Tomás Eloy Martínez se aleja del mundo peronista
Arriba a la FIL Guadalajara con dos nuevos libros
CYNTHIA PALACIOS GOYA/ Enviada
GUADALAJARA, Jal., 1 de diciembre.- Lugar común, la muerte y La mano del amo son los más recientes libros del escritor argentino Tomás Eloy Martínez, los cuales representan lo más profundo de su persona y una forma de mostrar que es capaz de escribir cosas diferentes al reflejo del mundo peronista.
Durante su visita a la XII Feria Internacional del Libro, explicó que La mano del amo (Ed. Planeta) es una novela escrita a principios de la década de los noventa; prácticamente, mientras se gestaban La novela de Perón y Santa Evita. Aquí habla de su pasión incumplida o sueño fracasado: el de escribir buena poesía, la cual trata de canalizar a través de un texto narrativo.
En cambio, Lugar común, la muerte (Ed. Planeta) está conformada con texto escritos en los últimos 15 o 20 años, sobre personajes, pueblos y ciudades que estaban al borde de la muerte, "lo cual no sabía; pero, que en esta especie de extremo límite en que los seres humanos vivimos, en el que no configuraban una suerte de unidad, además que reflejan el descubrimiento de una veta que no imaginaba que iba a redundar tanto en La novela de Perón como en Santa Evita.
Este ejercicio, le permitió descubrir que podría escribir cosas absolutamente imaginarias o que corresponden a una lectura personal de la realidad, como narrar que un premio Nobel al cual entrevistó en el sur de Francia estaba desapareciendo de la cama donde yacía enfermo o que al día siguiente de haber hablado con un escritor en una casa desvencijada de las colinas de Caracas, ésta desapareció.
"Esas historias publicadas en periódicos y que eran imaginaciones evidentes, declaradas de un escritor, percibidas por mí como realidad, pero ficción en definitiva, eran asumidas como verdaderas por los lectores. Entonces, descubrí la curiosa cosa de que todo lo que aparece en los periódicos por inverosímil que sea adquiere patente de realidad".
Tomás Eloy comentó que a partir de esta premisa se le ocurrió más en Santa Evita, que en La novela de Perón invertir los términos de las grandes ficciones o lo que se llamaba la novela de la vida real practicada por Norman Mailer, Truman Capote o Gabriel García Márquez, en los cuales quedaba demostrado como un texto periodístico, se volvía mucho más atractivo cuando era narrado en forma de novela.
"Lo que hice en Santa Evita fue inventar una realidad que todos los lectores argentinos conocían, imaginarla y narrarla en forma de periodismo, de tal suerte que la gente ahora cree que todo lo que está en ese libro es verdad o no lo es".
Categórico afirmó que nada de lo que hay en Lugar común, la muerte, es falso, y es que en su concepción "las novelas son lo más secreto del hombre, ya que las imaginaciones, los mitos, los deseos ocultos, las invenciones, los grandes sueños de la condición humana no pueden morir porque la literatura está trabajando sobre ese territorio, esa zona de la vida en la cual el hombre siempre sigue siendo igual a sí mismo. Cristalizan o estatifican la realidad, la cual va sucediendo, porque es algo que nos acontece y en lo cual tenemos una participación directa al ser actores y testigos, además de estar encadenados a la historia y ser arrastrados por su peso".
Tomás Eloy Martínez consideró al periodismo como uno de los mejores géneros literarios que existen, "hay que entender al buen periodismo siempre como buena literatura y no hay que vivirlo como una escisión ni fingir hacer la actitud con la que se encara un texto, y además de que no hay que mentir en el periodismo, lo que sí puede uno hacer en la novela, el periodista que no piensa en su lector, no lo reconoce, ni sabe a quién le está hablando, está perdido; en cambio, el escritor que tiene en la cabeza todo el tiempo a su lector está perdido porque escribe para halagarlo, y se le olvida que la única fidelidad que debe tenerse es hacia sí mismo".
Para demostrarlo afirmó que no hay ningún gran escritor de América Latina que no haya sido al mismo tiempo periodista, "hasta los que parecen más exquisitos y secretos como Jorge Luis Borges, por ejemplo, por no citar a Alfonso Reyes u Octavio Paz, todos ellos han sido alguna vez periodistas".
Los trucos que se aprenden en este oficio a la hora de escribir se olvidan cuando se escribe literatura, afirmó, "aunque quedan como sedimento y formas internas.
"Al igual que los periodistas, los escritores somos curiosos porque somos vampiros de la condición humana, entonces trabajamos observando la realidad de la gente".
Recordó que William Faulkner y Capote decían que la diferencia entre periodista y escritor es que este último sí tiene que sacrificar a su madre para ser quien es o para poder escribir, lo hace. "Claro, eso dice en el momento en que está escribiendo y son frases; pero, en el caso del escritor es una especie de sacerdocio; también el periodismo a su manera lo es. Las dos condiciones centrales que ambas profesiones requieren son: mutua alimentación, obsesión, paciencia y esfuerzo. La inspiración sólo llega o nos baña después de mucho tiempo de darle vueltas a una misma frase, y siento que ahí está, no es la musa que llegó, es todo el trabajo y sudor que se le metió a esa frase".
El Universal (México), 2 de diciembre de 1998
Encontrado en: http://www.unam.mx/universal/net1/1998/dic98/02dic98/cultural/03-cu-a.html