El encuentro
Teresa Martín Taffarel
Caminabas perdido por las calles de una ciudad desconocida. Al llegar a una esquina te acercaste para preguntarme cómo llegar a... y yo te reconocí. Sabía que algún día nos encontraríamos. Yo sigo siendo la misma. Creo en las cosas imposibles. Vos estabas allí, viniendo, buscándome. Yo te esperaba. Pero todos estábamos confundidos. (Los almendros habían florecido en Navidad. Las heladas de febrero acabarían con todo.) Poco teníamos que decirnos. El encuentro repetía otros encuentros y es seguro que aún volveremos a encontrarnos. Los dibujos quedaron grabados en el patio del fondo. Y en algún otro lugar, que será el mismo, jugaremos a llegar al cielo marcado con un tejo que arrojaremos desde la tierra. Volver a equivocarse es decrecer y desvivir. Es encontrarse con un puñado de tierra entre las manos y no saber cómo continuar el juego.
Ahora te vas. Te veo a través de los cristales de mi ventana. Quiero gritar y grito. Quiero llorar y lloro. Te has ido. Pero en un lugar del mundo, donde estés, siempre podrás caminar hasta una esquina y preguntarme cómo tengo que hacer para llegar a...