Tomás Eloy Martínez: gracias por escribir
José Mármol
Tomás Eloy Martínez, nació en Tucumán, Argentina, en 1934. Acucioso periodista. Novelista notable, que hoy día se codea con un encumbrado éxito, siendo el escritor argentino más traducido a idiomas extranjeros; sus novelas pueden ser leídas en no menos de treintisiete lenguas. Ser humano de singular calidez y gran vocación por el arte de conversar amena y armoniosamente. Tiene auténtica humildad, grandeza de los genios verdaderos, según León Tolstoi. Sobrevivió, para fortuna de la literatura en lengua española, a varios atentados perpetrados a inicios del decenio de los 70 por remanentes del peronismo decadente y radical y por esbirros de los gorilas de Argentina, hechos que si bien no le intimidaron en sus principios ideológicos, le condenaron a un largo ostracismo. Su obra publicada, que abarca periodismo y literatura, comprende títulos como Sagrado (1969), La pasión según Trelew (1974), Lugar común la muerte (1978), La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991), Santa Evita (1995), y Las memorias del General (1996), entre otros. Hoy día dirige el Programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, en New Jersey, Estados Unidos de Norteamérica, donde es, además, Profesor Distinguido. Luego de rotundos y bien ganados éxitos editoriales y reconocimientos a su escritura, Tomás Eloy Martínez es considerado como uno de los más prominentes escritores latinoamericanos. Tiene, entre otras convicciones profundas, la de que la muerte es una sucesión infinita y no un fin; que la Argentina se desgasta día tras día en existir como la nación que nunca llegará a ser, y que a los argentinos les ha encantado que mediante su escritura de ficción, él les haga vivir en una suerte de realidad transfigurada (o mentira bien escrita) la presunta realidad de sus mitos históricos, políticos y culturales. Es el inventor de una frase célebre atribuida post mortem a la Eva Perón real, con la cual se supone que ella sedujo al General, y que el escritor puso en boca de su personaje de La Novela de Perón, que reza: "Gracias por existir". El modesto restaurante de nuestro hotel en Providence, Rhode Island (Estados Unidos de Norteamérica), que alojó los invitados a la novena edición de la Feria del Libro y Encuentro de Artista y Escritores Latinoamericanos (1998), fue el escenario en el que sostuvimos el siguiente diálogo. (J. M.)
De qué forma empiezas a descubrir en ti la vocación de escritor?
Mi primera vocación fue ser escritor. Empecé escribiendo cuentos a los siete años de edad y siempre supe que quería ser escritor. ¿Escritor de qué o para qué? De eso no tenía una clara idea. Pero, en el origen de mi vocación estaba narrar historias, era una necesidad. Contaba historias de un modo secreto para cambiar el mundo de los demás; tener de alguna manera mi propio mundo; tener el mundo de la realidad tal y como yo lo soñaba y sueño, el deseo de que el mundo fuera el de mis sueños. Era el deseo de convertir el mundo en otra cosa, es decir, deseo de escribirlo.
Piensas que a través de la escritura reflejas éste o más bien, fundas otro mundo?
Más bien, transfiguro en otra cosa el mundo que ya es. Hago que las cosas que existen, las que ya fueron o no son, sean como quiero que sean. De lo que se trata, pues, es de transfigurar, esa sería la palabra más adecuada. Es decir, hacer que las cosas del mundo se conviertan en otras, que las mismas cosas sean otras. Es un proceso como el de la Alquimia, si quieres, quizás de un modo más modesto. Es como el proceso de la poesía; lo que la poesía hace con el lenguaje, los novelistas lo hacemos con el relato. El lenguaje es, también, una transfiguración del mundo. Narrar historias es una manera de hacer comprensible y transmisible el mismo mundo. Hay un teórico norteamericano que dice que el único modo de transmitir el conocimiento es a través del relato, que sólo lo que se narra se comprende. Si uno piensa que desde La Biblia o El Libro de los Muertos, de los egipcios, en adelante, todo es relato, incluso la fe, entonces se entiende muy bien lo que ese teórico dice.
Obras como La novela de Perón y Santa Evita son de las más conocidas de tu autoría, sin lugar a dudas; son las que te han proyectado más ante los lectores de habla hispana y de otras lenguas. Ahora bien, ese hecho te ha llevado a pensar que son, en consecuencia, tus novelas más acabadas, aquellas en las que tu conciencia de oficio escritural alcanzó el propósito estético y ficticio perseguido?
Un escritor nunca consigue lo que persigue. Cada vez que sueñas un texto, ese sueño es superior a la realidad. Fatalmente, fatalmente, nunca estás satisfecho con lo que haces, con lo que como narrador quieres. Los libros son cajas de resonancia, encuentran cierto eco o no en la gente. De mis libros, el que me parece más acabado es una novela que publiqué en 1991, que se llama La mano del amo, la cual aún no ha conseguido traductores. En un momento dado, un traductor que yo respeto mucho, llamado Alberto Manguel, autor, además de un libro extraordinario que se llama Historia de la lectura, quiso traducirla; pero, como solamente ofrecía el área de Canada mi agente literario se resistió, y ahora estoy profundamente arrepentido. Por esa razón me separé de mi agente literario de aquel tiempo. Bueno, por lo general uno prefiere aquellos libros en los que se juega más a fondo, en los que trata de ser más uno mismo, reflejas mejor tus mundos interiores, tus pesadillas y tus obsesiones. Ese es el caso de La mano del amo, que sin embargo, no tiene nada que ver con lo que realmente yo quise hacer, porque, contra mis deseos, es una novela profundamente irritante, que contagia una cierta desdicha, y entonces, aleja los lectores.
Es en esta obra que haces una suerte de reflexión sobre el proceso creativo mismo de la escritura narrativa?
Sí. Es la historia de un cantante que nace con una voz absoluta, es decir, que puede ejecutar todos los registros de la voz, desde el más agudo hasta el bajo, al cual examinan, casi disecan en la familia como si fuera un objeto extraño. La madre, aliada a una tribu de gatos, lo castra, lo frena y quiere utilizar esa voz para su propio beneficio. Es, entonces, la decepción, la desesperación del artista que quiere soltar la voz y no lo dejan.
Qué implica, en términos de estrategia técnica, discursiva, la empresa de una novela? Cuáles son los elementos que, por medio del lenguaje, han de entrar en juego?
En primer lugar, tengo que conocer muy bien cada una de las vidas de mis personajes, aunque eso no tenga nada que ver con la historia… cómo respiran, cómo duermen, qué apariencia tienen, como si se tratase de íntimos amigos a los que voy a abordar. Hasta que el personaje no esté dentro de mí, no lo puedo lanzar hacia fuera. Sé muy bien cómo se tiene que llamar. Los personajes se sienten muy incómodos cuando no tiene su propio nombre. Hasta que no alcanzan su propio nombre no salen a la luz. Pero, lo que más me cuesta es el tono del relato. Las novelas tienen un tono que va cambiando de relato a relato, una manera de ser contadas. Todo libro tiene un modo propio de ser contado. Aun sea uno mismo el que lo cuente; aunque la propia esencia del escritor no cambie de un libro a otro. Cada libro requiere ciertas estrategias narrativas, ciertas maneras de abordaje que son siempre distintas.
El hecho de que algunas de tus novelas tengan como personajes centrales a protagonistas de la historia real, particularmente de Argentina, quiere acaso decir que tu propuesta narrativa se circunscribe a las prerrogativas de la novela histórica?
Como novelas históricas son, más bien, heterodoxas. Porque de acuerdo con los códigos de la novela histórica, una novela histórica es aquella que refiere historias que han ocurrido antes de tu nacimiento, o personas que no son tus contemporáneos. En mi situación, yo meto, es más, miento sobre personajes que están vivos, en muchos casos, y que incluso, podrían molestarse. Por ejemplo, en La novela de Perón, los personajes de López Rega e Isabelita Perón. El relato de historias sobre seres que están vivos constituye un avance y al mismo tiempo una transgresión de la novela histórica. Se trata de mitificaciones plenas de la realidad. Lo que me interesa de los seres vivos es la posibilidad de recreación de la realidad, de la realidad tal como pudo ser, la realidad como no fue… La reflexión, el trabajo creativo sobre eso que no pudo ser. En la lógica de mi propio país, Argentina, está siempre la idea, tan fuerte que permea la identidad de los argentinos, del país que debimos ser y no pudimos. En mis novelas están los personajes que en la realidad histórica pudieron ser y sin embargo no fueron. Hay en mis novelas un desenmascaramiento de la historia y de los personajes de la historia. Cuando yo escribí La novela de Perón, en 1985, en ella, Perón está retratado con crudeza, algo que nadie se había atrevido a hacer, como un hipócrita, como un camaleónico personaje que intentaba aparecer ante los demás como los demás querían verlo. Ahora esa imagen de Perón es corriente en la Argentina, pero, en aquel momento, era muy aventurada.
Cómo evaluarías, aun sea brevemente y a grandes rasgos, la novelística hispanoamericana actual?
Después del boom y a partir del avance de las dictaduras en Latinoamérica, vivimos una especie de declinación de nuestra novelística. Y algo que me parece más grave, hubo una ruptura de los canales de comunicación que la novela y la poesía habían establecido. En los años 60, por ejemplo, todos sabíamos dónde estábamos parados, sabíamos qué estaban haciendo los otros. Los dramas que vivió la República Dominicana, digamos, eran un tema familiar de conversación entre los argentinos. Las dictaduras rompen esa circulación sanguínea, esos canales de comunicación, y de nuevo nos confinan, nos condenan de nuevo a un cierto aislamiento. Ahora se da una ligera resurrección de esos canales de comunicación. Vivimos una recuperación de la novela latinoamericana. Es sorprendente, por ejemplo, el nacimiento de la novela en América Central y El Caribe; son países donde la narración era un fenómeno raro, una rara avis, y de repente empiezan a aparecer narradores en cantidad y en calidad. En Argentina, después de la muerte de Borges, de Cortazar y del Eclipse de Bioy Casares, entre otras, la novela conoce un período de endurecimiento. Lo mismo ocurrió en Uruguay con la muerte de Juan Carlos Onetti, que ahora está resurgiendo con muy buenos narradores como Tomás de Mato, Mario Delgado, y lo mismo está sucediendo en Chile, en Perú. Yo diría que es un fenómeno de lenta, aunque no sostenida recuperación a lo largo de todo el continente. Acabo de ser jurado de un concurso latinoamericano de novela, y he leído allí a gente extraordinaria. Está empezando entre la generación que ahora va de los veinticinco a los treinta años un período más de esplendor de la novela latinoamericana.
Se puede entonces hablar de una nueva fase de efervescencia de la novela latinoamericana?
Creo que sí, que hay un renacimiento y ello se puede advertir en la multiplicación de las traducciones. Hay muchas más novelas latinoamericanas traducidas a varias lenguas ahora.
Cómo se siente un escritor hispanoamericano que de repente, y por razones académicas, ha venido a vivir a los Estados Unidos de Norteamérica, para continuar trabajando la literatura de su lengua en un país de habla diferente?
Yo soy uno de esos escritores. Mi propio país me expulsó en 1975, me condenó al exilio y desde entonces ese exilio no ha terminado. Apenas ha cambiado a ser un destierro voluntario, estoy afuera porque quiero. Ocurre que también las condiciones de comunicación han cambiado; uno puede volver cuantas veces quiera a su país y recuperar el habla cotidiana. Mis hijos son argentinos y viven en la Argentina, de modo que mi lengua se mantiene viva a través de ellos. En mi vida cotidiana hay circuitos de transmisión en español. Mi lengua se mantiene intacta, aunque hay una respiración cotidiana que se echa de menos. Cuando me preguntan dónde vivo respondo: vivo en Argentina y trabajo en Estados Unidos. Esto no está demasiado lejos de la verdad.
Hay alguna nueva novela que podamos tener pronto a mano?
Está próximo a salir el primer texto que escribo por encargo. Lo tomé como un desafío y como un acto de humildad y de ejercicio, además. Se trata de una editorial brasileña que se llama Objetiva, que ha reunido a siete escritores, tres brasileños, dos hispanoamericanos y dos europeos, para hacer una serie sobre los pecados capitales. A cada escritor se le asignó un pecado… a mí me tocó el orgullo. Entonces estoy escribiendo una novela que se titula El vuelo de la reina, la cual trata sobre ese pecado.
Qué aconsejas a los jóvenes escritores latinoamericanos?
Les aconsejaría lo que más les cuesta; es decir, no perder el tiempo en oficios laterales e intentar emplear todo el tiempo que puedan en escribir. Cuando uno es joven, eso es posible. Aconsejaría también leer mucho e investigar todo lo que se pueda. Deben escribir con pasión, la mayor pasión posible. Como uno se convierte en escritor es escribiendo, no hay otro modo. Deben aprender de lo que hacen bien los demás, de las técnicas narrativas ajenas, del crecimiento del relato en el mundo a través de otras lenguas, de otras literaturas. Hay una inmensa cantidad de escritores excepcionales por descubrir. Les diría, en fin, que se entreguen a este oficio con pasión, que lean y escriban.
Jornal de poesia, nº 4/5, Fortaleza/ São Paulo, noviembre de 2000
Encontrado en: http://www.secrel.com.br/jpoesia/ag4tomas.html