Artículo aparecido en la revista del Centro de Estudios Públicos (Chile).

Mario Vargas Llosa en el Centro de Estudios Públicos (1)

Coloquio realizado el día domingo 20 de agosto de 1989
Estudios Públicos No. 36, Primavera '89

Arturo Fontaine Talavera


Bienvenidos al Centro de Estudios Públicos. Es parar mí un gran honor y motivo de especial alegría poder acoger en nuestra casa del Centro de Estudios Públicos, esta tarde, a Mario Vargas Llosa.

    Creo que desde sus obras iniciales, La Ciudad y Los Perros, por ejemplo, había en la escritura de Vargas Llosa una preocupación constante por el tema del poder y de la dominación. Esa inquietud se ha mantenido hasta sus obras últimas. En el caso de ese personaje tan alto y flaco que aparecía siempre de perfil, me refiero al Consejero de la Guerra del Fin del Mundo ese personaje que se ve envuelto en una lucha que mantiene su nobleza a pesar de la situación patética en la que se encuentra implicado . En "El Serton" se confunden los enemigos, los adversarios debieran ser los aliados si fuese posible entenderse y se produce una indisoluble unión entre los elementos de ilusión y desilusión, fracaso y esperanza que están tan presentes en la historia de los pueblos latinoamericanos.

    Diría que para muchos de nosotros las obras de Vargas Llosa han constituido una especie de mapa a través del cual hemos podido imaginar o vislumbrar los contornos de la lucha política difícil, conflictiva, turbulenta a veces, que nos ha tocado vivir en los pueblos que hemos nacido. Este autor que nos asombró con sus ficciones, hoy, un poco como si fuese un personaje que se recortara en el papel de la página, y se incorporara en el libro y entrara a caminar entre las líneas, protagoniza una aventura política inédita y se transforma en el cruzado de una lucha por establecer un orden democrático y capitalista "a la peruana" en un país cuya historia aparentemente, al menos, está muy lejos de eso.

    Para Karl Marx el Perú fue uno de los ejemplos en los cuales él investigó el modo de producción asiática, caracterizado desde tiempos de los Incas por el centralismo y el dirigismo. El orden colonial y su estructura mercantilista han permanecido en el Perú como el principal modo de organizar la economía. Ahora lo que anima un poco, hasta donde entiendo, el movimiento que lidera Vargas Llosa, no es la idea de fundar un orden democrático y capitalista, sino más bien hacerlo aparecer, porque está en el fondo de esa sociedad subyacente y por debajo de las estructuras oficiales.

    David Gallagher y Mario Vargas Llosa se conocen hace poco más de veinte años. En esa época Vargas Llosa escribía Conversación en La Catedral, y David Gallagher se desempeñaba como profesor de Literatura de Oxford y como crítico literario del Times Literary Supplement y del New York Review of Books. En su libro Modern Latinoamerican Literature que publicó Oxford el año 1973, David Gallagher dedicó todo un capítulo a la obra de Vargas Llosa y desde entonces ha escrito acerca de él, de sus libros y de su personalidad.  El último de estos artículos apareció anteayer en su columna habitual en El Mercurio. La idea de esta conversación es que no tenga una estructura definida de temas, sino que David y Mario Vargas Llosa conversen en forma suelta e informal.

    Quisiera agradecer una vez más a Mario Vargas Llosa y a David Gallagher su presencia aquí, y en especial a los Vargas Llosa, él y su mujer, por el privilegio que significa que las últimas horas de estada en Chile las pasen con nosotros, muchas gracias.

David Gallagher:

    Mario, yo quería partir con una de las cosas que quizás más interesa en Chile y que es, realmente, la relación entre toda tu obra literaria, de tan larga trayectoria y tu actuación política para nosotros, bastante mas novedosa. Hay en tus novelas, me parece, una visión de un mundo tremendamente complejo, en la práctica ingobernable y donde además existe, como lo señalaba Arturo, una percepción tremendamente critica del poder. En varias ocasiones tu has dicho que el novelista siempre tiene que estar opuesto al poder, siempre tiene que criticar y estar descontento con el gobierno, cualquiera que sea. En cierto sentido, la transición a actor político, es casi como una transición de escritor a personaje mismo de novela.  Es escoger una opción que, desde tu posición tan crítica de la realidad, tiene que haber sido tremendamente difícil. Me pregunto, cómo se fue produciendo esta no transformación, porque yo creo que las dos cosas coexisten, sino que cómo se fue produciendo esta nueva dimensión tuya.

Mario Vargas Llosa:

    La verdad es que llegar a ser candidato es algo que no lo planeé nunca eso nació de una deliberación y de una decisión de tipo intelectual, aunque la verdad es que vinculado a la política sí he estado desde muy joven, pero desde una posición más bien intelectual, desde una posición , diríamos, excéntrica a lo que es la lucha por el poder. Han sido, más bien, las circunstancias, lo que ha estado ocurriendo en el Perú en los últimos años, lo que a mí me fue empujando de lo que era una participación en la vida política a distancia a través de artículos, conferencias, pronunciamientos, a lo que sería una militancia. Unas circunstancias que no fueron previstas por mí, ni por nadie en el Perú. Creo que el hecho decisivo realmente fue la movilización contra el intento del Presidente Alan García de estatizar el sistema financiero. Creo que ese es el punto fronterizo que a mí, sin que yo lo supiera en ese entonces, me catapulta a un tipo de actividad política de otra índole.

    Yo participé de una manera muy activa en esta movilización. Yo recuerdo haber oído el discurso del Presidente García en una playa en el norte del Perú, y haber dicho: "bueno, estamos perdidos, porque esta medida, va a ser recibida con gran entusiasmo por el grueso de los peruanos. Es una medida que se vende muy bien, es una medida muy populista la expropiación a los banqueros, símbolo del privilegio, de la explotación a un país pobre, a un país explotado como el Perú va a entusiasmar a la gran mayoría". Sin embargo, por supuesto, pensé que había que protestar, que había que hacer algo ante una medida que evidentemente tenía un riesgo gravísimo para el sistema democrático en el Perú. Entonces protesté, como lo hicieron otros peruanos y ante mi gran sorpresa, y creo que ante la gran sorpresa de todos los que protestamos, hubo una respuesta extraordinaria por parte del pueblo peruano y esto hizo posible esa movilización en la que, por las circunstancias, resulté yo asumiendo un papel de liderazgo. Y como había sido uno de los primeros que protestó, como encabecé un manifiesto que tuvo una gran adhesión, miles de personas de manera espontánea adhirieron a este manifiesto, publicaron anuncios; entonces resulté también de una manera impremeditada, presidiendo la manifestación que se decidió convocar, ya que había tanta respuesta, y luego como la manifestación tuvo una asistencia que jamás pudo prever ninguno de sus organizadores, es decir, yo desde luego no me lo creí. Yo no sé si hubiera subido a ese estrado si hubiera sabido que iba a haber tanta gente en la plaza San Martín. Todos nosotros nos quedamos realmente estupefactos al ver que la Plaza San Martín se repletó de gente, que habíamos más de cien mil personas ahí reunidas, y que lo mismo ocurrió en Arequipa y en Piura, donde hicimos también manifestaciones. Todo esto convirtió a lo que habíamos creído --por lo menos había creído yo-- que sería una protesta más bien intelectual de grupos minoritarios en una formidable movilización popular, esto hizo que naciera automáticamente la idea de dar alguna forma de permanencia a este movimiento, a esta movilización.

   Así surgió la idea de una alianza de fuerzas democráticas, las que habían coincidido en la protesta, y también me encontré, yo sin quererlo, en cierta forma protagonizando este esfuerzo de concertación de las fuerzas democráticas anticomunistas y antiapristas. Una vez que se produjo esta alianza y se constituyó o se gestó el principio del Frente Democrático, también las circunstancias fueron llevándome a mí a ocupar un papel de liderazgo.  Desde luego llegó un momento en que tuve que decidir, pero cuando llegó ese momento estaba ya demasiado comprometido y , además, había comprometido yo a mucha gente en este esfuerzo como para dar marcha atrás. Hubiera sido muy deshonesto haber hecho tanta campaña para que la gente participara, se embarcara, militara y luego decir: bueno, ahora yo me regreso a mi escritorio a seguir escribiendo y ustedes sigan adelante.

    Entonces, en realidad, ha sido de ese modo. Ha sido más empujado por las circunstancias, que he aceptado un tipo de participación política que no pensé nunca tener. Creo que hay ciertas situaciones en la vida de un país en que es muy difícil, en que es imposible, mantener la neutralidad o, incluso, la elección de lo que debe ser la índole de la participación política. Es el caso evidentemente de una dictadura, es el caso de una guerra, de una ocupación, pero también es el caso de un país, del Perú, que está como al borde de un abismo. Cuenta por una parte con algo que es muy precioso, un sistema democrático, un sistema que permite a los países no solamente una coexistencia civilizada, sino también el desarrollo económico. Al Perú no le ha traído ningún desarrollo económico la democracia, pero evidentemente no por deficiencia de la democracia, sino por deficiencia de nuestros gobernantes que han sido incapaces de aprovechar ese atributo, esa posibilidad implícita a una democracia. La movilización contra la estatización de la banca abrió la posibilidad de darle a la democracia en el Perú un contenido también de tipo económico; entonces quienes hemos estado defendiendo esa posibilidad tenemos la obligación de hacer todo lo posible para que esa realidad no se desperdicie y no se frustre una vez más. Eso es, en pocas palabras, la razón por la que me encuentro haciendo lo que hago ahora.

David Gallagher:

    Mario, me acuerdo que cuando tu empezaste a defender la banca privada en el Perú, hubo muchas reacciones --en Chile por lo menos-- de este tipo: "Mario Vargas Llosa se ha convertido en derechista". En realidad yo no encuentro que has cambiado en esos años y que tus preocupaciones vitales, viscerales, son las mismas. Son la defensa de la justicia, la abolición eventual de la pobreza, etc. y lo que ha cambiado es tu percepción de los medios que llegan a esos fines.  A lo mejor podrías explicar un poco ese punto, o sea, si tú te sientes de derecha, o de dónde te sientes en esa dicotomía, o si compartes una visión que, por lo menos, tengo yo de que liberalismo, o el libertarianismo, o como queramos llamarlo, no tiene que ser necesariamente de derecha o de izquierda, sino que es un sistema de organización de sociedad que trasciende esa dicotomía.

Mario Vargas Llosa:

    Déjame decirte primero que quienes salieron al comienzo a defender a los bancos no fueron los banqueros, sino los empleados de los bancos, los empleados de las compañías de seguros y de las financieras. Los banqueros fueron tomados totalmente de sorpresa por esta medida, y su primer instinto, su primera reacción, de por lo menos un gran número, fue ver cómo negociaban, ver en qué forma podían pactar algún acuerdo que impidiera la catástrofe que esto significaba para ellos. En cambio, los empleados de los bancos no tuvieron ningún tipo de cálculo; ellos salieron a las calles. La primera manifestación que hay en el Perú al día siguiente del discurso de Alan García, es una que realizaron en Arequipa los empleados de los bancos, de las compañías de seguros, quienes se lanzan a la calle, a protestar aterrorizados con la idea de pasar a ser funcionarios públicos, y eso no por una cuestión de principios ideológicos, sino porque la experiencia peruana muestra qué es lo que ha pasado con las empresas que el Estado capturó.

    Un empleado de cualquier empresa privada sabe perfectamente bien que es lo que pasó cuando el Estado capturó las compañías de harina de pescado, cuando se nacionalizaron trescientas empresas, en qué se convirtieron esas empresas. Ellos entendieron inmediatamente, por la experiencia peruana, que a partir de allí iba a entrar la inseguridad en su trabajo, que los puestos que tenían iban a ser, a partir de la estatización, determinados, distribuidos, en función exclusivamente de criterios políticos, de influencias políticas. Que esas empresas iban a entrar en un riesgo de deterioro inmediato, eso los llevó a movilizarse. Así, entonces, en el Perú la defensa de la propiedad privada, de la empresa privada fue más una defensa de los usuarios que de los propietarios, eso es lo que explica la amplitud que tuvo.

¿Cuántos banqueros hay en el Perú?  Nosotros llenamos plazas con cientos de miles de personas, por lo menos doscientas mil personas debieron salir a protestar, si es que no fueron más, y no hay doscientos mil banqueros en el Perú. Para que se llegue a doscientas mil personas en las plazas públicas del Perú, muchos pobres tienen que salir a las calles, porque el Perú es un país de pobres, es un país de gentes muy pobres.

    Entonces yo sé que es muy difícil entender esto en el extranjero, porque se piensa que defender a los bancos es hacerlo a favor sólo de los poderosos, de los ricos. No hubo tal cosa. En el Perú fueron los pobres los que defendieron los bancos, defendieron algo que instintiva e intuitivamente sabían que representaba si no una realidad, por lo menos una posibilidad, un futuro para todos ellos.  Eso es lo que a mí me llenó de esperanzas en el Perú. Un país en el que yo no tenía ya muchas esperanzas de recuperación. Hasta esta movilización yo pensaba que el Perú estaba orientado hacia una dirección que muy difícilmente iba a poder cambiar. Que ya había una cultura detrás nuestro, una cultura de tipo socializante, una cultura de tipo estatizante, colectivista, que impregnaba no sólamente a los marxistas, a los comunistas, a los socialistas, sino también a los demócratas, a los conservadores, y que la sociedad peruana iba cada vez hacia peores formas de deterioro, porque éste era un proceso irreversible, y lo había demostrado Alan García de manera evidente.  Alan García sube con un apoyo extraordinario de toda la sociedad peruana, como el hombre que iba a modernizar nuestro país. ¿Y qué pasa? Asume Alan García y ¿qué hace con el Perú? Lo precipita todavía muchísimo más en la dirección del estatismo, del colectivismo. Yo había perdido las esperanzas de lo que sería una recuperación del Perú gracias a políticas de libertad.

    Cuando se produce esta experiencia de la movilización me quedé sorprendido primero, estupefacto, y después extraordinariamente entusiasmado, porque pensé que a pesar de toda la gravitación de esa tradición, de esa cultura del estatismo, había reservas en el pueblo peruano y fundamentalmente entre los pobres peruanos extraordinariamente vivas, que, debidamente estimuladas, podían convertirse en una gran fuerza de cambios en el Perú. Esa es la razón por la que he aceptado este papel, esta actividad, este compromiso para el que, profundamente, no tengo mucha vocación, esa es la realidad.

    Respecto de derecha-izquierda: desde que yo rompí con Cuba en 1970, soy atacado como un hombre de derecha, como un reaccionario, como un agente de los peores intereses. De tal manera, que ya he perdido, en cierta forma, el temor a ese tipo de etiquetas. Más reaccionario de lo que me han dicho, no me pueden decir; yo tengo prácticamente todos los matices de ataques que puede dictar la izquierda: Agente de la CIA, militante de los "Moonies", todo, es decir, aquí en Chile entiendo que se ha dicho que soy un agente del reverendo Moon. Ya me han dicho de todo, eso tiene una ventaja: que yo puedo funcionar sin temor a las etiquetas y a los slogans. De tal manera, que me digan que soy de derecha, no me importa. Creo que el problema no está en eso. Es cierto que no soy de izquierda en el sentido en que lo son en el Perú. La izquierda en el Perú es una
izquierda hoy en día prácticamente antediluviana, es una izquierda que todavía cree en el socialismo, cree en el estatismo, cree que el Estado debe ser el gran protagonista de la vida económica, cree en nacionalizaciones. Esa es una forma de conservadurismo tenaz, perseverante, es una manera profunda de ser reaccionario hoy en día. Entonces si eso es ser de izquierda, yo no soy de izquierda, yo soy un hombre que cree en el progreso, cree en el cambio, yo estoy contra el statu quo; estoy contra el establishment en el Perú, yo quiero que el Perú cambie profundamente, cambie de raíz. Una persona de izquierda en el Perú no quiere nada de eso. Una persona de izquierda en el Perú quiere mantener justamente unas estructuras que están montadas allí y quiere profundizarlas.

    Donde hay que matizar ahora es que existe una derecha en el Perú que es profundamente reaccionaria; una derecha que en eso está muy cerca de lo que es la izquierda; que no quiere cambios profundos, porque tiene casi el mismo terror biológico que tiene la izquierda a la libertad que nosotros tenemos.  Hay una tradición mercantilista en el Perú que es muy fuerte, que en el sector económico es muy fuerte, porque tradicionalmente en el Perú el sector económico ha tenido que funcionar dentro de un sistema mercantilista, y uno de los efectos de mercantilismo, es que malea también a los empresarios; no sólo malea a los burócratas, a los políticos, sino a los empresarios. Los empresarios en el Perú saben, porque el sistema peruano se los ha
enseñado así, a través de décadas, que la manera más segura de obtener el éxito económico, no es gracias a los consumidores, sino a los burócratas, al poder político, a las influencias políticas. Entonces su esfuerzo va por allí, conseguir esas influencias políticas, conseguir que el poder político les conceda prebendas, les conceda cierto tipo de privilegios, y eso ha maleado mucho a un sector empresarial.

    Gracias a Alan García, que nos ha prestado una gran contribución, los empresarios en el Perú empiezan a entender que un sistema de esta naturaleza, es uno muy peligroso, es muy precario para un empresario. Es preferible que haya un sistema impersonal como lo es el de la libertad económica, el sistema de la economía de mercado. Si uno piensa con visión de futuro, si no piensa simplemente en lo inmediato, y en el corto plazo, es mucho más seguro para un dueño de banco, o para el dueño de una empresa que su fracaso o su éxito no dependa del señor que está en el Ministerio, sino de los consumidores, es decir, fundamentalmente de su propio talento, de su propia eficiencia; la crisis, el gran fracaso económico de la democracia en el Perú está educando también a un sector del empresariado. Pero hay una derecha que sí representa esa forma tradicional, la de conservadurismo pertinaz, de cerrazón intelectual frente a lo que es verdaderamente el camino del progreso. Claro, yo no me siento en absoluto identificado con esa derecha, ni mucho menos. Que dentro de las fuerzas que hoy en día me apoyan haya un sector de esa índole no cabía ninguna duda, y yo sé que si nosotros llegamos al poder y empezamos a hacer las reformas que hay que realizar, ese sector va a tratar de impedir por todos los medios que esos intereses creados que ellos representan, se vean afectados, eso es así. Pero mi gran esperanza es que si nosotros llegamos al poder, no será por los votos de esos grupos que son muy minoritarios. Vamos a llegar por los votos del pueblo pobre peruano. Un pueblo pobre en el que yo sí creo y en el que las ideas de libertad gracias a fracasos tan terribles, como el fracaso de Alan García están arraigando, están abriéndose camino y está sí muy dispuesto, incluso ansioso de que se hagan esas reformas de apertura y de liberalización de la sociedad. Entonces yo creo que de ese sector va a venir la fuerza suficiente para poder oponerse a todo lo que sea intereses creados y resistencia al cambio.

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