Sobre el cuento argentino
Teresa Martín Taffarel
El cuento es uno de los géneros más cultivados por los escritores argentinos y mejor valorados por los lectores de habla hispánica.
"Semilla que contiene en árbol en estado latente", dice Cortázar, refiriéndose al aspecto significativo del cuento y a su capacidad de apertura que trasciende la anécdota. "Sonrisas sin gato", llama Anderson Imbert a sus cuentos, apuntando a la intuición que los genera y que , como la sonrisa del gato de Cheshire, permanece una vez borrada la materia. El cuento no admite fórmulas pero es reconocible por la intensidad de su núcleo narrativo y por el perfecto ajuste entre sus elementos temáticos, formales y expresivos.
Los escritores argentinos han encontrado en el cuento una excelente caja de resonancia de las indagaciones y hallazgos a que los conduce su vocación narrativa.
Siempre que, intencionalmente buscado o por azar, leemos algún cuento, ya sea de un autor de renombre como de otro menos conocido, nos sorprende la aparente sencillez de su estructura y la precisión de su técnica. Sin embargo, la originalidad y perfección que alcanza un gran número de cuentos argentinos no llega a explicar la seducción que ejercen en lectores de un medio diferente. Es más, mucho más lo que transmite una historia bien contada: es la intuición de un mundo conocido o vislumbrado, son las formas del lenguaje que rescata ritmos y cadencias de un decir propio, es la manera de contar profundizando la realidad y moldeando el material en un proceso de ficcionalización que abarca todos los niveles del discurso.
Estas lecturas se enriquecen cuando las realizamos no sólo por gusto personal sino para compartirlas con lectores ávidos de conocer a autores hispanoamericanos en general y argentinos en particular. Los escritores argentinos calan de una manera muy directa en la sensibilidad de lectores pertenecientes a otro contexto.
Con expresiones que, desde la perspectiva del encanto, sugieren sin explicar, estos lectores dejan traslucir esa atracción por un espacio textual que van descubriendo y, con una especie de crítica impresionista valoran temas y formas que los argentinos queremos no sólo porque son nuestros sino porque son buenos.
La obra de los narradores argentinos se inscribe en una tendencia que se aparta del realismo acentuando la visión personal, la imaginación creadora y los juegos poéticos. Se sitúan frente a la realidad para cuestionaría con esa otra realidad que es el universo de ficción. Concientes de que la obra no es "un espejo del mundo, sino una cosa más agragada al mundo" (Borges), proceden libremente, entendiendo su quehacer como un trabajo del lenguaje. El resultado es una producción rica y variada que va desde la noción tradicional del efecto único hasta los desafíos al argumento como principio de unidad en que la magia del cuento consiste precisamente en la falta de aventura.
Sin embargo, es difícil generalizar y, más aún, enumerar y clasificar a todos los escritores de cuentos que publican en la Argentina. No sólo nos falta la perspectiva del tiempo sino los medios para conocer la producción en su totalidad. Algunos autores aparecen publicados en España, en antologías colectivas o en obras unitarias, y, a veces, en periódicos y revistas; pero muchos de los más recientes, o no tanto, no llegan a conocerse ni a difundirse, entre otras cosas por problemas del mercado editorial.
A los grandes autores como Borges, Cortázar, Bioy Casares o Mujica Láinez, que se han convertido en clásicos para los lectores hispánicos, habría que agregar otros, conocidos en círculos más restringidos, como Silvina Ocampo, Enrique Anderson Imbert, Marco Denevi, Abelardo Castillo, Isidoro Blaisten, entre otros. En 1992, apareció "Buenos Aires" (Anagrama), una antología de cuentos argentinos seleccionados por Juan Forn, quien en el prólogo presenta a autores casi desconocidos en España, afirmando "que se instalan con absoluta naturalidad en algo que ya es una verdadera tradición literaria argentina: el cuento corto, la condensación de una historia en una estructura de engañosa simpleza y mecanismo de compleja relojería". El cuento argentino, que en toda su andadura ha revelado la maestría y talento de sus cultivadores, continúa siendo un género de notoria calidad y no cesa de producir excelentes frutos. Sea esta una invitación a leer y disfrutar la obra de nuestros escritores.