de los diez hijos que tuvieron don Sebastián Pérez Macías y doña María de los Dolores Galdós y Medina. Su padre fue militar y luchó contra los franceses en la Guerra de la Independencia. De regreso a Las Palmas, le fueron concedidos unos terrenos donde construyó la casa familiar y se dedicó a cultivar viñas.

Desde muy joven, Benito escribe y publica en periódicos escolares y locales y acompaña sus escritos con dibujos satíricos en los que se manifiesta ya su espíritu crítico y observador.

Acabado el bachillerato en el Colegio de San Agustín, en septiembre de 1862 se embarca en El Almogávar rumbo a la Península y se instala en Madrid.

Se matricula en Derecho pero muy pronto abandona los estudios y se dedica a pasear por las calles de Madrid «gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital». Frecuenta el teatro y el Ateneo, asiste a tertulias de café y escribe dramas y comedias.

Colabora con sus artículos en periódicos y revistas y en 1867 escribe su primera novela histórica y costumbrista, La Fontana de Oro, influida por el estilo periodístico.

En 1868 viaja a París. Su cultura se acrecienta con nuevas lecturas, con las visitas a museos y monumentos, con el contacto humano y la observación de costumbres. El espectáculo de la vida se le revela literariamente en La Comedia Humana de Balzac.

De regreso a España, hallándose en Barcelona, estalla la Revolución que destituye a Isabel II. En un principio, el joven Galdós acoge con entusiasmo este movimiento, pero más adelante le decepciona.

Instalado en Madrid, en el barrio de Salamanca, proyecta hacia 1870 su plan novelesco, mientras continúa sus colaboraciones periodísticas.

Por aquellos años inicia su amistad con reconocidos escritores, como Pereda y Clarín, a los que andando el tiempo se unirían la Pardo Bazán y Mesonero Romanos entre otros. Con Pereda mantendrá una intensa polémica epistolar, motivada por la publicación de Gloria en 1876. Más adelante, en 1883, se celebrará un gran banquete literario organizado por Clarín en honor a Galdós con motivo de la publicación de La desheredada.

En 1873 comienza la publicación de sus Episodios Nacionales, con Trafalgar, que seguirán hasta 1912, cuando aparece el último, Cánovas. En 1876, escribe la primera de sus «novelas contemporáneas», Doña Perfecta, y en 1892 inaugura su etapa de escritor teatral con Realidad.

Continúa escribiendo y publicando infatigablemente y en 1883 viaja a Inglaterra con Alcalá Galiano, con quien emprenderá más tarde otros itinerarios por distintos paises europeos.

En 1892, después de veranear en Santander durante más de veinte años, edifica la quinta de San Quintín donde pasará largas temporadas. Allí están firmadas casi todas las obras que publica a partir de ese año.

Galdós había tenido que afrontar un largo litigio por la propiedad de sus obras, lo que le trajo como consecuencia graves problemas económicos. En 1897 se dicta un laudo a su favor y puede recuperar la propiedad íntegra de sus obras. Después de este pleito, Galdós debe trabajar el doble para pagar las deudas contraídas, y así lo expresa en una carta a Maura: «Quizá no calculé bien la extensión de las obligaciones que pesaban sobre mí; pero ya no hay duda de que serán dominadas en breve, gracias al trabajo mío, literario, y al administrativo y comercial de mi sobrino, que lleva los negocios a pedir de boca».

Después de haber sido rechazada su candidatura unos años antes, Galdós ingresa en la Real Academia Española ese mismo año de 1897.

Los acontecimientos del 98 avivan los sentimientos de Galdós hacia España y se opone al desánimo general con su palabra encendida que defiende la fe nacional como «única salvación posible para las naciones».

Galdós, totalmente desencantado de la Restauración y de sus consecuencias, se proclama republicano pero se mantiene independiente hasta 1906 en que ingresa en el partido de esta tendencia política. Entra activamente en la política al formarse la Unión Republicano-Socialista. En una carta dirigida a Alfredo Vicenti dice: «He pasado del recogimiento del taller al libre ambiente de la plaza pública, no por gusto de la ociosidad, sino por todo lo contrario. Abandono los caminos llanos y me lanzo a la cuesta penosa, movido de un sentimiento que en nuestra edad (.*.) es considerado como ridícula antigualla, el patriotismo».

En 1910, Galdós es elegido diputado a Cortes por la Conjunción Republicano-Socialista.

A partir de ese mismo año, debido a sus problemas de vista, se ve obligado a dictar sus obras. Galdós disimula ante su familia y sus amigos la ceguera progresiva que padece, y es el doctor Marañón quien descubre la gravedad de esta afección. En 1911 es sometido a una operación pero en 1912 queda totalmente ciego.

Ese mismo año se presenta su candidatura para el premio Nobel, que apoyan los agustinos y el obispo de Jaca, don Antolín López. En 1916 se organiza una colecta nacional para ayudarle y aliviar sus problemas económicos. En 1919 se inaugura en el Retiro un monumento en su honor y pide que se le lleve para estar presente en el acto.

Benito Pérez Galdós muere en Madrid, el 4 de enero de 1920. El doctor Marañón, que era su médico de cabecera, define a Galdós como un hombre atormentado y tímido, apasionado y sereno, disciplinado en sus pasiones. No era sencillo sino complicado y de una gran vida interior.

1.2. Galdós y su concepción de la novela histórica

La obra de Galdós está signada por un propósito muy claro y definido: descubrir la realidad española contemporánea, interpretarla y explicarla. Pero para comprender el presente es necesario conocer el pasado, en el que se va gestando ese presente.

Su mirada se vuelve, no hacia un pasado remoto, donde sitúan sus historias los novelistas románticos, sino a los comienzos del siglo xix, donde están las raíces más próximas de su propia época. Sin embargo, la interpretación de los hechos históricos no se cierra en el desciframiento del presente. El autor concibe una obra literaria que sea espejo de la realidad y que abarque el sentido humano como un movimiento histórico proyectado hacia el futuro, cuya construcción se asienta en el trabajo, el progreso, la conciliación y la tolerancia.

En 1870, Galdós se plantea el problema de la novela española en un ensayo titulado «Observaciones sobre la novela conemporánea en España», que publica en la Revista de España. Considera que «la principal virtud para la creación de la novela moderna» es la observación. Afirma que los españoles son poco observadores y que, por tanto, no se ha llegado a escribir aún «la novela de verdad y de caracteres, espejo fiel de la sociedad en que vivimos». A partir de esta carencia, concibe su plan novelístico, tomando como gran modelo a la clase media:

«La novela moderna de costumbres ha de ser la expresión de cuanto bueno y malo existe en el fondo de esa clase, de la ince    sante agitación que la elabora, de ese empeño que manifiesta por encontrar cienos ideales y resolver ciertos problemas que preocupan a todos, y conocer el origen y el remedio de ciertos males que turban las familias. La grande aspiración del arte literario en nuestro tiempo es dar forma a todo esto».

Este proyecto se va realizando como un gran cuadro histórico de la sociedad española, en que cada una de sus novelas es parte integrante de un vasto mosaico donde el destino personal no puede sustraerse del devenir histórico.

En un sentido amplio, toda novela es histórica, ya que siempre en alguna medida capta el ambiente social de los personajes en un momento concreto, y suelen aparecer, como trasfondo o interviniendo en el argumento, hechos determinados de la historia.

Sin embargo, en un sentido más restringido, la novela histórica es un género que se define con caracteres propios dentro de la novelística general.

El mundo imaginario de la novela histórica se sitúa en una época anterior a la del autor y aparece conectado con algún acontecimiento histórico significativo. Los materiales históricos podrán alterarse o mostrarse tal como ocurrieron, pero en todos los casos, en la construcción novelesca cumplen una función estética. El hecho histórico se transforma en objeto artístico.

La concepción del novelista historiador tiene que ver tanto con una estética determinada como con una idea de la historia y una comprensión de los acontecimientos humanos.

Coincidiendo con la evolución de la historiografía, Galdós considera que no sólo pertenecen a la historia los grandes acontecimientos y las figuras destacadas, sino también la vida privada de seres anónimos, que apenas han dejado huellas «en el campo de la historia anónima, es decir de aquella historia que podría y debería escribirse sin personajes, sin figuras célebres, con los solos elementos del protagonista elemental, que es el macizo y santo pueblo, la raza, el Fulano colectivo». (Mendizábal)

El novelista historiador que dirige su mirada al pasado ve el devenir como un conjunto de acontecimientos. Pero lo que verdaderamente le interesa es cómo reconstruir el medio donde transcurrieron esos acontecimientos con todos los detalles de un tiempo recuperado, para poder recrear las vivencias de sus personajes, sus sentimientos, costumbres, pasiones, y las pequeñas cosas de la vida cotidiana, vestimentas, lecturas. Galdós nos dice de qué manera aplica su método de observador cuando la percepción de la realidad pertenece al pasado:

«Lo que comúnmente se llama Historia, es decir, los abultados libros en que sólo se trata de casamientos de Reyes y Príncipes, de tratados y alianzas, de las campañas de mar y tierra, dejando en olvido todo lo demás que constituye la existencia de los pueblos, no bastaba para fundamento de estas relaciones, que o son nada, o son el vivir, el sentir y basta el respirar de la gente. Era forzoso pedir datos a los olvidados anales de las costumbres y aun de los trajes, a todo eso que la tradición no sabe defender de las revoluciones de la moda, y que se pierde en la marejada del tiempo, dejando rastro muy débil en los archivos del estado. Era indispensable pedir también auxilio a la literatura anecdótica y personal, como Memorias y colecciones epistolares... «.

Esta documentación de testimonios no se encuentra en las bibliotecas y hay que acudir a los anuncios del Diario de avisos, que contienen indicios de aquella realidad que la imaginación del novelista deberá recrear Por tanto, el lenguaje de la novela no es instrumental como el discurso del historiador sino autorreflexivo y poético, ya que el signo adquiere su plenitud significativa en una escritura destinada a la emoción estética.

El lenguaje, por tanto, es la realidad esencial de la novela, puesto que los acontecimientos del pasado, los personajes evocados, la invención de un mundo imaginario que se asienta en un tiempo histórico, son una construcción lingúística. En la escritura literaria, el lenguaje comunicativo rompe el orden de significados habituales y acrecienta sus valores connotativos.

La estructura de la novela se establece como un sistema de relaciones integrador de historia y discurso. El narrador, figura principal del acto de narrar, crea en el interior del discurso un orden nuevo y presenta su visión de la historia con los símbolos del lenguaje. La imaginación creadora metaforiza la realidad y el arte transforma la vida en ficción.

La novela de Galdós se erige como una lección de lenguaje narrativo restaurando los registros del habla viva. Historia y novela dan unidad estética a «las profundísimas emociones que agitan el alma social» a través del lenguaje como hecho histórico comunicativo. La capacidad de observador del autor elabora el material acumulado en el archivo de su memoria auditiva y reproduce diálogos, alocuciones, monólogos, relatos, en un estilo conversacional, narrativo o lírico siempre vivo y actual. Y también en este sentido se siente y se vive la historia que configura toda su obra novelística.

La producción de Galdós, que se clasifica en episodios históricos, novelas contemporáneas y teatro, además de relatos codos y artículos, muestra una intensa unidad dada por su concepción de la escritura literaria como una imagen de la realidad y una recreación de la historia. Si bien los Episodios Nacionales constituyen un ciclo completo en sí mismo de una etapa de la historia de España, desde la invasión napoleónica hasta el fin de las guerras carlistas, las Ramadas «novelas contemporáneas» forman parte de ese retablo en que los acontecimientos históricos enmarcan la vida de los personajes de ficción y éstos a su vez intervienen en la vida pública.

Cronológicamente, después de sus primeras novelas, como La Fontana de Oro (1867) o El Audaz (1871) Galdós comienza a trabajar en los Episodios Nacionales, cuya publicación se inicia en 1873 con Trafalgar Son cuarenta y seis novelas, distribuidas en cinco series.

La primera serie es una larga narración en primera persona. Gabriel Araceli, nacido en la Caleta de Cádiz, ya viejo, escribe sus memorias. La perspectiva temporal del narrador es contemporánea del autor en el momento de la escritura y de la publicación de los episodios (1873 -1874).

La estructura narrativa de la segunda serie (1875 -1879) es distinta: hay una alternancia entre la narración en primera y tercera persona, lo que le permite reflejar la complejidad del enfrcntamiento entre la España tradicional y la España progresista: «Como (en estas novelas) la acción pasa de los campos de batalla y de las plazas sitiadas a los palenques políticos y al gran teatro de la vida común, resulta más movimiento, más novela, y, por tanto, un interés mayor. La novela histórica viene así con la de costumbres».

En la tercera serie (1898 -1900) incorpora nuevas técnicas narrativas, empleando recursos que provienen del folletín, la novela por entregas y el relato de aventuras. Lo más novedoso será el uso del monólogo, por el que accede a la intimidad de los personajes, y el género epistolar, que le permite una visión múltiple y fragmentada de la realidad.

La cuarta serie (1902-1907) ofrece la historia grisácea y monótona de la vida cotidiana, como una antítesis de las acciones heroicas. Esa «trama vulgar y descolorida», que a veces no deja de tener ciertos matices placenteros en el cómodo inmovilismo de la existencia.

La quinta y última serie (1908 -1912) está formada por seis novelas, a diferencia de las cuatro anteriores que constan de diez volúmenes cada una. En citas novelas culmina la trayectoria del autor por la historia del siglo Xix, que se cierra con Cánovas. Desde sus primeras novelas ha ido cambiando el concepto de la historia y su preocupación se dirige a una España intemporal y eterna. Introduce el mito y la alegoría con un propósito regeneracionista, incorporando la pedagogía del trabajo, el amor y la educación.

Al mismo tiempo que van apareciendo sus Episodios, Galdós escribe sus novelas que, junto con aquéllos, completan el vasto panorama histórico-novelesco del autor, como realización de aquel proyecto vislumbrado en 1870. El «ha de ser» de entonces se convierte en «ya es». «No ha aparecido aún en España la gran novela de costumbres, la obra vasta y compleja que ha de venir necesariamente como expresión artística de aquella vida», decía Galdós en 1870. En 1901 escribe un prólogo para la revista Electra, en el que vemos al escritor en plena madurez, transmitiendo sus experiencias a las jóvenes generaciones:

«No me tengo por maestro de nadie, sino más bien por discípulo, poco aventajado ciertamente, de la realidad y de los hechos humanos. No me pidan sistemas ni en el orden sociológico ni tampoco en el artístico... Venga el pan nuevo de donde viniere, por mi parte declaro que lo único que sé es recogerlo, así en la calle como en el hogar, ya en el disertar de los sabios, ya en el charloteo de los indoctos.

Si alguna cualidad posee el que esto escribe, digna de la estimación de sus amigos, es la de vivir con el oído atento al murmullo social, distrayéndose poco de este trabajo de vigía o de escucha: trabajo que subyuga el espíritu, se convierte en pasión y acaba por ser oficio».

La obra de Galdós se ha ido cumpliendo con «paciencia y voluntad», orientada por una visión que le da al conjunto el sentido de una obra abierta y total.

 

1.3. Su obra

La producción de Galdós abarca los Episodios Nacionales, novelas, relatos cortos, ensayos y una enorme cantidad de artículos periodísticos.

I Episodios Nacionales

Primera serie:

Trafalgar

La corte de Carlos IV

El l9 de marzo y el 2 de mayo

Bailén

Estos cuatro títulos fueron publicados en 1873.

Napoleón en Chamartín

Zaragoza

Gerona

Cádiz

Juan Martín el Empecinado

La batalla de los Arapiles

Estos seis títulos fueron publicados en 1874.

Segunda serie:

El equipaje del Rey José

Memorias de un cortesano

Publicados en 1875.

La segunda casaca

El Grande Oriente

El 7dejulio

Publicados en 1876.

Los cien mil hijos de San Luis

El terror de 1824

Publicados en 1877.

Un voluntario realista, 1878.

Los Apostólicos

Un faccioso más y algunos frailes menos

Publicados en 1879.

Tercera serie:

Zumalacárregui

Mendizábal

De Oñate a La Granja

Publicados en 1898.

Luchana

La campaña del Maestrazgo

La estafeta romántica

Vergara

Publicados en 1899.

Montes de Oca

Los Ayacuchos

Bodas reales

Publicados en 1900.

Cuarta serie:

Las tormentas del 48

Narváez

Publicados en 1902.

Los duendes de la Camarilla

La revolución de Julio

Publicados en 1903.

O'Donnell, 1904.

Aita Tettauen

Carlos VI en La Rápita

Publicados en 1905.

La vuelta al mundo en la «Numancia»

Prim

Publicados en 1906.

La de los Tristes Destinos, 1907.

Quinta serie:

España sin Rey, 1908.

España trágica, 1909.

Amadeo 1, 1910.

La Primera República

De Cartago a Sagunto

Publicados en 1911.

Cánovas, 1912.

II. Novelas

La Fontana de Oro, 1867.

La sombra, 1870.

El Audaz, 1871.

Doña Perfecta, 1876.

Gloria, 1876-1877.

Marianela; La familia de León Roch, 1878.

La desheredada, 1881.

El amigo Manso, 1882.

El doctor Centeno, 1883.

Tormento; La de Bringas, 1884.

Lo prohibido, 1884-1885.

Fortunata y Jacinta, 1877.

Miau, 1888.

La incógnita; Torquemada en la hoguera; Realidad, 1889.

Ángel Guerra, 1890.

Tristana; La loca de la casa, 1892.

Torquemada en la Cruz, 1893.

Torquemada en el Purgatorio, 1894.

Torquemada y San Pedro; Nazarín; Halma, 1895.

Misericordia, 1897.

El abuelo, 1898.

Casandra; El caballero encantado; La razón de la sinrazón, 1905.

 

III. Teatro

La expulsión de los moriscos, 1867.

Realidad, 1892.

La loca de la casa; Gerona, 1893.

La de San Quintín; Los condenados, 1894.

Voluntad, 1895.

Doña Perfecta; La fiera, 1896.

Electra, 1901.

Alma y vida, 1902.

Mariucha, 1903.

El abuelo, 1904.

Bárbara; Amor y ciencia, 1905.

Pedro Minio, 1908.

Casandra, 1910.

Celia en los Infiernos, 1913.

Alceste, 1914.

Sor Simona, 1915.

El tacaño Salomón, 1916.

Santa Juana de Castilla, 1918.

Antón Caballero; Un joven de provecho, 1921.

 

IV. Ensayos y otros escritos

«Observaciones sobre la novela contemporánea en España», 1870.

«Un tribunal literario», 1872.

«Epílogo» a la edición ilustrada de los Episodios Nacionales, 1885.

«Crónicas de Portugal»; «Prefacio» a Misericordia, 1890.

«De vuelta de italia», 1890.

«La sociedad presente como materia novelable», 1897.

«José María de Pereda, escritor», 1897

Existen diversas recopilaciones de obras inéditas y artículos diversos publicados póstumamente.

 

V. Obra periodística

Los artículos periodísticos de Galdós fueron publicados en distintos diarios y revistas: El Día; Alma Española, España Nueva, La Esfera, La Diana, Electra, Ideas y Figuras, La Guirnalda, El Imparcial, El Motín, La Nación, El País, La República de las Letras, Revista de España, El Sol, La Tertulia (Santander), El Tribuno (Las Palmas), La Prensa (Buenos Aires).