Talleres de creación literaria

Teresa Martín Taffarel


1.- La creación literaria

Recuerdo una remota mañana de mi infancia en que hice una cometa. Ese día no había clases y el viento barría las nubes dejando en el cielo limpio un espléndido sol invernal. Las niñas y los niños del grupo de juegos nos reunimos en la galería de mi casa y con papeles amarillos y azules, unos trozos de cañas y unas tiras de trapos viejos, hicimos la cometa. Después de comer iríamos a remontarla en el parque al lado del río. El viento no dejaba de soplar y nuestra cometa se elevaría muy alto. Así fue: la cometa subía y subía impulsada por breves tirones que dábamos en el hilo: el viento la iba alejando y la alegre trenza serpenteaba en el aire equilibrando su peso. Cuando llegó al punto más alto, desde donde nos enviaba mensajes por la tensa corriente del hilo, alguien lo soltó y nuestra cometa se fue volando libre hasta que , después de trazar una enorme curva, la vimos caer como un vilano tras los árboles de la otra orilla. No pudimos recuperarla y, tal vez, lloramos por el sueño perdido.

La sensación de libertad en el viento y en el vuelo de la cometa, ese sentimiento de pena por algo que se nos arrebataba y, de inmediato, la alegría renovada en la invención de otros juegos al lado del río lleno de movimientos y de reflejos, fue una visión inexpresable... En aquel tiempo sólo pudo manifestarse mediante una simple frase enunciativa incapaz de contener la totalidad de la experiencia: "La cometa que hicimos subió muy alto y al soltar el hilo se cayó".

Si entonces me hubiera sido posible revivir en palabras lo vivido habría logrado tal vez un texto poético. La intuición transformada poéticamente se habría revelado en signos lingüísticos, ritmos, imágenes, creando de esta manera un objeto verbal válido en sí mismo.

La imaginación nos acerca a la realidad y al mismo tiempo nos separa de ella estableciendo una relación más profunda al interiorizarla. Y este mundo entrañado es el que se transmuta en el texto.

Producir un texto no es reproducir la realidad sino crear con el lenguaje una ilusión de realidad que no se agota en los límites de su propio espacio sino que emite otras significaciones. De ahí que en cada texto creado, único e insustituible, la palabra se manifiesta más allá de sus cauces normales en una pluralidad de significados.

El habla, como acto de comunicación personal, tiene una finalidad referencial práctica (saludar, informar, pedir) o lógica (conceptualizar, ordenar, explicar la realidad). En cambio, en un proceso creativo, el lenguaje deja de ser instrumento para nombrar la realidad y se vuelve realidad en sí mismo. El lenguaje creador tiene como punto de partida motivaciones generadas desde el lenguaje mismo, desencadenantes de un tejido de palabras que se cruzan y se entrecruzan, van y vienen, cuerpo sonoro y rítmico, polisemia, letras, puntos y comas, frases, espacios en blanco, silencios, sistemas de hilos que por más que se anuden siempre vuelven a desatarse para desplegar de nuevo su potencial significativo.

Alejandra Pizarnik afirma que el texto es un espacio "donde todo sucede", es una espera perpetua de "tierra prometida".

"Cada día son más breves mis poemas... Dentro de unos pocos versos suelen esperarme los ojos de quien yo sé; las cosas reconciliadas, las hostiles, las que no cesan de aportar lo desconocido... Desde allí la invocación, la evocación, el horror... Adhiero la hoja de papel a un muro y la contemplo, cambio palabras, suprimo versos. A veces, al suprimir una palabra, imagino otra en su lugar, pero sin saber aún su nombre. Entonces, a la espera de la deseada, hago en su vacío un dibujo que la alude. Y este dibujo es como un llamado ritual."

El lenguaje poético es siempre un hallazgo a través del cual se van revelando caminos interiores y cauces verbales. En el encuentro íntimo del yo con la palabra se unen la resistencia a una entrega mutua y la fascinación que ejercen esos signos mínimos capaces de crear mundos.  Y así, al empezar a escribir, se siente una emoción inicial ante las infinitas promesas de deleite en la expresión de textos "por venir". Se vislumbra todo lo que parece posible y se genera esa energía interior que impulsa al escritor y a la escritora en ciernes a la aventura de lo inexplorado con la expectativa del descubrimiento. Y es entonces cuando comienza el verdadero aprendizaje.

"De momento decidió respirar profundamente. Cerró los ojos como desapareciendo de la escena y, cuando los volvió a abrir, se encontraba frente a una hoja de papel en blanco. Sus manos se disponían a escuchar las órdenes de su corazón. Ahora, era necesario expresar de manera espontánea los sentimientos más íntimos... Dejó que se deslizara la punta de su bolígrafo, conectado a su sentir y a su sentir sin saber que siento, a su saber sin saber que sé, y a su recuerdo, más allá del recuerdo, más allá del tiempo, más allá del universo." (Carmen Martín Gómez, Talleres de Pròleg).

 

2.- Los espacios de la escritura

No podemos pensar en la tarea de escribir sin imaginar los espacios de la escritura, contenidos unos dentro de otros, actuando entre sí, proyectando connotaciones en los signos del texto. Primero aparece un espacio iluminado en el cual se instala el escritor o la escritora ante el otro espacio de la página en blanco, en el cual se irá plasmando el último y necesario espacio creado por la imaginación, donde se moverá el yo textual:

"Lugares en los que se ha ele gido vivir, residencias invisibles que uno se construye al margen del tiempo." (M.Yourcenar)

Es necesario, aunque no siempre posible, tener "una habitación propia" donde se constituya el taller para la tarea de escribir. En diversas ocasiones encontramos testimonios de este privilegio:

"...era un gusto subir hasta el último piso del hotel donde me en cerraba a trabajan en un cuarto con vista a todos los tejados y chimeneas de aquel barrio en pendiente." nos dice E. Heminghway en PARIS ERA UNA FIESTA; A.Huxley recuerda a otros autores en su espacio:

"Vea usted a Balzac, encerrado en una habitación secreta en París, ocultándose de sus acreedores y produciendo la COMEDIE HUMAINE. O piense en Proust en su habitación revestida de corcho..."

En el caso de las escritoras, también se encuentran referencias que atestiguan la búsqueda de ese espacio propio, a veces con muchas dificultades. Virginia Woolf trata este tema en su libro UNA HABITACIÓN PROPIA y describe la situación de mujeres que, para realizar su obra, debieron compartir habitaciones de la casa dedicadas a actividades domésticas o a reuniones familiares. Haciendo un paréntesis en sus tareas cotidianas crearon pequeñas islas imaginarias en la cocina, en la sala de estar, en la sos, en una buhardilla, lugares donde era necesario un gran esfuerzo para anudarse a la escritura o reanudarse en ella. La conciencia del ambiente donde se escribe, que se intertextualiza en la escritura, aparece como punto de partida en diversos textos de Virginia Woolf:

"Imaginaos, os ruego, una habitación como cualquier otra que daba, por encima de los sombreros de la gente y de los coches, a otras ventanas, y con una mesa donde había una hoja de papel en blanco, en la que yo había escrito, con letras mayúsculas, las palabras LAS MUJERES Y LA NOVELA, y nada más."

En la obra de otra escritora, Carmen Martín Gaite, la experiencia del espacio personal es una constante que funciona en el texto con "poder de convocatoria" y que puede llegar a "marcarlo" con penumbras, ruidos, olores, imágenes creadoras de sensaciones de intimidad, opresión o libertad. La experiencia de poseer un espacio sólo para ella se le revela en la soledad de una habitación de hotel en Nueva York, tras haber leído UNA HABITACIÓN PROPIA de Virginia Woolf:

"Las cuatro paredes de mi refugio provisional no sólo no se me caían encima sino que me arropaban maternalmente. Nunca como aquella tarde me dado cuenta del privilegio que supone para una mujer tener un cuarto sólo suyo y habitarlo como liberación, no como encierro"

En estos escenarios donde crece y madura la actividad de escritoras y escritores, buscan su sitio entre los objetos habituales todos aquellos instrumentos necesarios para escribir y que tendrán en el texto un valor significativo: papeles, libretas, plumas, bolígrafos, máquinas, ordenadores. Leonard Woolf se refiere con detenimiento al aspecto físico de los diarios de Virginia y detalla circunstancias externas que acuden a la creación de su obra:

"Solíamos comprar las hojas de papel en que escribir, y las hacíamos encuadernar para que formaran los volúmenes en blanco en que Virginia Woolf escribía. En esta especie de volúmenes en blanco escribió sus novelas así como su diario."

Hemos partido de estas consideraciones pretextuales, en una especie de diálogo con la escritura consagrada, para destacar la importancia de todos los medios que actúan en el momento de escribir y que tendremos en cuenta al referimos al espacio de los talleres de creación literaria. Es necesario tomar conciencia de la atmósfera concreta y de la constelación de elementos que, unidos a las motivaciones creadoras, adquieren una nueva dimensión en el instante de la escritura. Lenta y frágil o brillante y sólida, la palabra irá dibujando en el espejo del texto ese rostro desconocido que nos habita y que se va proyectando siempre en busca de sí mismo.

"¿Qué hice de las palabras? Papeles llenos de ellas. De nuevo la sensación de la escritura como medio indirecto para protestar, para contar, para decir, pero decir con mayúscula. Qué fácil parece situar en boca de otros tus propios sentimientos, esconderte detrás de otra vida, de otro sexo, de otra circunstancia. Y, sin embargo, qué hermosa es la palabra, y qué frágil, y qué huidiza." (Marta Ribalta, Talleres de Pròleg)

 

3.- Ponerse a escribir

Tal vez hemos escrito desde siempre, es decir, desde aquel momento, perdido entre los recuerdos, en que aprendimos a escribir. Redacciones escolares, el diario adolescente, algunas cartas, un poema, reflexiones. ..Y sabemos que en ciertos momentos, mas allá de la obligación o de la necesidad, hubo algo inexplicable que nos impulsaba a seguir escribiendo y a disfrutar con los signos gráficos que se nos escapaban de la pluma. Acaso esas chispas mágicas se perdieron entre los referentes del mensaje pero la simiente de la escritura estaba viva e iba cumpliendo su proceso.

"Quizá, al principio sólo escribíamos nuestros diarios cuando no podíamos vivir y, cuando vivíamos, dejábamos la escritura, como dice Simone de Beauvoir. Imperceptiblemente el escribir se fue adueñando de nuestras horas, nuestros cantos, nuestros desgarros. Han pasado los años. Hemos madurado y con nosotros, nuestra expresión, nuestros silencios, nuestra comunicación con el exterior. El escribir, como la lectura, se ha hecho necesario, cotidiano. Necesitamos más que nunca comunicarnos y hablarnos a nosotros mismos con aquel lenguaje que sólo nosotros conocemos". (Lluis Canosa. Talleres de Pròleg.

Hay un día en que somos conscientes de que queremos escribir, nuestra imaginación actúa y las palabras están ahí, inocentes, cotidianas. Pero revestidas de un aire nuevo, estas palabras, las que usamos todos los días casi sin reparar en ellas, crecen, se iluminan, se retuercen, se esconden, se asoman, y, burlonas o sumisas, juegan a desaparecer y nos retan a encontrarlas. Es el momento de enfrentarnos con la apetencia de escribir, con los miedos, con las expectativas y, frente a la página en blanco, correr el riesgo de dar el salto hacia la corriente de la escritura. Así se hace palpable la diferencia entre escribir un texto informativo con un mensaje objetivo y referencial, y crear un texto cuyo referente sea su propia objetividad verbal.

"Hace algún tiempo que me empeño en escribir narrativa, pero no consigo superar el vértigo al ojo vacío de la cuartilla. No consigo perderle el respeto. Parece mentira, después de tantas violaciones que cometo en mi trabajo diario contra el papel reciclado y con membrete, sin que mi pulso sufra la menor alteración. Las ideas fluyen disciplinadamente, desde la parte de mi consciencia donde se guarecen de la contaminación y el desorden que, sin embargo, nos son tan caros. Cuando no puedo más, salto sin red a la poesía y después de algunos calambres conocidos, miro cara a cara a la cuartilla y, a mi manera la despierto." (Pilar Plaza, Talleres de Pròleg)

El deseo de expresión creadora conduce a la escritura. En papeles sueltos, en agendas entre citas y obligaciones, o en cuadernos celosamente guardados, se van diciendo cosas, hilvanando descubrimientos, contando sueños. A veces, se lee lo escrito y aparecen las dudas, los interrogantes, ¿por qué escribo?, ¿para qué?, ¿tienen algún valor estas palabras?, ¿se entenderán?, ¿estará bien este texto? Se siente entonces la necesidad de comunicar a alguien lo escrito y, luego de escoger un texto más o menos digno, se busca a quien lo escuche entre las personas más próximas con la ansiedad de conocer su veredicto.

Pero las dudas continúan. Hace falta algo más, motivaciones, disciplina, un medio propicio para aclarar dudas y que ayude a encontrar nuevas formas de expresión, a resolver problemas, a reconocer errores, a valorar aciertos. El camino está preparado para el encuentro con esa actividad llamada "talleres de creación literaria".

 

4.- Los talleres de creación literaria

El empleo del lenguaje como medio personal de comunicación y de expresión creadora no ha sido fomentado de manera sistemática en los planes de enseñanza establecidos, aunque de unos años a esta parte esta situación ha variado favorablemente. De ahí que, desde hace más de cincuenta años, se han ido extendiendo, paralelamente a los estudios literarios, los talleres de escritura creadora que convocan a todas aquellas personas con deseos de escribir, ya sea sólo por placer, ya sea para ampliar y enriquecer su formación como escritoras o escritores.

En el panorama de los talleres que se han ido creando en las últimas décadas y que actualmente funcionan, cada vez con más abundancia, cabe una diversidad de formas y métodos según la concepción de quienes los organizan y los dirigen. No obstante, algunos principios comunes nos permiten aproximarnos a una especie de definición que, como todas las definiciones, tiene sus límites de imprecisión.

Un taller de escritura consiste en un espacio en el que con la coordinación de un profesor o profesora se reúne regularmente un grupo de personas para producir textos. El trabajo de todas y de cada una forma un conjunto creativo, un gran texto, en que la variedad de estilos individuales encuentran su unidad en el sentido general del taller. El interés compartido, la actitud comunicativa y la motivación creadora generan un clima propicio para vivir y ejercitar la experiencia de la palabra.

Producir textos significa practicar la lectura creadora, escribir textos propios y propiciar el texto oral en el diálogo. En el taller, como en el universo, todo es texto: el espacio con su atmósfera y todos sus objetos, las personas, los libros o impresos en general, y principalmente la escritura.

La programación y la dinámica del taller varía según las circunstancias socio-culturales en que se inserta. Podemos enumerar una amplia gama de propuestas que van constituyendo con su aportación individual el gran cuerpo de esta actividad. Según los temas y las técnicas, hay talleres de narrativa (novela o cuento con todas sus posibilidades, realista, experimental, fantástico, maravilloso, popular, etc.), de poesía, de ensayo, de investigación crítica aplicada a los textos, o de lectura y comentario de obras literarias. Con respecto a los niveles, los talleres pueden ser de iniciación o de profundización. En cuanto a la finalidad, se cuentan talleres pedagógicos, de formación de escritores y escritoras, de terapia creativa. Teniendo en cuenta los grupos humanos a los que se dirige, se pueden distinguir los talleres infantiles o juveniles, para docentes o para público en general.

Cada uno de estos talleres se va configurando con una dinámica propia según las características de los grupos que lo constituyen. No hay ninguna persona pasiva y todas son agentes creadores. Para que un taller funcione bien no debe haber protagonistas, todo el mundo actúa cumpliendo una función integradora. Gran parte de la cohesión del grupo depende de la aplicación del método por parte de la profesora o profesor que ejerce la coordinación, quien debe tener una preparación literaria y pedagógica que le permita cumplir su tarea satisfactoriamente. Presencia necesaria que guía, organiza metódicamente y reúne esfuerzos para lograr los objetivos planteados en el taller; pero una persona más cuando se trata de colaborar, escuchar, hablar o escribir.

En el taller se lee, se escribe, se habla de los textos, se suscitan comentarios acerca de la escritura ajena y de la propia, se afina el oído y se ejercita el sentido crítico, se generan motivaciones concretas que desencadenan el texto y permiten su elaboración, y se espera con impaciencia el momento mágico de la palabra que brota, no tanto por inspiración de las musas -que también existen- sino por una energía creadora que conduce al grupo y a cada integrante por caminos nuevos.

 

5.- Los talleres y la escritura de la mujer

Entre las propuestas de talleres debemos destacar los que están dirigidos a mujeres quienes, en medio de ciertos esquemas sociales que aún se mantienen, van encontrando su espacio y descubriendo sus posibilidades creativas.

El mundo interior de la mujer, "escrutadora por naturaleza", como dice Àngels Grases de la Librería Pròleg, se ha ido plasmando desde el silencio de su situación en el mundo hasta el descubrimiento de las palabras que expresan su visión de las cosas, sus anhelos y sentimientos. Esta apertura hacia la historia pasa por la literatura y por la motivación para comunicarse y crear imágenes con un lenguaje propio. La intuición poética y ese carácter "enigmático y secreto" que ciertos mitos atribuyen al habla de las mujeres, se resuelven en la voz y en la escritura de muchas autoras que con su obra han ido abriendo caminos.

Los talleres de escritura para mujeres cumplen una función social y creadora: conocer y situarse en el mundo contemporáneo a través de la lectura y disponer de un espacio para la expresión. Carmen Martín Gaite reflexiona sobre la escritura de las mujeres a partir del espacio simbólico de las ventana:

"...la vocación de escritura, como deseo de liberación y expresión de desahogo, ha germinado muchas veces a través del marco de una ventana. La ventana es el punto de enfo que, pero también el punto de partida."

Abrir ventanas para dirigir una mirada hacia el mundo, volver a la interioridad a fin de descubrir textos posibles, conscientes de que un lenguaje nuevo las habita, y saber que la escritura es una manera viva de ser ellas mismas, son los objetos de la actividad que se cumple en los talleres de creación  literaria dirigidos a mujeres. 

 

6.- Cómo funciona un taller: la librería Pròleg

Un taller puede constituirse en cualquier lugar que reúna las condiciones necesarias para acoger a los distintos grupos cuya presencia dará vida al espacio: aulas escolares, ateneos, centros culturales, bibliotecas, casas particulares, es decir, tanto instituciones públicas como sitios privados. Pero hay lugares especialmente indicados donde la atmósfera es más propicia para la creación.

En Barcelona, en el número 13 de Daguería, una callejuela empedrada del casco antiguo, que cruza Jaume I y desemboca en la pequeña plaza de Sants Just i Pastor, está la librería Pròleg especializada en autoras. Aquí, en un marco intensamente connotado por la presencia de libros, revistas, pósters, tarjetas, que emiten multitud de mensajes prometedores de nuevos descubrimientos, funcionan los talleres de creación literaria consustanciales con la actividad de la librería.

Una vez por semana se reúnen los grupos de iniciación y de profundización para dedicarse a la tarea fascinante de la escritura. En un tiempo sin relojes, el espacio se va poblando de mundos imaginarios creados y recreados en palabras nuevas.

La figura melancólica de Virginia Woolf o la mirada enigmática de Frida Kahlo nos acompañan desde las antiguas paredes de piedra que albergan nuestro rincón. Y seguramente algunas de las escritoras que viven en los libros escapan de ellos para contemplar esta aventura de lo posible y lo inesperado que acontece en cada encuentro. La actividad del taller se dirige en principio a mujeres pero está abierta a toda la gente que quiera participar, y aunque los textos empleados pertenecen mayoritariamente a escritoras, no se excluye a los buenos autores.

Lo importante es la coherencia y armonía del grupo, en el cual cada individualidad se va afirmando en sí misma y se enriquece mediante la calidad literaria de los textos escogidos. La base es el respeto mutuo, la capacidad de escuchar y de expresarse, la confrontación de opiniones discrepantes y la integración de puntos de vista complementarios que contribuyen a mejorar el nivel de escritura y a hacer más rigurosa la crítica.

Nuestro método de trabajo se asienta en tres pilares que sustentan la arquitectura del taller: la reflexión, la lectura creadora y la escritura. A partir de ellos se organiza un amplio sistema de actividades que presentan múltiples facetas tanto de contenido como técnicas, cuyo objetivo esencial es la motivación para la producción de textos.

La reflexión se realiza mediante el diálogo que abarca distintos aspectos según el eje temático de cada encuentro. Sin llegar a convertirse en tertulia, el diálogo se fomenta a modo de texto oral. La función de la profesora consiste en orientarlo dentro de ciertos cauces que le den unidad sin que esto afecte a la espontaneidad personal y a la libertad expresiva.

Así se equilibra la participación colectiva e individual y se van desarrollando y conectando los temas para llegar a conclusiones precisas. Muchas veces, los duendes del ingenio y de la fantasía pasan rozando las palabras e inesperadamente dejan caer en ellas partículas mágicas. Entonces queda flotando en el ambiente un hálito poético con la fugacidad del instante irrecuperable que vuela y desaparece pero cuyas huellas creadoras permanecen.

Otras veces la reflexión profundiza en aspectos más conceptuales para fundamentar la práctica en la teoría. Pero siempre, insistimos, la teoría en función de la creatividad. La citas bibliográficas o determinadas fuentes de información se emplean en estos casos cofto punto de partida para ir estructurando el tema propuesto.

El cultivo del lenguaje oral contribuye siempre a crear una comunicación estimulante entre quienes integran el grupo.

La lectura creadora se cumple en los libros en todo tipo de textos y en el enorme libro de la realidad. En una perspectiva abarcadora, todo lo que nos rodea es texto. Las cosas nos hablan y, si sabemos interpretar lo que dicen, si sabemos leerlas, descubriremos en ellas nuestro propio lenguaje. Un cofre, una puesta de sol, una puerta que se cierra, una palabra, una mirada, la parada del autobús, un llavero, tienen infinitos niveles de significación y pueden desencadenar, en quien se acerca a ellos con el asombro intacto, sensaciones, imágenes, recuerdos que buscarán la palabra que los exprese.

Sor Juana Inés de la Cruz nos dice cómo pudo continuar leyendo sin desobedecer a una prelada muy santa y muy cándida" que le prohibió los libros.

"yo la obedecía (unos tres meses, que duró el poder ella mandar) en cuanto a no tomar libro, que en cuanto a no estudiar absoluta mente, como no cae debajo de mi potestad, no lo pude hacer, porque aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios crió, sirviéndome ellas de letras y de libro toda esta máquina universal."

Del mismo modo, la lectura de un libro proyecta distintas significaciones en cada persona. Leer es reescribir la obra porque, además de lo que la autora o el autor nos quiere decir, la propia experiencia del yo que lee se entreteje en el mundo imaginario reviviendo y transformándose en cada lectura. Leer y escribir consisten pues en generar textos a través de una actividad transformadora. El texto producido existe cuando la lectura lo convierte en práctica significante y descubre en el mismo nuevas posibilidades. Leer es disponerse a andar por un camino infinito: en el espacio de un libro se presenta una multitud de referencias ya enunciadas en otros libros que establecen un juego de hallazgos entrelazados y nos remiten a otras lecturas.

En esta relación intertextual entran todos los textos y también los que se producen a partir de las consignas del taller. No se trata de influencias o imitaciones sino de diálogo en el interior del texto, de reconocimiento de la propia escritura como parte de una larga tradición puesta en acto en forma original mediante la visión subjetiva y la producción personal de un texto único.

Además de los libros, nos rodea y hasta nos invade toda clase de material impreso -periódicos, cartas, recetas, formularios, catálogos, mapas, fotografías, tarjetas- que participan de un proceso parecido al del texto literario en cuanto a su reproducción en quien lee. De ahí su valor como objetos motivadores de escritura cuya variedad puede adquirir un orden nuevo en una antología personal a modo de collage.

Como el autor del Quijote, "aficionado a leer, aunque sean los papeles rotos de las calles", debemos estar alerta y no dejar escapar el rico caudal que tanto la literatura como la vida cotidiana nos ofrecen para enriquecer nuestra escritura.

 

7.- La escritura.

Y llegamos así al punto esencial: la escritura creadora. En esta actividad convergen todas las fuerzas des plegadas en la andadura del taller. Es el momento en que la palabra supera al lenguaje-instrumento para celebrar el lenguaje-realidad. La palabra escrita es imagen, espacio abierto siempre vivo y actuante. Todas las cuerdas del lenguaje se tensan y se constituye el texto en un juego de significaciones diseminadas y reunidas en el fluir de la escritura.

El punto de partida es una consigna breve que obra a modo de desencadenante motivador para la producción del texto. Las consignas son variadas y la forma de presentarlas también. Siempre se van gestando en el organismo total del taller y, a modo de "vasos comunicantes", asocian desde un mismo nivel motivos diversos que circulan en quienes escriben de manera diferente a partir de fuentes comunes.

Estas fuentes se han ido gestando en el contexto de actividades previas (lecturas, reflexiones, diálogos) que constituyen el pretexto de la escritura. La consigna presentada está pues connotada con una pluralidad de significados pero cumple su objetivo en la apropiación de la misma cuando nuevos valores connotativos se proyectan desde cada individualidad. El texto de la consigna se expande y cava en la conciencia creadora en busca de un espacio íntimo. Las consignas son ejercicios con una d9ble finalidad: motivan a la escritura creando una cierta disciplina y permiten ir encontrando los caminos personales al generar distintas posibilidades de escritura. La claridad de la consigna deja siempre un margen de ambigüedad a fin de que cada persona reciba, junto con el hilo conductor, la libertad necesaria para poner en funcionamiento sus capacidades y estilo.

En un primer momento, se trabaja con imágenes concretas en relación con los procesos metalingüísticos. El tema general es por ejemplo "La palabra y su entorno"; las consignas lo van concretando en distintos aspectos e imágenes: "Por qué quiero escribir", "La mirada interior", "Escrito sobre una mancha", "En torno a una palabra".

Si trabajamos con la narración el proceso se cumple a través de consignas que apuntan a los elementos estructuradores del discurso. La voz narrativa, principio ordenador de cada texto, se sugiere en consignas como " Un cuento que me contaron" o "El cuento que quiero contar". Los tiempos narrativos aparecen en "Están pasando cosas... , "Habrá una vez", "Hoy es el día". El mundo de los personajes y su espacio es el motivo de "Andando, andando", "Sucedió en un taxi", "El cuento en el periódico".

La programación del taller se organiza en función de una serie de temas recurrentes que jamás se pierden y siempre se recuperan, se duplican, avanzan, miran hacia atrás, retoman una imagen, buscan formas nuevas. La estructura por tanto no es lineal y progresiva sino circular y abierta. Hay sin embargo una forma de progresión en el encadenamiento y la profundización de recursos y técnicas dirigidas a descubrir y perfeccionar la propia capacidad expresiva.

Algunos ejercicios se realizan en el taller mismo en pequeños grupos de trabajo, pero LA CONSIGNA, que siempre suscita la expectativa de una sorpresa, se propone como tarea -son los "deberes"- para el próximo encuentro, en que cada persona leerá su trabajo, se comentará en el grupo y, tal vez, genere una nueva propuesta de diálogo y otra consigna.

Pero hay otra vertiente no menos importante que también forma parte de los objetivos del taller: propiciar la escritura de la obra personal, mas allá de las consignas o como consecuencia de ellas. Las personas que asisten al taller quieren escribir y algunas ya lo hacen habitualmente. Hay quien ya ha publicado o quien está preparando algún trabajo y necesita una orientación crítica. Cada tanto van presentando parte de su material, que es leído, comentado y analizado en el grupo. Esta actividad se realiza principalmente en los talleres de profundización en los cuales, sin dejar de lado el método de creación colectiva, se tiende a enfocar la tarea personal en forma de unidad, de libro, ya sea una novela, cuentos o un poemario, aun cuando no se piense en publicar.

La actividad del taller siempre es gratificante y enriquecedora; no se detiene, es inagotable, sorprende con hallazgos originales, con la aportación de nuevas lecturas, en definitiva con EL TEXTO, que siempre se está escribiendo y reescribiendo.

Como en Barcelona donde, al salir del taller, ha caído la noche. Las campanas de la catedral vibran entre las callejuelas del barrio gótico. Pròleg cierra sus puedas... Pero los brotes creadores de la palabra siguen creciendo y madurando, nuevas y viejas formas del gran texto.

 

FUENTES

 

BACHELARD, Gastón: La poética del espacio. F. C. E., México, 2ª ed. 1986

WOOLF, V: Una habitación propia. Júcar.

WOOLF, V: Diario de una escritora. Lumen, Barcelona, 2 ed. 1982

MARTÍN GAITE, G. : Desde la ventana. Espasa Calpe, Madrid, 1987

YOUGERNAR, M : Memorias de Adriano. Edhasa, Barcelona, 1987

HEMINGWAY, E. : París era una fiesta. Seix i Barral, Barcelona, 1964

HUXLEY, A. : El oficio del escritor. Era, México, 1968

LE GUIN, U. : La hija de la pecadora. En Escritoras y escritura. Feminaria, Buenos Aires, 1992