Arnoldo Rivera Jiménez
Redactor de La Nación
Los cuadernos de don Rigoberto, la última novela de peruano, nacionalizado español, Mario Vargas Llosa, ya está disponible en Costa Rica.
Para su lanzamiento, la Editorial Santillana, representante de Alfaguara (casa editora de Vargas Llosa), auspició una mesa redonda efectuada el lunes 21 en el Teatro Nacional.
Eduardo Ulibarri, Alberto Cañas, Fernando Durán Ayanegui y Rafa Fernández fueron los comentaristas del libro. Flora Marín moderó las intervenciones.
La novela trata de don Rigoberto, hombre de vida anodina y empleado en una empresa de seguros, quien recurre a la ficción para escapar de su aburrida existencia.
La obra (¢2.700) se encuentra en las siguientes librerías: Internacional (barrio Dent), Claraluna (San Pedro), Motivos (Multiplaza), Llobet (Alajuela), Cartago (Cartago) y Herediana (Heredia).
Cuatro lecturas
Para Ulibarri -primero en hacer uso de la palabra- no es una novela erótica, "aunque el erotismo habita en ella para atrapar a los lectores y a la publicidad".
"En lo más recóndito, es una metáfora sobre la libertad. Estructuralmente es simple. No es una gran novela, pero sí es una novela con grandeza", opinó.
A su vez, Alberto Cañas expresó que la obra se complica para disimular sus debilidades. Consideró que todos los personajes son pobres y poco creíbles, sobre todo don Rigoberto, "pues alguien tan mediocre no puede tener esa imaginación".
Cañas continuó: "La leí deplorando cada página; en esta materia hubiera esperado un poco más de imaginación. Me pregunto si le gustará a quienes leyeron La tía Julia y el escribidor y Pantaleón y las visitadoras".
Por su parte, Durán alabó la manera como está construida la obra: "La técnica da envidia. Los textos están muy bien hechos aunque no los comparta. Sí me parece que hay algunos textos prescindibles: el libro debió tener unas 40 páginas menos".
"Siento que en ella siempre habla Mario Vargas Llosa. Es una novela muy interesante, pero yo no la escribiría... porque no puedo", señaló Durán.
El pintor Rafa Fernández rescató las relaciones con la plástica hechas por don Rigoberto en cada actividad sexual imaginada.
"Yo sí las encontré ingeniosas. ¡A mí no se me hubieran ocurrido! Hay un humor extraordinario", concluyó Fernández.