La rosa - I


 

La rosa desdeñaba su cultura reciente

en el frágil poema de cadencia inocente.

 

Ya sabía que era simbólica y perfecta

y que no moriría su figura provecta.

 

Estaba en el poema, fecunda y fugitiva,

de la mano de Venus, en sensual comitiva.

 

Y creyó que era ella la flor de primavera,

envanecida rosa, sintiéndose primera.

 

El verano mimaba su plena lozanía

y la flor, embriagada, pasiones encendía.

 

Pero vino el otoño, pasajero inclemente,

y llenó de hojas secas el canto decadente.

 

La tradición pesaba en el invierno helado,

y la literatura miraba hacia otro lado.

 

Tempestades, abismos, amores imposibles,

ahogaban a la rosa en cantos invisibles.

 

Pero los ideales, en mítica estructura,

estaban en el fondo de toda la cultura.

 

Y el insomne poeta con mirada moderna

recuperó el espacio para la rosa eterna.

 

No hay remedio. Perdura, en poesía o en prosa,

el ideal, el nombre, la imagen de la rosa.

 

Teresa Martín Taffarel. Poemas.