EL DESOLVIDO
UN CANTO A LA POÉTICA DE LA LIBERACIÓN
La década de los sesenta se caracterizó por la aparición de fenómenos políticos que conmovieron al mundo. A Partir de esta época, generosa en acontecimientos relevantes para la humanidad, ha ocurrido también un cambio en la narrativa latinoamericana, cuyo "boom" o estallido logró la internacionalización de la Nueva Novela Latinoamericana en bloque.
Venezuela no estuvo de espalda al coletazo dejado por estos fenómenos exógenos; por el contrario, en su seno también vibró la efervescencia de la lucha. Para la época, el país vivió en forma turbulenta el cambio que se había producido a partir de 1958, año en que había caído la última dictadura militar y había comenzado la llamada democracia representativa. Este viraje político generó grandes expectativas en el pueblo, que esperaba una transformación social por parte de los nuevos dirigentes del país. Pero al poco tiempo las esperanzas se vieron frustradas porque el rumbo tomado por el gobierno democrático no fue el prometido. La ola de acciones violentas no se hizo esperar desencadenó en las guerrillas rurales y urbanas, que sacrificaron las vidas y la estabilidad de la Venezuela de los sesenta. Estos hechos incidieron de una manera significativa en la temática literaria de la década señalada y, aunque la mayoría de la producción continúo en los años setenta, la fuente de inspiración mana de los acontecimientos de esta época. La lucha armada y sus consecuentes reacciones de tortura y represión constituyeron los temas de producción literaria de los años sesenta y de la década siguiente. Armando navarro (1990) ha señalado que la influencia fue tal que no ceñirse a cierto tipo de temática o anécdotas era catalogado como antiliterario y sin valor estético (…) el asunto radicaba en la creencia según la cual el escritor debía estar acorde con los acontecimientos de su época, registrada y hacer de ellos la esencia de lo literario. Cualquier otra opinión era considerada anormal e infructuosa. (8).
La huella de violencia quedó fijada para la posteridad en los libros testimoniales y cada autor aseguró la realidad de estos acontecimientos a través de sus estilos personal y su punto de vista. La escritora Victoria de Stefano, vivió está época violenta y legó su testimonio a esa Poética de la Liberación. Cuando Armando Navarro reseña la época violenta de la literatura venezolana, hace referencia a la primera novela de esta autora en los siguientes términos. "La guerrilla urbana se retrata en otra novela: El desolvido ( 1971) de Victoria Duno".
Las líneas ofrecidas a continuación pretenden la aproximación a una de las novelas que aluden el tema guerrillero, a la problemática y a la angustia existencial de los años sesenta, la obra forma parte de la Poética de la Liberación, como la ha bautizado en algunos encuentros literarios el Profesor Luis Álvarez.
Victoria Duno manifiesta un testimonio sin adornos, su mensaje es directo y sencillo, alimentado tal vez por su educación filosófica. Esta escritora hace gala de un pensamiento sin artífices, porque en su primera novela es autora de ideologías más de que formas. En términos de Hjelmslev, su obra como signo artístico prefiere la entidad del contenido a la expresión. La búsqueda específica de esta lectura va dirigida al estilo literario de Victoria, a su contribución a la Poética de la Liberación. La escritora, con la transparencia de su lenguaje, ha exhibido el pensamiento a sus lectores con una visión particular.
Los signos Visuales de la novela
Al observar los signos visuales presentados en la novela. El desolvido, parece significativa la existencia del índice final como recurso tradicional de organización. Este signo de condicionador, determina el proceso mismo de la creación de la obra; pero, según opinión de Baquero Goyanes, esto no quiere decir que el novelista haya visto su novela antes de escribirla, como reticulada ya por la distribución de los capítulos. Cuando la escritora concibió su obra, probablemente iba acompasando el desarrollo de su relato, al que había de parecerle ritmo normal de un espaciamiento en capítulos, parciales apresadores de otros tantos parciales aspectos o momentos de la historia contada. De los 27 capítulos que posee la novela, tres de ellos no llevan título en la página donde comienzan ni están tomados en cuenta en el índice de la obra. Estos capítulos sin numerar son los siguientes: 1, 7, 10, y 16. Los cuatro conforman el discurso en primera persona del protagonista Pascual. El capítulo señalado con el número romano I, presenta una conversación entre- Pascual y su amigo Marcos, la voz del narrador está en primera persona. En el capítulo n° 7, también existe la proyección de la primera persona del protagonista Pascual. Estos dos capítulos son sumamente cortos y comienzan a mitad de página. Es como aproximarse un poco al "no escribir" referido por Blanchot en su obra La escritura del desastre, para no escribir hay un camino muy largo en la escritura y nunca es "cosa segura".
Para el crítico francés, el "no escribir" no es recompensa ni castigo, hay que escribir solamente en la incertidumbre y en la necesidad; no escribir es efecto de escritura, como si fuera un signo de pasividad, un recurso de la desdicha que sufre muchos esfuerzos para que escribiendo no se escriba todo. Existe una relación entre escritura y pasividad porque la una y la otra suponen la borradura, la extenuación del sujeto, ambas supone un cambio de tiempo. El texto se encuentra ante lo neutro, la ruptura silenciosa de lo fragmentario, la interrupción de lo incesante. Esto es lo propio de la escritura fragmentaria, la interrupción.
Los demás capítulos sin numerar son el N° 10, que presenta a Pascual en la cárcel quien. Mientras observa cómo duerme sus compañeros de prisión, se distrae mirando a través de la ventana hacia la libertad que proyecta el jardín. En el capítulo 16, Pascual recuerda a su amigo Fabricio muerto en una balacera. El silencio de este personaje es parte de su búsqueda interior y su proyección se observa en el blanco de la hoja. Los fragmentos están escritos como separaciones no cumplidas, lo que tienen de incompleto, de insuficiente, pertenecen a la decepción, a la falta de libertad que en ese momento sufre el personaje principal de la novela.
Los fragmentos destinados al blanco que los separa, encuentran en las separaciones, no lo que los termina, sino lo que los prolonga a los pone a la espera de cuanto los prolongará. Pascual dirige su visión a través de la ventana que lo separa de la libertad y el blanco de la página proyecta el silencio de su soledad. Siguiendo las ideas de Balnchot, podemos relacionar con la obra de Victoria, porque el silencio no se guarda, no tiene consideraciones para la obra que pretendía guardarlo, sino que existe la exigencia de una espera sin nada qué esperar. Existe un lenguaje que, al suponerse totalidad del discurso, parece gastarse de pronto, se des-uniese, se fragmentase sin fin.
En este esfuerzo por liberar el lenguaje literario, se da la solución de crear una escritura blanca, libre de toda sujeción con respecto a un orden marcado por el lenguaje. Barthes (1987) ha dicho que la nueva escritura neutra se coloca en medio de gritos y está hacha de su ausencia, pero es una ausencia total, no implica ningún refugio secreto, ningún secreto; no se puede decir que sea una escritura impasible.
Los efectos estructurales de los signos visuales de El desolvido dependen también de la brevedad de sus capítulos, ya que la composición de ellos es muy irregular. A lo largo de ellos, existe una extraña disposición de hojas en blanco. Si se vuelve al crítico Blanchot, resulta curiosos observar la existencia de un desastre como manifestación de ausencia, de lo pasado, lo no activo. Es "la manifestación de la muerte y es el ausentismo por olvido, como lo que no tiene memoria", ha comentado Goyo Ponte, y este hecho nos remite al mismo título de la novela. El desolvido.
Las hojas en blanco, a las que se ha hecho referencia, no presentan numeración visual que las identifique; pero, curiosamente, si están tomadas en cuenta en la paginación completa de la obra. Como la asociación de elementos combina su significación, el hecho de que existan hojas en blanco con una numeración implícita y no visual al lector, también podría ser un hecho significativo en lo que se refiere a la obra como ruptura. Desde esta novela, la autora comienza a experimentar con la forma. Probablemente en ella se cumple aquello de que "escribir puede tener al menos este sentido: gastar los errores, porque hablar los prorroga, los disemina haciendo creer en una verdad".
Los místicos alemanes, según Cirlot, se refieren a la forma o diagramación como a una manifestación del espíritu. Las hojas blancas existentes entre los diferentes capítulos tienen un valor de integración y resumen. El hecho de que prevalezca la horizontalidad en la secuencia numérica de las hojas blancas, revela un predominio del intelecto meramente racionalista. La autora procura efectos estéticos, dimanados del orden y la simetría que existe en la continuidad de las páginas sin numeración visual que en total son 98.Estas hojas en blanco sin numeración aparente, si están determinadas por la serie ascendente de la paginación. La novela abarca un total de 163 páginas, incluyendo las hojas, mencionadas.
Si se regresa la numeración desde la página 12, que es la primera numerada, se puede observar cómo la portada corresponde a la página N° 1 y quizá sea esta hoja la que dé al lector la clave del texto, en ella aparece el rostro opaco de una fotografía. A nadie extrañaría que la autora haya tenido qué ver con la diagramación de esta enigmática portada o que haya estado de acuerdo con el diagramador para ofrecer este posible símbolo de ruptura.
Con el estilo propio y una manera personal de presentar esta secuencia numérica, la autora ofrece una expresión rítmica. La serie se constituye por la unificación de lo relativamente diversificado de lo unitario. Es la unificación de lo relativamente diverso, de la que habla Cirlot. El hilo que une el espacio "vacío" o región intermedia de los diferentes capítulos es el blanco de las hojas, de aquí la ruptura aparente entre los diferentes capítulos. Como afirma Block de Bear (1984): "En cualquier texto literario se urde un enigma y se cuenta con las atribuciones inherentes al lector para descifrarlo" (p.214). La competencia de toda lectura consiste en encontrar la solución al enigma. Entre los discursos de Victoria de Stefano y el silencio de sus capítulos ocurre literatura. El silencio de esos aspectos es condición de lectura y constituye el marco material necesario para su realización.
En una búsqueda de las relaciones entre los signos y el nivel semántico proyectado, es de suponer que los espacios en blanco también posean una dimensión semántica. Al observar tantas hojas vacías o páginas sin numeración visible, pero perfectamente hilvanados por una secuencia numérica percibida por el lector - activo, es de suponer que la autora ha querido comunicar algún sentido con la ruptura de su texto violento. Conocedora de archivos y fuentes de información confidencial de la guerrilla en los años sesenta, trata una literatura de guerra, la lucha urbana, testimonio atroz que no tiene nada gratuito en la trabazón elemental de esas vidas que abrazaron el mismo destino de la lucha armada Victoria De Stefano debió manejar materiales de primera mano, porque cuando se lee su obra, se siente la vivencia carcelaria, el fragor del combate, la desazón del fracaso.
El nombre de EL desolvido
La primera novela de Victoria Duno es enigmática desde su mismo titulo, El desolvido, la imposibilidad de olvidar. Comenta Cayaunare (1972) que si "olvido" es falta de memoria, "desolvido" sería la permanente memoria de algo. Desolvido seria la imposibilidad de olvidar, la vuelta obsesiva al mismo tema, a los mismos recuerdos y a las asociaciones, es la necesidad de recordar una época".
Si el olvido precede a la memoria o tal vez lo funda o no tiene parte en ella, olvidar no solo es una falta, un defecto, una ausencia, un vacío; el olvido que no recibe ni quita el pasado, sino que designado en él lo que nunca tuvo lugar, remite a formas no históricas del tiempo, a la otredad de los tiempos, a la indecisión eterna o eternamente provisional, sin destino, en presencia. De esta forma, el olvido actúa como lo negativo para restaurarse en forma de memoria, viva y revivificada. La novela de Victoria Duno se niega al olvido, necesita actualizar los acontecimientos que hicieron una época, es la necesidad de recordarla, de analizar y de obtener de ella lecciones. Este texto con su extraño título recuerda y condensa sigilosos movimientos, cautelosas reuniones, cartas desgarrantes, confesiones crudas, recelosos diálogos y configura una atmósfera tensa muy propia de esta narrativa de la clandestinidad, como ha observado Segal.
Una aproximación visual comenzaría desde el título EL desolvido, veamos su etimología: en la palabra "des-olvido", existe una primacía de lo oculto respecto a lo manifiesto y de lo latente respecto de lo abierto. La etimología hace alarde de búsquedas, se abre un espacio de interrogantes, pero no es sólo en la etimología erudita donde se puede encontrar una respuesta satisfactoria Blanchot (1990) añade a la existencia de "etimologías populares o literarias, las etimologías de afinidades y no de filiación" (p.83).
Des-olvido, de origen latino cuyo prefijo "des" significa privación, es una palabra inexistente; pero está llena de significados, va hasta donde existe la permanencia angustiosa de cada vida instable que sabe el riesgo al que se enfrenta con sus acciones subversivas; en la novela podemos leer las siguientes frases: "Después que las cosas pasan ya no vale nada recordarlas y lo que queda es la triste felicidad de haber cumplido. Triste, si, porque aquella emoción concluida debe siempre renovarse" (p.35)
El nombre de la obra va más allá de las soluciones, porque ellas, como el "desolvido" mismo son, por quién sabe cuánto tiempo, inexistentes también. Las palabras de Pascual en el capítulo final de la obra son evidentes. "cada día que pasa aleja las posibilidades, los muertos en vida crecen y el vigor desaparece. Ya será imposible que los vivos salven a los muertos" (p.161).
Olvido, del sustantivo latino oblivio es el segundo componente del titulo. Para Balnchort (1990), "el olvido obra como lo negativo, para restaurarse en forma de memoria" (p.76). Si el olvido es la negación, el prefijo latino "des" es la negación de la negación. También en latín dos negaciones afirman, ¿qué habrá querido la autora ratificar a través del titulo de su obra? En varias oportunidades Victoria Duno menciona la palabra olvido, bien sea como sustantivo o como verbo. En boca de Isabel, se lee: "Ya olvide (negritas añadidas en todos los ejemplos) mi cansancio, y los cuatro autobuses de la tarde y los de la mañana. Cuántos habré tomado en toda mi vida. Cuántos me faltará por tomar" (p.152); en otras páginas se pueden leer las siguientes líneas: "Entramos en un restaurante oscuro porque no había que olvidar la condición de Calatrava"(p.152), "He olvidado muchas cosas, otras me cuesta situarlas cronológicamente, como diría Fragorcito"(p.14).
La escritora en su ensayo Poesía y Modernidad, Baudelaire recrea, a través de la filosofía, el tema del olvido como búsqueda incesante de un recuerdo. Ella, lo mismo que otros pensadores, procura explicar el recuerdo, la memoria, el pasado, el presente, la duración y el tiempo. Para Victoria Duno, estas formulaciones forman parte de una misma necesidad, la de resarcir al hombre de su indigente relación con la experiencia y con las cosas, comprometida al olvido y al tiempo que recuerda. Es la aspiración ambiciosa de preservar el momento, un instante privilegiado del pasado, como suma felicidad alcanzada.
Generalmente las novelas como género controlan la verdad del pasado, sacan de las penumbras las impresiones que han entrado por los sentidos y han sido reprimidas por el cerebro y la distancia. En efecto, el tiempo tiene una acción destructora innegable, pero la memoria, " el desolvido" produce el milagro de liberar el instante del pasado. El arte de la imaginación lo devuelve con un movimiento de la vida eterna y con la repetición o auténtica recuperación de lo devenido se inicia una apertura hacia el futuro.
La repetición inserta la eternidad en el tiempo; no obstante, también es factible el estudio del recuerdo como movimiento retroactivo sin guardar formas, sino como hecho de inquietud y melancolía. Por esta razón, el hombre es un ser desgraciado y se evade de lo propiamente humano, de la vida. En El desolvido, Pascual vive lleno de melancolía; por eso, no es capaz de disfrutar los pocos instantes de tranquilidad al lado de Isabel. El recuerdo, el retorno hacía atrás no le permite el disfrute del presente: "Es una lástima que se viva sólo una vez, es tan poco, tan rápido"(p.38), "La experiencia me había enseñado que las situaciones y las personas que más nos afectaban sentimentalmente son las que con el tiempo nos inspiran los pensamientos más amargos"(p.51).
El recuerdo también constituye una forma de establecer pautas reguladoras de reconocimiento en al ámbito temporal de la conciencia, vendría a ser como un especie de olvido de los principios y en consecuencia, sería inservible para la aproximación a verdades de primera mano. De todos modos, tal como lo ha observado Victoria, estas esferas desviadas del camino son imprescindibles para el rigor de la vida y por eso el hombre busca una cura en la meditación y en el conocimiento. En una de las cartas enviada por el personal Calatrava al protagonista Pascual, se leen párrafos de búsquedas de soluciones para la afirmación de la causa revolucionaría que lo mueve: "Pascual, yo sé que nosotros triunfaremos y si no somos nosotros serán otros (…). Quedaré como héroe. Murió por la causa, dirán (…). Cuando haya un mundo revolucionario no sé qué carajo voy a pintar allí (…) porque sin guerra no hay nada". (p.84).
Al estudiar la relación de los signos de El desolvido, se ha procurado el análisis etimológico de la palabra y los posibles significados con el consecuente deseo de pertenencia en la memoria. Esta lectura de la obra, también nos invita a relacionarla con sus usuarios, esto es: receptor y o emisor, de aquí que nos aproximemos al pensamiento filosófico de la autora y a la organización de su propio mundo en la novela.
Victoria Duno desea expresar cierta coherencia en su mundo y procura superar situaciones del caos y del sin sentido de la vida.
Según Maldavsky, cuando en esta tendencia a la organización de una cierta coherencia predomina el deseo de ajustarse a las experiencias personales a los modos propios de atravesar y salir de las crisis vitales, entonces existen las bases para que la obra literaria sea sincera. Para la Victoria, existe un "lecho común de olvido y memoria: de pasado eternizado y recuerdo como pasado muerto; de verdad y mentira, sobre el que se desliza la concepción del fundamento poético del lenguaje"(p.51). En este sentido, se busca la verdad a través del pensamiento filosófico de la autora, expuesto en el ensayo Poesía y modernidad, Baudelaire y la angustia vital que en otra época reflejaban los personajes de su obra El Desolvido.
En su ensayo, Victoria De Stefano señala que el hombre se inclina sobre el pasado desde el recuerdo actual y sume su conciencia en lo que parecía inmóvil, eterno y silencioso, en lo fijado para siempre como absoluto. El ser humano se descubre a sí mismo como lo cambiante, y desde su presente sin eternidad, piensa, siente, duda, existe y hace palpitar a los muertos. Es lo mismo que ocurre en el mito de Sísifo, siempre se recomienda, nunca el hombre está en paz con el reposo. Ha fecundado el pasado y a su vez, será fecundado por él, ha dejado de ignorar el pasado y al hacerlo, ha perforado el muro que lo separaba de la vida y de sí mismo. Por boca de Ramón, personaje de El Desolvido, se observa la búsqueda continúa del pasado y la amargura del recuerdo: "Éramos gigantes, unas estrellas. Creíamos en tantas cosas no creemos en nada. ¿En qué creerán Pascual (…). Si por lo menos hubiese dejado todo, si se hubiese olvidado de todo esto". (p.113).
Con el recuerdo y el "desolvido", la escritora ha mantenido en el presente a los fantasmas del ayer y los ha fijado en su novela "No es Calatrava de mil novecientos sesenta y dos "(p.145). "No, la de ahora, ni la de mil novecientos sesenta y dos, una diferente que sólo podía inspirarme compasión y miseria, desconsuelo y vergüenza y una gran desconfianza en que aquella cara no podía procrear más que nobleza y nobleza"(p.147).
El afán de mantener vivo lo que se debe olvidar está evidente a través de juego de palabras, la novelista no desea el olvido de aquellos sucesos que marcaron la década de los sesenta. Por el contrario, aunque por boca de Pascual haya dicho: "en esa época fue cuando me dijo que no debía recordar nada de lo pasado, de lo contrario te vuelves loco de remate"(p.29), el mismo hecho de haber titulado su obra con el nombre de El Desolvido, ya es significado porque la autora desea mantener vivo un recuerdo obsesivo desde el mismo comienzo de su novela hasta el capítulo final: " A tan poca distancia de la muerte de Calatrava, como si quisiéramos buscar alguna emoción, profunda y valedera, para rendir tributo a lo que era pasado y ausente". (p.162).
Como no existe otro recurso para exhumar el mundo novelesco del tiempo, para remontarse al radiante esplendor del pasado, para fijar la realidad; Victoria acude a la palabra, a la imagen, a los conceptos, para hacer tiempo recobrado lo que la vida le ha arrebatado. Todos estos razonamientos se han conjugado en el título de su primera novela, cuyo extraño nombre El Desolvido, adorna la portada.
¿Alineación política y estética en El desolvido?
Para Roland Barthes (1987), todas las escrituras presentan un aspecto de cerco extraño al lenguaje hablado. La escritura no es un instrumento de comunicación, sino un desorden que "se desliza a través de la palabra y le da ese ansioso movimiento que lo mantiene en un estado de eterno aplazamiento"(p.26). La escritura es un lenguaje endurecido que vive sobre si mismo y de ningún modo está encargado de confiar a su propia duración una sucesión móvil de aproximaciones, sino que, por el contrario debe imponer la imagen de una palabra construida antes de ser inventada. La escritura siempre parece simbólica y se vuelve ostensiblemente hacia una pendiente secreta del lenguaje; por eso, está enraizada en un más allá del lenguaje, se desarrolla como germen y no como línea, manifiesta una esencia y amenaza con un secreto, es una contra - comunicación que intimida.
En toda escritura existe la ambigüedad de un objeto que es a la vez lenguaje y coerción, existe en el fondo de la escritura una circunstancia extraña al lenguaje, como la mirada de una intensión que ya no es la del lenguaje. Esa mirada puede muy bien ser una pasión del lenguaje, como en la escritura literaria; pero puede ser una amenaza de castigo, como en algunas escrituras políticas. En el caso de la primera novela de Victoria Duno es posible una doble lectura del mensaje. La obra está enmarcada, por una parte, dentro de la alienación política porque a través de sus líneas lleva un mensaje político y, por otra, posee una alienación estética, porque su autora utiliza recursos literarios ya codificados dentro de la violencia del pensamiento testimoniado.
Alicia Segal ha comentado que desde un criterio estético, al principio se palpa un avance dificultoso, flojo y sin fluidez. En la porción final del relato, se evidencia la certeza composición de secuencias cortas, la agilidad perceptiva y el lenguaje eficiente de la autora. Ante esta observación, se podría decir que el lector de esta obra se enfrenta ante un "operador del lenguaje" que cae en estereotipos, según término de Barthes.
Comúnmente, el estereotipo es triste porque está constituido por una necrosis del lenguaje evidente, sobre todo, en la estructura política, cuya base es calcada. Con el uso de este elemento "cliché", se aísla el germen de la ideología residente en todo discurso político. El estereotipo es el lenguaje imperante. En el caso de Victoria Duno, bien podría ser: una situación, un movimiento o unas teorías. Cuando se escribe con estereotipos, es posible caer en la alienación al lado de la fuerza del lenguaje; por eso, hoy día suele ser rechazado y superado.
La novela de Victoria es violenta porque es el canto que reproduce fielmente la realidad de los últimos años. Si la literatura como instrumento puede cambiar el mundo, con ella precisamente la autora desea reafirmar su carácter humano y liberador, su obra forma parte de la poética de la liberación y si en ella se observa poca literatura es porque el interés primordial de la autora ha sido otro. Los apresuramientos sintácticos y la forma desorganizada de los hechos, no parecen hacer mella en el resultado final, en beneficio de lo que la escritora cree justo y conveniente Victoria Duno ha propuesto teoricismo en su novela: hay una crítica a la revolución, una exaltación de la lucha guerrillera y un juicio acerca del resultado de algunos acontecimientos. Para llevar su mensaje, la autora ha hecho gala de un continúo y expectante monólogo, pero no como una verdad total. El desolvido es una novela de episodios contemporáneos, unidos a una secuencia formal; la intervención de varios personajes pone un toque de variedad dentro del contexto expresivo; pero, el monólogo responsable es el que predomina en la obra. No hay duda de que el material está pensado como vehículo de propaganda y que la intención queda resguardada por la realización de la obra. Muchos de los actos reflejan una ecuánime discusión de los hechos, la vida del combatiente está jugada y develada.
En la novela El desolvido, se desea tomar en cuenta el léxico particular y funcional de la autora, para observar la alineación política con el uso de estereotipos del pensamiento por una parte y la alienación estética por otra, conformada por las metáforas severamente codificadas. Si éstas no arrojan el placer estético buscado por los lectores, es porque la carga de significantes va más allá del mismo significado.
Este tipo de escritura no posee un lenguaje idealmente libre ya que descubre la elección del lector, da una historia y compromete sin que tenga que decirlo. La forma se hace así más que nunca un objeto autónomo, destinada a significar una propiedad colectiva prohibida. Desde el primer capítulo de la novela se observa un estilo comprometido con el pensamiento de la autora.
Meditaciones nocturnas. Una tertulia entre marcos y yo, somos viejos amigos (…) nos preparamos una tortilla (…). A estas horas se hacen los allanamientos (…). Le estamos dando vuelta a un gran asunto. Quedó medio cruda, declara Marcos. Tienes que aprender a comerla así, muy seca es un plomo. (Duno V.p. 7)
Como se pude observar, la escritora utiliza los términos ambiguos "preparando una tortilla" y "le estamos dando vuelta a una gran asunto": Estas frases remiten a un asunto clandestino, una reunión subversiva. El mismo hecho de que utilice la palabra "plomo" ya evidencia el compromiso de su discurso, porque es el metal con que se fabrican las balas de la guerrilla. La metáfora no escapa de un clisé más o menos integrado al lenguaje real, saturado de convención y quizá existe el sentimiento de la impotencia para crear ya una escritura nueva, porque esta es la utilizada por los revolucionarios.
Si se hecha un vistazo a otros recursos literarios, parecerían que no pretenden transmitir una sensación, sino solamente ser una marca literaria que sitúa el lenguaje como una etiqueta informadora de precios. En la novela se pueden leer las siguientes frases: "Después de cada trabajito, el mundo se parte en dos". (p.21). (todas las negritas, añadidas), "No me han llamado, cuando alguien anda desenchufado se acostumbra a dejarlo tranquilo" (p.29), "mano, Pascual, estás hediondo a tigre" (p.30), "No quedaba en mí sino un lejano recuerdo de aquel sobresalto de los preparativos, del corazón que saltaba como un morterazo." (p.35), "El Ávila es lívido en los atardeceres" (p.45). "Los están matando como ratas el ejército no come cuentos" (p.40), "Preveía el futuro como una sombra negra " (p.53), "La cara de Fabricio es una máscara pálida como el yeso" (p.64),"La moral ha caído en el peldaño más bajo" (p.67), "Ese temblor suavísimo de plumas de cisne […] como el tableteo de una ametralladora […]. Después nuevas descargas, la cabeza sobre las rodillas, me vi frente a un llanto…" (p.54).
La gran metáfora del encierro y la desazón por la falta de libertad, aparece en el cuaderno de notas de Ramón. En la caja número 5 de su archivo, guarda el siguiente escrito: Informe sobre las neurosis obsesiones y depresiones nerviosas que afectan a los animales… El cautiverio origina desviaciones sexuales. (p.57). En otras oportunidades, la obra entrega palabras populares, y giros relajados, en medio de sintaxis no propiamente literaria. Por ejemplo: "Coño, loco, me dieron […] ¡Ah, malhaya un bien tal! (p.14), "Tengo un mes aquí […] soportándole las mariqueras a Fragor,… antes de irme le voy a dar una coñamentazón del diablo"(p.15), "Te juro que me gustaría tener menos cojones y más cerebro"(p.82), "Es la arrechera de un pueblo"(p.82). "A ella le costaba creer que un hombre es más que eso, joder, joder, y mucho joder, joder siempre entre coños y recoños"(p28). El lenguaje propio de la guerrilla también es frecuente en la obra:"Aquí en Caracas no hay una sola concha [todas las negritas, añadidas] segura"(p.92). "Compredí que era más seguro mantenerme en la montaña". "El reglamento del Pin por un día se fue a la mierda"(p.98).
Esta codificación del lenguaje intenta reconciliar la naturaleza confusa del mensaje violento con una situación familiar y cotidiana que ha sido expresada en la novela. Victoria ha pretendido transformar los hechos dados por la historia (la violencia guerrillera de los años sesenta) en su arte novelístico; pero, quizá su escritura se convierta en artificial. El estereotipo de lo "natural", a veces, quizá no convenza porque existe una carga semántica comprometida con las imposturas ideológicas de la autora.
El envoltorio de clisés, hábitos y vivencias de la escritora, amenaza el lenguaje fundado sobre la palabra social. Frente a la sintaxis desordenada que ya se ha observado en la novela El desolvido, surge la desintegración del lenguaje, que sólo puede conducir al silencio de la escritura. Es la agrafía tipográfica a la que se ha hecho comentario anteriormente, el silencio de la forma que desea crear un vacío de la palabra. Este tipo de arte tiene la estructura de un suicidio, el silencio es en el como el tiempo poético, como el vacío y la destrucción. Esta forma se aproxima a una profundidad, la forma es un mecanismo de la función intelectual. Los códigos de la novela crecen alrededor del acto literario e imponen su existencia con el contenido de las palabras.
Por la voz narrativa de Pascual, la misma Victoria presenta un cuestionamiento de su escritura: "Tengo que reconocer que mi talento narrativo está en decadencia; se ha vuelto patibulario"(p.75), "No me pasa desapercibido que escribo mal y que cada vez lo hago peor, tengo desgano por componer frases apropiadas. Claro que hay momentos de inspiración, entonces no me doy cuenta de que escribo, pero eso ocurre pocas veces, la mayor parte del tiempo me sobran o faltan palabras". (p.30).
En la novela el desolvido, se puede apreciar textos completos del testimonio guerrillero, como si la autora hubiese tenido fácil acceso a los documentos. En la cárcel, cada uno de los personajes cuenta episodios de su vida, cargados de crítica al sistema. Con este material, la escritora se coloca al lado de los caídos, su escritura está alienada por el pensamiento que desea defender. Fabricio comenta: "solamente estudié hasta 3° grado. Eso no importa, los estudiantes no han servido para nada en este país […]. Cuando iba a casa de los V. oía hablar de cosas que si me interesaban […]. Hablaban de socialismo, de revoluciones, y de comunistas" (p.11) "El viejo me da lástima porque no va a ver la revolución, ni el socialismo tampoco, porque ha perdido la fe en los muchachos que sí la van a hacer"(p.12). " Cuando cayó P.J. yo me la pasaba en casa de los V. Fui a muchas manifestaciones […] Con R.B. en el gobierno me integré a los organismos armados". (p.12). "Los primeros tiempos no fueron de actividades armada […] el roce del morral nos hacia salir llagas en la espalda, los pies se destrozaban. Después vino la plomazón". (p.13).
Cuando la narración cae en labios de Marcos, otro de los personajes de la novela, se observa complicidad con los caídos e impotencia ante los sucesos: "Andábamos igualmente enviciados con las cosas de Cuba"(p.20), "Quién sabe si algún día llegaría a parecerme a Fidel". (p.21). "Así es la vida del guerrillero urbano, durante algunas horas su vida pende de un hilo, pero después […] es un dios y es un hombre y la vida le sabe diferente". (p.35).
En una carta del mismo personaje, enviada a Pascual se lamenta de que: "Nuestra desorganización, falta de método y desesperación llega a tal punto y que te encuentras imposibilitado para adoptar medidas clandestinas" (p.134), "Me parece que la actitud que han asumido no es la más correcta. Por una parte, Carmen no hace un carajo más que hablar de pendejadas y de paso, rememorando del pasado ¿Y tú? Según me han dicho fuera de beber aguardiente, […] nada, nada". (p.134).
El viejo, como se menciona en la obra al padre Pascual, comenta:"Tantos esfuerzos que hicimos para darte una carrera., contigo no se escatimó dinero. Siempre las mejores universidades […]. Has podido ser un intelectual de izquierda, dedicado a escribir, a tus libros, a la polémica de altura"(p.40), "Un hombre de su talento no sirve para esos trotes de guerras, hay muchachones de barrio, activistas acostumbrados a las durezas de esa vida, no son como tú que te criaste en un ambiente holgado, lleno de comodidades".(p.41).
Calatraya en una carta a Pascual escribe: "Necesitamos gente que ponga a funcionar las pistolas con el cerebro a ver si este pueblo comprende que esta pelea es de ellos, que cuando nos matan, a ellos les toca arrecharse". (p.83), "Las cuestiones que me desvelan no están escritas en ninguna parte. Lo que me interesa es este país, lo que hemos hecho, lo que vamos hacer. Lo que no debemos volver a hacer ". (p.83).
Carmen, la única voz femenina de la novela El desolvido basa su cuestionamiento al sistema en los siguientes términos. "Hay que sobrevivir en el convencimiento de que aún cuando se esté 24 horas en la universidad, no hay nada más qué buscar en ella, sólo título y mierda" (p.104). "Te sientes incluido en el ustedes por haber callado […] y te revuelves y tienes que seguir callando, toda la tarde, dos años más de tardes en silencio, por el título, por la plata, por la mierda"(p.104).
Hay por lo tanto, un callejón sin salida en esta escritura, y es el callejón de la sociedad misma. Es una escritura portadora de alienación de la historia venezolana de los años sesenta: "Recoge las cosas. A las nueve es el contacto" (p.162), termina obsesivamente la Obra. Este es el sueño de la autora; necesidad de testimoniar el desgarramiento de su lenguaje, inseparable al desgarramiento de las clases oprimidas.
La combinación de signos. Los personajes
Así como en la vida real no interesa la totalidad de la persona, sino actos aislados suyos, que de una u otra manera importan; en la obra artística, la base de la reacción del autor a las manifestaciones aisladas de su personaje es una reacción única de la totalidad del personaje, y todas las manifestaciones separadas tienes tanta importancia para la caracterización del todo como su conjunto. Como el autor no consigue enseguida una visión fundamentalmente creativa de su héroe, éste avanzará a través del caos hacia su verdadera postura valorativa, hasta convertirse en un ser total y estable. Los personajes de El desolvido luchan a través de la obra por una imagen definida y, como dice Bajtín (1985), se buscará en este proceso creado, a unos personajes que se han independizado de Victoria Duno y, aunque posean un enorme valor biográfico, han alcanzado cierto valor estético con su independencia con respecto a la escritora.
Para crear una clasificación sistemática de los personajes hay un caos completo en la éstica de la creación verbal. La confusión de diversos puntos de vista, de distintos enfoques y de diferentes principios de evaluación, aparecen en todo momento. Lo mismo sucedo con la presencia de los personajes positivos y negativos desde el punto de vista de la autora, surgen héroes autobiográficos y objetivos, idealizados y realistas; todas estas clasificaciones y definiciones de personajes no están fundamentadas en absoluto, no están jerarquizadas entre sí, porque no existe un principio único para su ordenación y fundamentación.
Dicho con otras palabras, no hay incidencia a nivel teórico entre el autor y el personaje, porque la correlación que se da entre ellos es de orden absolutamente distinto, la totalidad del autor y la del personaje se encuentran a niveles diferentes. Tacca ha observado que no existe duda sobre la distinción entre la palabra de un personaje, la del narrador y la de alguien que no habla ni cuenta, sino que juzga: el autor. Sin embargo, el autor no es inocente, porque sus personajes como todo lo demás, son obra de él y porque en toda novela, están presentados a través de un narrador.
Si nos dedicamos un poco a las relaciones entre Victoria, autora de la novela, y los personajes, hay de tener en cuenta una exigencia básica: la introducción del narrador. "Cuando existe un solo participante único y total, no hay lugar para un acontecer estético"(Bajin, 1985, p.28); por esta razón, la conciencia absoluta sin nada que le fuese extrapuesto, que la limite desde afuera; no puede ser estétizada. El lector puede familiarizarse con ella, pero en imposible que se vea como una totalidad conclusa. El acontecer estético puede darse únicamente cuando hay dos participantes, presupone la existencia de dos consecuencias que no coinciden. Cuando el personaje y el autor coinciden o quedan juntos frente a un valor común, se enfrentan uno a otro como enemigos, se acaba el acontecer estético y comienza el ético (panfletario, discurso, manifiesto). Los personajes se convierten, pues, paulatinamente en los canales fundamentales del caudal dramático. Más que el tema mismo de la novela pasan a ser fuente de información, juego de espejos, puestos en observación.
En El desolvido existe un juego de espejos y los personajes introducen a otros que a su vez reflejan sus propias imágenes. La autora juega hábilmente con esa posibilidad a través de una visión prismática y de esta manera ofrece la suma de los conocimientos parciales de sus personajes. El conocimiento parcial de cada uno de los personajes dará la visión total que tiene la autora del mundo.
En este juego de espejos que reflejan imágenes infinitas, Victoria Duno, la autora, introduce a su héroe Pascual sin carácter; por eso no lo sitúa desde el exterior ni lo analizada desde el interior, lo reduce a una voz que merece ser escuchada pero que nunca es la misma. El narrador se vale de la óptica de este personaje, de su mirada; pero no resulta fácil mantener el mundo a este nivel y aparece la necesidad de una conciencia, la narración deja de ser un punto de vista para ser una conciencia narradora.
Pascual es portavoz del narrador desde las primeras páginas y su grado de interpretación en la historia determina la importancia jugada en el papel que desempeña.: "Meditaciones nocturnas. Una tertulia entre Marcos y yo, somos viejos amigos, somos hermanos" (p.7). Como se ha observado, este personaje introduce en el juego de espejos a Marcos, quien a su vez refleja la imagen de la voz que comienza el relato: "cuéntame una película, Pascual". (p.7) y con este diálogo aparece el nombre de la voz que había introducido el relato sin definirse.
A lo largo de la novela cada personaje refleja una verdad parcial de otro, se recurre al juego de los espejos, no prevalece la mirada omnisciente del relator, sino una sustitución del relator por la intermirada de los personajes. Victoria ha introducido a su primera voz y ésta sigue, con la introducción de las otras voces, la vida de un grupo de personajes y la suya propia, a través de diferentes etapas. Existe un grupo de héroes a los que la voz sigue como en una novela - río y las completa. Pascual introduce a Marcos y completa la visión de este personaje con facetas de otras épocas en el tiempo del relato: "Marcos pela las papas con su cara de combatiente en paz consigo mismo. Lo hace tan serenamente como una vieja cocinera de oficio"(p.46).
Pascual introduce Isabel: "Parecía una linda mujer dispuesta a vivir, a dar y a recibir plácidamente; serena, satisfecha, algo nostálgica, pero feliz, feliz, muy feliz" (p.49); "Pensaba en eso de estar casados. En ese momento éramos un matrimonio; ella en la cocina y yo aquí esperando que lo tuviera todo listo para sentarme a la mesa" (p.52). Pascual se refleja en Isabel y se pinta a sí mismo en varias oportunidades: "¿Qué pasaría si descubrieras que no eres tan valiente como para eso? Isabel me lo decía 3n diferentes formas. Le respondía que de ser así debía considerarme un cobarde" (p.33).
Pascual introduce a Fabricio cuando conversa con Isabel: "Hasta Fabricio puede decirte lo que es [el miedo] él puede echarte el cuento porque es valiente y le sale de frente a lo que sea"(p.28). Al presentar a Ramón, también enfoca la imagen de Isabel: "El otro día Ramón me preguntó sí había tenido un amor especial. […], me quedé callado, me di cuanta que tenía una imagen borrosa […] pues bonita, supongo que bonita si tanto me gustaba "(p.29). El mismo Ramón refleja a Pascual en un diálogo sostenido en la cárcel: "Mano, Pascual estás hediondo a tigre. Báñate, por favor"(p.30), y en otra oportunidad cuando el tiempo ha pasado y sólo ha dejado nostalgia en los personajes: "Ramón recordó que nunca lo había visto con flux y corbata. Se veía extraño acicalado para una fiesta que no se iba a dar". (p.112),"Pobre Pascual, se dijo Ramón. El que parecía tan cuerdo, un tipo noble y generoso en el fondo"(p.113). "¿En qué creerá Pascual? Qué será lo que lo mantiene dando vueltas por los bares, llorando abrazado de los amigos, renegando de todo, dándole vueltas a las mismas historias" (p.113).
"El viejo", padre de Pascual, es presentado por la primera voz del relato: " Aquí está el viejo. Me dice que esta dispuesto a hacer gestiones para sacarme"(p.39), "Yo sé que tiene ganas de irse. Se las aguanta porque no quiere que vayan a decir que es un hombre indiferente. Sobre todo para demostrar que él es mejor padre que yo hijo"(p.41). El viejo, a su vez, es el espejo de Pascual: "Tantos esfuerzos que hicimos para darte una carrera […] has podido ser un intelectual de izquierda […] un hombre de tu talento no sirve para esos trotes de guerras […] tú te criaste en un ambiente holgado, lleno de comodidades"(p.40-41).
En otras líneas, Pascual refleja su figura en el espejo de su conciencia: "Quería ser un hombre de acción, un hombre puro, el hombre nuevo; permanecer incontaminado". (p.50). "Arropándose con mi nuevo espíritu me digo que no soy un tipo tan despiadada como cree el viejo, que mi corazón puede llegar a tener peso diferente". (p.64). "Sobre todo este borrachito que soy yo"(p.114). Victoria Duno juega con los espejos creados en su obra y refleja la imagen del Pascual avejentado por la bebida y el desengaño, ante un espejo de la sala de baño. El personaje ve su propia imagen: "Con la boca terriblemente amarga y una palidez pestilente en la cara […] me baño y al afeitarme me miro en el espejo para decirme que ya tengo treinta años, un destino: cornudo, una vocación frustrada: el heroísmo. Después, me vuelvo. Le doy la vuelta al espejo". (p.149).
Aunque Pascual dé la vuelta al espejo, éste continúa siendo el recurso que devuelve las figuras de los personajes de Victoria Duno. En la novela, existe un caudal de scientia, se ofrece un conocimiento mutuo a través de diversas biografías verbales. Entre estas presentaciones personales, aparecen la de Fabricio, la de Marcos y la de Carmen; quienes a su vez se introducen mutuamente y completan la totalidad de otros personajes a través de un curioso entrecruzamiento.
La manera de presentar personajes con la ayuda de las imágenes de los espejos, trae a entes ficcionales a no autobiográficos. Son posturas emocional - volitivas de los héroes dentro del acontecimiento que narran en primera persona. Los protagonistas logran expresar ideas éticomorales que los determinan y ellos mismos son los portadores, desde el punto de vista del autor, pero no serán su espejo biográfico. Sus relatos constituyen la evolución de un pasado, es una confrontación entre un ayer intensamente vivido y un hoy de remembranzas. En este enfrentamiento mutuo y silencioso, suceden paréntesis reflexivos y moralizadores, que matizan aún más la imagen completa de los protagonistas.
Fabricio, quien ha sido introducido por la voz de la narradora/Victoria/autora, a su vez se presenta a sí mismo: "Nací en Paracotos, un caserío del Estado Miranda, el 23 de agosto de 1943[…] solamente estudié tercer grado".(p.11 y 12), también es espejo que refleja a su mamá:"Mi vieja es muy buena, no sabe leer ni escribir pero trabaja como una mula"(p.11) y a Lucía: "Me dolía que Lucia estuviera presa, pensaba que podía rescatarla[…]. A los pocos meses es estar en la montaña supe que Lucia se había casado". (p.13).
Otra biografía verbal es la ofrecida por Marcos: "Yo vivía en Sarría y tenía diecisiete años. En la mañana iba al liceo" (p.19); a su vez introduce a su mamá: "en las tardes le hacía diligencias a mi mamá"(p.19),"la vieja no se daba mucha cuenta de mis actividades. No vivía sino para la costura, le ponía tanto empeño que era cosa de locura. Ella había tenido muchas ternuras para mi […] después se murió"(p.22) y a su hermana: "Carmen se vino para Caracas, ella es hermana mía por parte de padre. Traía una niña de meses […consiguió trabajo de ascensorista y en la noche iba al nocturno"(p.22). La voz de Marcos introduce a Antonio: "era un poco mayor que nosotros y era maestro en Los Teques […] hablaba como un bachiller, pero podía ser tan grosero como el que más" (p.19).
Carmen presenta la voz femenina de la obra y llama la atención porque los personajes de Victoria de Stefano por lo general son masculinos. Esta protagonista adquiere un a dimensión especial, sobre todo al final de la obra. Da la impresión de que el personaje se apropiara de la autora. Tanto su orientación emocional y evolutiva, como su postura ética y cognoscitiva poseen prestigio; por está razón, la escritora observa y juzga al mundo a través de Carmen. No parece ser un acuerdo o desacuerdo teórico entre la autora y la protagonista, parece ser más bien la búsqueda de un obligatorio punto e apoyo que fuera del personaje no existe. En Carmen es posible encontrar una actitud capaz de marcar la visión de mundo de la escritora con la profundidad de sus razonamientos y con todo el bien o el mal de sus pensamientos. Es un centro de valores en muchas oportunidades, en definitiva, parece ser la voz crítica de la misma Victoria Duno.
Carmen se presenta de la misma forma que lo había hecho Marcos y Fabricio: "tengo veintiséis años. Me lo repito a cada rato […] soy una india pequeña, delgada, que conoce la ira, el odio, el desprecio, que ejerce todas esas cosas terribles, con una voz dulce, humilde mantenida"(p.107)."No me gradué"(p.120)."Estoy harta de visitar presos"(p.121)."A los dos meses de estar en la cárcel estaba otra vez empaquetada"(p.121). Este personaje difuso en algunos momentos, y ya se verá el porqué, presenta a su hija:" la niña estará viendo televisión". (p.151). "Cuando acaricio a mi hija"(p.107).y a sus padres: " Mi madre era una lavandera zamba, mi padre un campesino blanco". (p.107). Si se pensara en una novela romántica, Carmen resultaría el personaje que redime al protagonista Pascual, a través de ella se conoce que: "Pascual lleva más de una semana sin probar alcohol […] yo debo ayudarlo en su redención, lo hemos convenido"(p.161).; por esa razón, al final de la novela, la imagen reflejada por su espejo es la de un hombre nuevo con respeto a Pascual: "Vi su camisa azul y su mirada desvaída y bella viéndose, como si todavía no pudiera abandonar el recuerdo de todo el pasado.(p.162).
Se ha dicho que Cramen parece, en algunas oportunidades, un personaje huidizo por la razón de que, a veces, se presenta como una figura inasible. Su identidad tiende a confundirse o a perderse, en un principio, entre las otras instancias de la novela y el lector necesita determinar su imagen a través de un sistema de descripción de los demás personajes que la rodean durante su evolución en la novela.
En una entrevista con Pascual, Carmen comenta: "A Marcos no he vuelto a verlo desde hace más de tres meses"(p.121), este hecho da pie a que se recuerde a la hermana del personaje mencionado. Este, como se recordará, había introducido a su hermana Carmen, quien coincidencialmente tenía una hija y había venido a Caracas. Cuando se combinan estos signos dados por la escritota, se puede conocer que se trata de una persona diferente, porque la Carmen de Marcos era su hermana por parte de madre, y él mismo había presentado a su vieja como costurera. Por el contrario, la voz de Carmen, el personaje femenino que asume los últimos capítulos del relato, cuenta que era hija de "una lavandera zamba": Estas explicaciones dadas organizan la relación de estos personajes que probablemente se podrían confundir en una lectura poco profunda de la novela El desolvido.
El género epistolar, que encierra recursos modernos de la novelística contemporánea, también ha sido utilizado por la escritora Victoria Duno en su primera novela. La obra presenta un nuevo enfoque múltiple de sus personajes con tres cartas escritas por Calatrava, Carmen y Marcos respectivamente y cuyo destinatario interno siempre será Pascual. Aunque la autora haya dado la palabra a estos tres narradores epistolares, la conciencia de Pascual, y su lectura de las cartas mantienen siempre a este personaje en primer plano.
Este género constituye un canto a dos voces, proporciona al lector un verdadero diálogo o intercambio de correspondencia entre las diferentes parejas conformadas por cada uno de los remitentes y el destinatario de las cartas: Pascual, Existe, pues, una redacción de la primera persona hacia el destinatario interno en forma sucesiva. El acto de la escritura asumido por los narradores, Calatrava, Carmen y Marcos se encuentran en el tiempo presente o en un pretérito inmediato, es un presente lanzado a un futuro desconocido y abierto a todas las posibilidades.
Calatrava inicia su carta saludando a Pascual y a su vez introduce a nuevos personajes: "Amigo Pascual, los muchachos están bien. A Lola hubo que amputarle una mano. […] estamos pasando una mala racha. Raúl, Manuel y Javier, muertos. Elio, preso, para rato […] Mario se ha vuelto un escéptico" (p.81).
Junto al lenguaje epistolar ofrecido por la "voz" de Calatrava, se presentan dudas, interrogaciones, apreciaciones y reflexiones a las que se ha llamado "intrusiones" del autor; esas dudas, según opinión de Tacca (1978), no siempre trasuntan el pensamiento real del escritor, del hombre que escribe. Tales reflexiones son exigidas por el libro y aportadas por el oficiante"(p.17). En todo caso, las epístolas leídas en El desolvido parece presentar el pensamiento solapado de la escritora, como si la entidad llamada autora asomara muchas veces en la obra detrás de sus narradores porque no confía enteramente en ellos. Por eso, su intervención sutil y "a escondidas" arregla, compone, aclara y completa las ideas de sus personajes.
Entre las teorías de la carta de Calatrava, se pueden leer las siguientes notas "Hay algo que nos falta, algo que nosotros los gatilleros […] no podemos dar. Necesitamos gente que ponga a funcionar las pistolas con el cerebro a ver si este pueblo comprende que esta pelea es de ellos, que cuando nos matan a ellos les toca arrecharse"(p.83). Junto a las teorías, Calatrava enfoca la imagen de Mario: " Puro darle vuelta a la revolución: que si la estrategia, que si la táctica, que si el foco, que si la experiencia urbana, y a la hora de la verdad no saben para dónde coger"(p.83). A través del personaje Lola, el mismo Calatrava se da cuenta de su poca preparación para la guerrilla: "¡Qué coño de formación voy a tener! Nadie le habla claro a uno. Me dicen que lea este o aquel librito. Las cuestiones que me desvelan no están escritas en ninguna parte. Lo que me interesa es este país, lo que hemos hecho, lo que vamos a hacer. Lo que no debemos volver a hacer." (p.83).
Con la carta enviada por Marcos se presentan nuevas parcialidades de los personajes ya conocidos: "Pascual: la semana pasada estuvo Carmen a verme". Existe un diálogo continuado porque esta carta es respuesta a otra misiva. "No te había escrito antes porque hasta ahora no tuve posibilidad de hacerte llegar mi carta". (p.133). Marcos se refleja a sí mismo: "De nuevo estoy preso". (p.133), da otro enfoque a las imágenes del mismo Pascual y de Carmen: "carmen no hace un carajo, más que hablar pendejadas, y de paso rememorar el pasado. ¿Y tú? Según me han dicho, fuera de beber aguardiente con el dinero que te da tu padre […] nada, nada"(p.134).
La carta de Carmen es de una mujer crítica bajo el desengaño y el desespero del presente confuso: "Querido Pascual, me dices que aguante, me pides paciencia"(p.101).Con el cambio de emisor (reemplazo del narrador), se originan un trueque radical de perspectivas. Parece que el destinatario externo de la carta de Carmen fuese el mismo lector, podría verse la posibilidad de una carta a los actuales lectores de las obras testimoniales de los años sesenta:" aquel tiempo en que trabajar y estudiar quería decir estar en otro asunto"(p.102).
Con este personaje existe una tensión difícil de resolver. La escritora está siempre presente detrás de Carmen y no puede tenerla callada. Cuando la voz de Carmen aparece como legítima, la de Victoria Duno parece como intrusa. En este caso, el narrador siempre acierta, cuando habla y cuando calla, por eso Victoria calla para aceptar con la voz de su protagonista femenina. En la carta de Carmen existe una experiencia que convoca respuestas, la información desempeña aquí un papel importantísimo: "Debemos dar nuestro apoyo a la clase obrera […] la universidad necesita mayor presupuesto […] pensé que con el lío de la renovación no íbamos a poder graduarnos"(p.103).
La escritura epistolar hace patente la existencia de diversos tiempos que se responden y entrecruzan; un tiempo de producción, el ocupado por Carmen al escribir la carta, y un tiempo de la lectura empleado por Pascual. La información epistolar utiliza del modo más natural todo el registro de las personas gramaticales, incluso el de la segunda persona: "me dices8p.101),"ustedes en otra parte"(p.103). El uso de la correspondencia es un recurso que sustituye la omnisciencia del autor y permite un rico juego con respecto al destinatario que no sólo es Pascual el protagonista de la novela, sino el lector de El desolvido.
Por la "voz " de Carmen se conoce la crítica más ardua del relato. La escritora ha dejado hablar a la protagonista. El personaje cuenta hechos de su pasado, contemplados con la relativa "ajenidad" que impone el tiempo. Se convierte en una observadora de sus acciones. La que habla es el personaje Carmen, y lo que dice concierne a su personalidad; pero, el tono y el concierto del discurso son obra de una narrador, de ¿Victoria Duno?: "Uno se pregunta se será capaz de volver al pupitre habitual y esperar que algún profesor siga dos años más, repartiendo renovadísimos saberes". (p.103)."Hay que sobrevivir en el convencimiento de que aún cuando se esté las 14 horas en la universidad, no hay más nada que buscar en ella, sólo titula y mierda". (p.104)."piensa en Cuba y recuerdas diez años de exaltación revolucionaria y ardió habana lanzándote cada vez más fuerte hacia la guerra y no entiendes el lenguaje nuevo, unificar los partidos comunistas y la zafra del 70 y los discursos".(p.104).
Esta presentación multidireccional de los personajes y su imagen en los diferentes espejos, también remite a la cadena de espejos. Carmen refleja el personaje Ramón quien a su vez proyecta la imagen de Calatrava y éste la de Pascual. "Recordé las palabras de Ramón. Calatrava es como Pascual. Si deja de actuar está perdido. El pensamiento lo va royendo lentamente". (p.144). Pascual refleja a Carmen y ésta a su vez a Fabricio:"Carmen nos dice que ha perdido la esperanzas. Ya no lo devuelven a la montaña porque en la ciudad es muy útil. […] Se arriesga, es un gran tipo para las acciones". (p.77).
Como se ha podido observar a través del presente estudio, la inteligente dosificación de técnicas, la combinación, variación y la intensificación de un recurso mediante la inyección de otro, han permitido a la novela El desolvido una renovación del género con la fecundidad y el esplendor que hoy día ofrece un rico terreno para la reflexión crítica. La actitud de la escritora frente a sus personajes y la manera de presentarlos, se ha complicado y matizado mediante definiciones poético-cognitivas de la totalidad de sus personajes. Estos han sido fusionados indisolublemente con su complementación artística y su orientación ha sido valiosa por parte de la escritora. Des esta manera Victoria Duno ha presentado la totalidad concreta y única de sus personajes, llena de múltiples cualidades.
La organización de un mundo caótico y la trascendencia ideológica
A través de su obra literaria, Victoria Duno trata de organizar una cierta coherencia en su mundo; procura superar el caos, la incertidumbre y el sin sentido de la vida. Cuando predomina la necesidad de ajustarse a las experiencias personales, a los modos propios de atravesar y salir de las crisis vitales, como evidentemente parece suceder en el caso de la escritora en estudio, entonces existen las bases para que la obra literaria sea sincera. La sinceridad en este caso implica que la obra posea una dimensión semántica consistente, no despojada de ambivalencias, sino dotada de signos cuya última finalidad sea el logro de un hecho estético. Hablar de sinceridad de una obra literaria implica, pues, la coherencia dentro de ella misma.
En un nivel abstracto, cualquiera dimensión semántica que se dé en un texto, siempre se organiza en dos deixis, una valorada en modo positivo: lo permitido, lo organizado, y otra, de modo negativo: lo prohibido, lo desorganizado. Este hecho permite concebir que toda obra literaria supone un pasaje de una a otra de las deixis descritas. Estas oposiciones pueden ser observadas en la obra de Victoria a través del caos, la incertidumbre y la nada que se proyecta en el relato, previa la experiencia de leer las combinaciones de signos y el contenido invertido del orden, la certeza, la totalización del cosmos coherente, logrado sólo con el proceso de la lectura completa y la aprehensión del final.
Las estructuras ideológicas se manifiestan cuando ciertas connotaciones axiológicas se asocian con determinados papeles actanciales inscritos en el texto. Cuando un andamiaje actancial se carga con determinados juicios de valor y se transmiten oposiciones como: bueno - malo, naturaleza - cultura, verdadero - falso o vida - muerte, entonces el texto exhibe su ideología. De esta manera, el lector puede extraer mediante identificación de estructuras profundas, algo que el autor no ha querido decir y sin embargo, el texto lo exhibe con claridad, se describe una verdadera que la obra deja traslucir sin que el autor fuese más o menos consciente de lo que hacia, pero lo que importa es lo que textualmente ha dicho.
El desolvido ofrece oposiciones ideológicas y actanciales, porque su autora ha implicado a un grupo subversivo que lucha contra la oficialidad de los años sesenta, específicamente durante el período del Presidente Rómulo Betancourt. En este grupo presentado, aparecen diferencias sociales evidentes. Fabricio recuerda: "Cuando tenía mi Fal y nos enfrentábamos a los soldados, yo sentía que debía disparar por […] todos los que en este país están jodidos, por la gente de mi barrio"(p.14);Pascual comenta: "El hecho de ser burgueses ilustrados es algo que nos acerca, nos une"(p.76) y Carmen confiesa: " Hay que terminar la carrera, cuando termine seré más libre […] son dos años que por la plata que está allí esperándote detrás de la carrera, del título, me hundo en esta inmensa y desbordante porquería".(p.102). En el grupo también es fácil observar la diferencia en cuanto a los estudios adquiridos por los personajes, Fabricio se presenta de la siguiente manera: "Solamente estudié hasta tecer grado"(p.11), Marcos confiesa: "Cuando pasé a cuarto año ingresé a la organización"(p.20), Carmen le comenta a Pascual años después: "No me gradué. Estoy trabajando en una librería" y del mismo Pascual, se conoce por boca de su padre: "Tantos esfuerzos que hicimos por parte una carrera, contigo no se escatimó dinero"(p.40). En esta primera aproximación, se observa la relación evidente entre la clase social y estudios que poseen los protagonistas de la obra, en consecuencia la autora propone el cultivo de los estudios y la educación en general para el progreso del ser humano.
Victoria Duno evidencia unas propiedades específicas para este grupo que une en su obra, entre otras, la valentía, el arrojo y la búsqueda de acciones: Fabricio no se conforma con su destino de rebelde tirapiedras, porque" no era sólo las manifestaciones. Había que hacer otra cosa"(p.12);"teníamos por fin la oportunidad de combatir"(p.13), comenta al recordar que su vida podía tener más acción. Marcos se daba cuenta" de que teníamos que persistir […] por los compañeros como Antonio […] si se da la revolución, para nadie tendrá tanto significado […] como para él".(p.23). Todos conocen que a Fabricio "ya no lo devuelven a la montaña porque en la cuidad es muy útil, nadie como él para darle frente a los peligros. Se arriesga, es un gran tipo para las acciones". (p.77).
En el desarrollo de acontecimientos se puede observar los estados del mundo de los sesenta en Venezuela. En la novela se destacan acciones de la guerrilla urbana. El mismo Lino Martínez "El Catire", quien fuera comandante de la guerrilla ha comentado (Blanco, A.1982) que la guerrilla venezolana no fue campesina, había sido una guerrilla urbana trasladada el campo y después incorporó a algunos campesinos como para dar un poco más de estabilidad (p.44). En El desolvido se pueden leer líneas claves para el desarrollo de acciones oficiales y subversivas; en efecto, se presentan frases referentes a las mentiras del gobierno: "La información estaba medio choreta. Metía algunos embustes y otras cosas las silenciaba". (p.21), Basta leer la prensa para darse cuenta de que el gobierno tiene la situación en sus manos"(p.40). También pueden observarse las amenazas y opresiones contra la clase subversiva: "El ejército no come cuento. Está dispuesto a verle el hueso a la subversión", "Esto está perdido […] sólo quedan más que cuatro tipos echando tiros; muertos de hambre, acosados, perseguidos". (p.40), "La cacería había comenzado en serio. Ni él iba a dejarse agarrar vivo ni ellos le perdonarían la vida"(p.78), "Estaban emboscados, pero oímos sus voces que decían entréguense, salgan de ahí, criminales, asesinos, los vamos a m…"(90).
Las abstracciones presentadas por estos individuos también resultan interesantes para el estudio ideológico de la obra. Estos personajes son buenos desde el punto de vista de la autora, quien se ha colocado, a través de todas las voces de la novela, desde la óptica de los oprimidos. Como en toda la novela el punto de mira decide la voz, el ángulo de enfoque que presenta Victoria Duno es la de los que luchan por una causa justa, por eso adopta con mayor frecuencia la óptica de una perspectiva determinada, la primera persona, bien sea de Pascual, Fabricio, Marcos o Carmen. Es la perspectiva que abunda en la novela, sin embargo y, ya se ha observado, el narrador omnisciente también determina el orden del mundo en esta obra. De lo que sí no hay duda es de que cualquiera de los dos ángulos, la ideología de la obra proyecta una visión de los que luchan por la igualdad, por la paz y por la justicia en el mundo.
Los personajes de Victoria Duno siguen su propia verdad a través de sus ideales igualdad. Marcos, al pasear por su barrio con el maestro Antonio, Cuenta: "Nos paseábamos por el barrio, se paraba a mirar los ranchos de la quebrada […]. Se tiene que acabar porque sí. Lo que hace falta son hombres y ganas de unirse"(20).Marcos también da fe de sus ideales en otro relato: "Me encontré con la cara de Antonio […] diciéndome que teníamos que hacerlo, que nosotros sí, que el mundo iba a ser diferente"(23). Los protagonistas también proyectan ideales de grandeza, de la búsqueda continua de felicidad: "El Comandante […] era un tronco de militar […] sabía adónde iba y siempre nos estaba comunicando sus ideas y discutiéndolas con nosotros". (84).Calatrava es fiel a sus ideales revolucionarios:"Sin guerra no hay nada […] No nos quedará más camino que buscarnos otra revolución, y ojalá que no escaseen. Haremos como el Che"(84).
La semántica lógica ha elaborado el mundo posible para desplazar los problemas intensionales a una perspectiva extensional. Decir que un texto plantea cierta proposición como verdadera en un mundo posible, significa decir que el texto ejecuta estrategias discursivas para presentar algo como verdadera o falso, como mentira o verdad. Umberto Eco (1981) ha teorizado acerca del mundo posible como un conjunto de individuos dotados de propiedades. Como algunas de esas propiedades son acciones, un mundo posible también puede interpretarse como un desarrollo de acontecimiento (p.181). Un mundo posible es una construcción cultural y en la novela El desolvido se han tomado prestadas ciertas propiedades del mundo real y, acudido a ciertos individuos ya reconocibles a quienes no se necesita reconstruir propiedad por propiedad.
En más de una oportunidad se nombra en la novela a personas de la vida real, que fueron testigos de la época violenta de la Venezuela de los años sesenta. Por ejemplo Fabricio, al contar su historia, comenta: "Cuando cayó P.J."(p.12) y se refiere al Dictador Pérez Jiménez, cuya caída en 1958, fue acontecimiento importante para la década siguiente. En su relato, también se puede leer: "Con RB en el gobierno" y estas dos letras RB personifican a Rómulo Betancourt, el primer presidente democrático de Venezuela, quién había prometido un gobierno de amplitud en el Pacto de Punto Fijo, como ya se ha observado en el marco histórico de este trabajo, y después excluyó al Partido Comunista de Venezuela (PCV) de este acuerdo. Se recordará que debido a esta actitud del presidente, Venezuela vio afectada su paz por las violencias populares del P.C.V. y los disidentes del partido de gobierno que habían formado su organización aparte, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).
Sin pretender una búsqueda de las personas reales sobre las que se han fundamentado los personajes de El desolvido, se puede hacer alusión a dos evidencias curiosas. Una de ellas es: "Por eso me gustaba tanto el Comandante (y se tuvo que morir). Era un tronco de militar, pero sabía adónde iba siempre nos estaba comunicando sus ideas y discutiéndolas con nosotros" (84). La escritora alude evidentemente al Comandante Argimido Gabaldón, muerto el 13 de diciembre de 1964 por un tiro accidental que escapó del Fal del Comandante Zapata. La imagen del héroe se repite acertadas exposiciones: "El Comandante insistía en la cuestión política. Nos fuimos dando cuenta de que estaba en lo justo: la formación de los compañeros en armas era algo vital"(p.145).
Cuando se lee el siguiente pasaje de la novela: "lo único que esperábamos era la orden de arriba. Y tampoco eso era apremiante, el Catire había dicho que si no llegaba nos habríamos por nuestra cuenta"(p.51), parece que este otro personaje vislumbrado sea Lino Martínez. El "Catire Lino" es el nombre con el que se conocía a uno de los comandantes de izquierda propugnador del movimiento divisionista de Acción Democrática (AD). Según Blanco, este hombre de la vida real ha sido un puntal de AD- Izquierda y uno de los marxistas que se han formado en la Cárcel al contacto con la gente del PCV.
Ningún mundo posible podría ser totalmente autónomo respecto del mundo real, porque no podría caracterizar un estado de cosas máximo y consistente ex nihilo, de la nada. Por eso, un mundo posible se superponen gran medida al mundo "real" del conocimiento de su autor. En todas estas observaciones, también se debe tomar en cuenta que resulta imposible establecer un mundo alternativo completo al mundo real, ni siquiera se puede describir este último como máximo ni como completo. Por estas razones, la obra de Victoria Duno, como relato novelesco, ha tomado prestado los individuos y sus propiedades del mundo real de referencia.
El mundo posible forma parte del sistema cultural de quien lo crea y depende de su esquema conceptual. Por eso los mundos posibles se dividen en los que concuerdan con las actitudes del ser humano y los que no concuerdan con ellos. El compromiso con el mundo posible será cuestión de ideologías. Construir un mundo, significa atribuir determinadas propiedades a los individuos. Esto es lo que hace la escritora a través de los acontecimientos de su obra. En el mundo posible de El desolvido, aparece la crítica de la lucha armada en todo su esplendor. El grupo de personajes escogidos por Victoria Duno soporta diferentes penalidades: "había que caminar como desgraciados. El roce del morral nos hacía salir llagas en la espalda, los pies se destrozaban […] Nos habíamos convertido en unos verdaderos harapientos, muertos de hambre y de frío"(13).
La escritora aporta sus propios juicios y valores a través de injerencias, muchas veces su voz permanece dueña y señora del discurso narrativo, aun en boca de cada uno de los personajes y de cada turno del emisor del relato. El punto de vista varía y se adapta a los protagonistas, pero en el transcurso de la obra, siempre será la voz de Victoria Duno la que va disipando el caos y la confusión, la que reordenará el espacio físico, creará los primeros planos, ordenará las secuencias del mundo con su ideología.
Si de ideología se trata, también Umberto Eco (1988; 411) ha dicho que todo emisor es partidario de una ideología determinada. Como la ideología en si misma es una visión de mundo organizada y es tema de la presuposición, no está codificada sobre el hecho de que el emisor piense o no algo: De todos modos, lo pensado y lo pensable sí constituyen un contenido previsible y por tanto, son materia de codificación. Un sistema semántico constituye un modo de dar forma al mundo y, como tal, constituye una interpretación parcial del propio mundo del escritor.
Bajtín ha comentado que es necesario encontrar, con respeto al personaje, una actitud que sea capaz de marcar su visión de mundo con toda profundidad, con sus razones o sin razones, con todo el bien y el mal. Este será tan sólo un momento de su totalidad existencial, intuitiva y reflexiva, que permitirá trasponer el mismo centro de valores que no permite escuchar al personaje ni estar o no de acuerdo con él, sino verlo en toda su plenitud. Así será posible la totalidad del personaje y la proyección ideológica que le ha conferido el autor, quizá inconscientemente; también se logrará demarcar el mundo que lo rodea, lo delimita y lo enmarca. La consecuencia está en que el mundo tras el personaje, si no está con claridad por el autor contemplador, se dará desde dentro de los mismos personajes.
Como los autores procuran trascender los contextos en que se hallan incluidos en sus obras, están frente a límites temporo-espacial-personal y a contextos socio-económico. Ambos están correlacionados. El primero se refiere a la identidad y a las características personales. La escritura permite deslindar diferentes momentos y con ella generar historicidad. Junto a la creación del pasado, da origen a cierta permanencia, de resistencia a las mutaciones de la naturaleza humana.
El otro contexto importante es la ubicación socio-económica del autor dentro de una situación. La obra literaria procura trascender estos contextos, porque existe la necesidad de ellos y porque la obra es su expresión que los necesita como apoyo. Los escritores necesitan manifestar sin posición socio-económica y utilizan la obra como instrumento para su lucha concreta, como modo de expresión de una ideología. A veces el autor, además de expresar su ideología, reflexiona acerca de ellas al trabajarlas y expresarlas. Este hecho puede llevar al fracaso estético porque se convierte en mera repetición de un clisé conceptual.
Cuando una obra implica una apertura al futuro, una búsqueda de descubrimientos, trata de plantear en términos connotativos nuevos interrogantes acerca de experiencias vitales. En cambio el deseo de volver al pasado como negación del pasaje del tiempo, se plantea en respuestas denotativas con intento de convencer. Ya se ha visto que Victoria Duno vuelve al pasado, pero no como negación, sino como afirmación de un tiempo que no se debe olvidar para que no sean cometidos los mismos errores de la época.
La escritora crítica una época y una realidad específica: la lucha armada, pero este hecho no se presenta como negación a la pelea justa sino a la forma como fue organizada. Los frentes guerrilleros no buscaban sino a la forma como fue organizada. Los frentes guerrilleros no buscaban actuar como un ejército regular y marchar sobre una ciudad, sino ofrecer una contraoferta al gobierno. En algunas páginas claves de la novela se puede observar la crítica a una guerrillera con poco nivel político, como en efecto aconteció en la realidad: "El valor mío, de Fabricio, el de Pluto, el de todos, los muchachos, se ven tan solitario. Hay algo que nos falta, algo que nosotros los gatilleros [...] no podemos dar"(83).
Toda obra debe generar sorpresas y evitar que los signos se desgasten, como afirma Maldavsky, no quiere decir que se descubra de antemano el argumento sino que se revela prematuramente otra incógnita relacionada con la matriz generadora de signos. Una de las formas para mantener la riqueza expresiva de que se vale la autora de El desolvido, es el suministro cada tanto de nuevos datos que en lugar de develar la incógnita, refuerzan el interés, la curiosidad y también la certeza de que la incertidumbre culminará con un tipo de cierre que totalice y dé coherencia al conjunto de la obra.
Victoria Duno crítica la desorganización de la lucha armada en diferentes oportunidades: "Puro darle vueltas a la revolución, que si la estrategia, que si la táctica, que si el foco, que si la experiencia urbana, y a la hora de la verdad no saben para dónde coger" (83), "¡Qué coño de formación a tener! Nadie le habla claro a uno. Me dicen que lea este o aquel librito. Las cuestiones que me desvelan no están escritas en ninguna parte"(83)."Adolfo […] nos enredó con sus cuentos del contrabando de armas y resulta que había pactado con el gobierno… una cuestión de plata"(120), "con dudas […] la efectividad de lo que estaba haciendo: lleva a fulanito para tu casa, guarda esas armas, busca una concha […] Una farsa una infinidad de movimientos inútiles. Resultados nulos" (p.122). "Estoy de vuelta a la cárcel por una acción intrascendente y por una delación suficientemente pendeja […] nuestra desorganización, falta de método y desesperación" (134).
Cada línea aporta una nueva pieza a la crítica y la sorpresa es generada porque sus personajes actúan siempre diferente, al final se puede leer:"Temíamos por todas las palabras dichas […] a tan poca distancia de la muerte de Calatrava […] dijo - Recoge las cosas. A las nueve es el contacto (p.162). A pesar de la crítica a la lucha armada, en otras páginas, también esperanzadoras, se lee: "Lo que queda es la triste felicidad de haber cumplido […] porque aquella emoción concluida debe siempre renovarse"(35), "Restearse en una vaina bien arrecha es como tocar la gloria en vida " (52).
Para concretar la referencia a la ideología de la escritora y su transcendencia en la organización de un mundo caótico, es necesario conocer estudiar su ideología: el compromiso. Los escritores en general se han vistos impulsados a asumir una posición activa en la dinámica de las ideologías y en la pugna con los movimientos de la sociedad. La obra literaria tiene una estrecha correspondencia con el sistema de ideas y doctrinas, de fuerzas e intereses sociales que le es contemporáneo. Hoy día esa correspondencia se ha hecho más imperiosa y tiende a invadir cada vez más el ámbito personal y la existencia del autor. De esta manera, el escritor queda ubicado definitivamente.
Victoria Duno, a veces, conoce su precaria libertad individual y con su personaje Pascual, pretende evadir y situarse en una especie de suspenso privilegiado e intocable del espíritu. En su primera novela, procura eludir realidades externas y organiza su mundo interior con el personaje mencionado. Pascual busca la proyección de un yo con la elaboración de una novela y constituye la génesis del escritor que se perfila en la segunda novela de Victoria Duno: La noche llama la noche.
La validez de este personaje como evasión de una realidad circundante, está precisamente en que la escritora se revela en este acto y transciende su propio yo. Victoria Duno refleja el compromiso de todo escritor de izquierda, porque al haber vivido las circunstancias de la época y sufrido los sinsabores de la clandestinidad junto a su ex-marido, el guerrillero Pedro Duno, resulta coherente el hecho de que su obra divulgue estos ideales.
Para el escritor de izquierda, según Chacón (1970), no sólo ha sido importante afirmar y expresar una ideología y una capacidad estética a la altura de los grandes movimientos dialécticos de la humanidad, sino también resolver con actitud crítica y honesta los complejos problemas que esa vocación presenta. El padre de Pascual afirma en El desolvido: "Has podido ser un intelectual de izquierda, dedicado a escribir, a tus libros, a polémica de altura" (40). La autora de la novela manifiesta un pensamiento específico: El escritor, ese ser poseído de una voluntad renovadora y creyente en las potencias innatas del acto creador, no debe enajenarse; pero tampoco puede escoger gratuitamente, al menos no debe hacerlo desde esa perspectiva.
Para Victoria Duno, el actor de elegir en forma lúcida e impersonal surge de la coincidencia de anhelos y realidades ineludibles de la historia, por eso intenta posesionarse del destino integral de la humanidad como inteligencia creadora. Con este compromiso, todo autor responsable proyecta un mundo nacido de las necesidades de la vida y de requerimientos impostergables. Cuando un escritor asume su compromiso sin alienarse, su acto creador no será gratuito e inexpresivo, porque se propone el establecimiento de verdaderas coordenadas entre las circunstancias históricas dadas y la voluntad creadora del hombre, a través de una de las aspiraciones más elevadas del espíritu del escritor: el arte.
En este punto se propone una obligación viviente y fecunda Pascual, el protagonista de la obra, plantea la búsqueda e la escritura como arte:"[el talento] está a la búsqueda de una disciplina más apta a su fracaso"(68),"Mientras mi cuerpo atemorizado se cobija en este antro que llamamos cárcel […] hallo que aquella fuente de inspiración primera se ha secado y que a pesar de eso persisto en transformarme en algo positivo"(68). Este personaje persigue la visión del escritor que desea la evasión de la historia a través de su inspiración fuera de la realidad; se procura la proyección de un escritor no enajenado por imposiciones de táctica política, que asume una actitud alerta de censura continua. Este personaje exalta la vista y real experiencia del mundo y del hombre que requiere su visión creadora para proyectar una verdadera. En la novela existe el hombre cotidiano y acongojado, el fugitivo y eterno de una dimensión histórica, el guerrillero intelectual: "Un hombre que todavía puede creer que creer vale la pena y si no lo vale, no importa, porque en el límite se puede volver a empezar" (129).
Con El desolvido se ha procurado rehacer un universo en el que las pasiones humanas revelan un sentido de devenir, de incesante camino y de transfiguraciones como en la propia vida. En boca de Pascual se lee: "Una energía silenciosa me confiere ese temple, proviene de ese propósito de no aceptarme tal como soy, de hacerme otro y si le cedo el paso a otro hombre, es a ese espécimen que sólo yo puedo crear, no algo diferente y basta, sino algo diferente a mi mismo" (63): Invitado por esta novela, el lector se enfrenta al sentimiento de verdadera liberación del hombre y a la búsqueda de un estilo común que es la felicidad. Este será el móvil permanente de Victoria Duno, quien proyectará su mirada en la redención del pueblo venezolano y el ennoblecimiento de su historia, para que se sirva de ejemplo a nuevas generaciones con voluntad de superación.
La obra presenta una concepción de mundo proyectada por su autora, no como forma individual, porque "ninguna acción humana tiene por sujeto a un individuo aislado" (Goldmann, 1968:27), sino que por el contrario se trata de un fenómeno de conciencia colectiva que alcanza su mayor claridad conceptual o sensible en la conciencia del pensador o poeta. El desolvido tiene una función crítica porque ha creado un universo rico y múltiple de personajes individuales y situaciones particulares. Es un mundo organizador por la coherencia de una estructura, existe la presencia del guerrillero, de la clase subversiva frente a la opresión oficial, la lucha de la izquierda contra el gobierno de Rómulo Betancourt. También existe la presencia de una visión de mundo, la del escritor de izquierda con un compromiso qué divulgar.
Carmen critica duramente al intelectual arribista que conforma ciertos grupos alienados por la oficialidad: " La banda está bien organizada, empleados, profesores, decanos, un rector general: Los atracos son legales" (102). Con la voz de los oprimidos reprocha la falta "renovación" de la época, el fracaso de la izquierda, la mala organización de la lucha armada y la cobardía de los dirigentes cómodos absorbidos por el sistema de gobierno "es cómodo ser estudiante, ser pequeño burgués y ser militante de un partido de izquierda" (103). También se deplora el hecho de abandonar una causa justa y haberse dedicado a unos estudios para ingresar humildemente en el sistema de la injusticia: "Se preparan para el momento en que les toque integrarse a las nuevas bandas de rectores, profesores, gerentes, directores de las investigaciones científicas, diputados; se preparan para el asalto definitivo"(103). En la obra existe una lucha ideológica plena y una beligerancia desde el campo estético de la creación, que se encamina hacia la lucha popular, es la oscilación entre el artista y la revolución. Carmen crítica el silencio de quienes se dejan llevar por la cómoda burguesía sin alzar la voz de la protesta, sin definirse ante un momento crítico". Te sientes incluido […] por haber callado"(104), y en el fondo la propuesta es la de no callar aunque se vea envuelta en el sistema criticado: "te alivia que todavía haya gente en la montaña y te duele que no tengan botas […] y no encuentras dónde meter tu vergüenza"(p.104).
El estilo de El desolvido, un aporte a la Poética de la Liberación
No existe univocidad en el empleo del término "estilística". En general, cuando se habla del estilo de una obra, se entiende su unidad, su coherencia. Es la elección que debe hacer todo texto entre cierto número de disponibilidades contenidas en la lengua. El estilo, así entendido, (Ducrot y Todorov 1986) equivale a los registros de la lengua y a sus subcódigos; porque la descripción estilística de un enunciado no es otra cosa que la descripción de todas las propiedades verbales.
Cuando se estudia una obra literaria se pone de manifiesto que el modo de seleccionar y combinar los signos constituyen un elemento definitorio que la distingue de otras obras literarias. Los estilos constituyen modos personales de expresión y si se puede estudiar cuál es el estilo específico con que un autor selecciona entre las posibilidades de un género, transgrede o acata sus restricciones. Maldavsky (1974) ha propuesto, una semiología estilística que se corresponde con el estudio detallado de las características peculiares de cada estilo y sus posibles combinaciones. De esta forma, ha intentado articular los aportes de las teorías semánticas como las de Greimas y los autores de las escuelas "semántica generativa", con las hipótesis psicoanalíticas.
Basándonos en las hipótesis psicoanalíticas, tomadas por Maldavsky, es posible observar que a la dimensión semántica 3, donde hay una tendencia a la utilización de la motricidad con una finalidad vindicatoria secreta, corresponde el Estilo Épico evidente en la novela El desolvido de Victoria Duno. El estilo épico es propio de las psicopatías y sus signos se organizan a manera de la epopeya de un héroe que lleva adelante su acción con una intención clara pero no conocida por otra persona.
De todos modos, no se debe olvidar que no se trata de una semejanza estricta, sino de una extensión analógica, y que cada escritor es responsable del valor creativo y original de su texto, aunque la cultura le suministre los elementos peculiares para ejercer la tarea. Si nos basamos en estas nociones podremos fijar algunas características del estilo narrativo que Victoria de Stefano aporta a la Poética de la Liberación.
La sintaxis y la retórica de la acción muestran fusión y variedad, pero el elemento común es la lucha del héroe contra fuerzas superiores, lucha con cuyo carácter justo pretende consustanciar a otras personas. En este estilo, el pensamiento organizado queda sustituido por la acción: la evocación de un pasado es reemplazado por el retorno real al lugar donde sucedieron los hechos. En El desolvido de Victoria Duno, existe la variedad en la presentación del discurso, como ya se ha observado en el análisis efectuado en el capítulo correspondiente. La obra tiene una sintaxis y una retórica de la acción variada diálogos, monólogos, escritos, archivos, biografías, cartas, etc. y en todo este álbum de "papeles" existe un elemento unificador: la lucha de Pascual - como héroe épico - contra elementos extraños a su existencia individual.
Siguiendo las ideas de Savater (1986) se puede lograr una aproximación más completa al "héroe" planteado por Victoria en su novela. Para ello, se podrá comenzar haciendo referencia al mundo del héroe como aventura, allí habrá que buscarlo para alcanzar la plenitud de su perfil. Las perspectivas de esta aventura se pueden caracterizar de modo más preciso: la aventura es un tiempo lleno, frente al tiempo vacío e intercambiable de la rutina.
El tiempo aventurero es realmente del héroe y la relación entre ambas es apasionada porque se convierte en el mejor cómplice o el más implacable tirano. Cada segundo es diferente e interpela directamente al héroe "Trato de hacer un recuento de este día, de estos días…hay sensaciones imposibles de describir, sólo se puede decir de ellas que son como una noche en el desierto […] se lucha con ellas y se apartan con los brazos: La oscuridad y un pobre hombre dando traspiés en la arena" (p.30);"De vez en cuando echamos una mirada al reloj. De reojo, porque no queremos contagiarnos el nerviosismo"(p.33). En la novela de Victoria Duno, ni siquiera puede hablarse de segundos o días, pues este tiempo no se mide sino que se saborea o se sufre, porque se niega a presentarse de manera homogénea. El tiempo en la aventura es el marco dramático de lo que pasa.
En la aventura, las garantías de la normalidad quedan suspendidas o abolidas. Nadie puede decidir por el héroe, ni está determinado de antemano cual es el comportamiento correcto que requiere la ocasión: es un ámbito inseguro e imprevisible. Esto aumenta el exotismo y aparece el ambiente de la cárcel como un punto de referencia que se desvanece antes los ojos del lector: "me parece deprimente que a esta hora todos nos encontremos en el mismo sitio […] mirando el panorama único de nuestra celda" (p.45). Las costumbres son desconocidas "Aquí en Caracas no hay una sola concha segura"(p.93), porque son propias de la denuncia de la autora. La suma de estos elementos hace que la naturaleza se presente indómita "a mí me ofrecieron llevarme para arriba hace más de un mes ¿Qué es lo que pasa entonces? […] ¿Para qué quieren a dos combatientes en reposo? (p.90). Y exista una violencia interpersonal: " Los hombres se escondieron detrás de un muro […] un negro con bigotes se puso a jamaquear a la mujer […] las metió en un carro a empujones" (p.90) frente a la que el héroe no tiene más defensa que sus propios recursos: "el dedo lo tenía hinchado de tanto y tanto apretar el gatillo "(p.91).
La aventura vivida por el héroe siempre tiene presente a la muerte. En realidad está no falta a ningún evento humano, pero en el caso de la aventura su presencia no es ocasional, sino esencial: la muerte es lo desafiado, aquello cuyo testimonio de autenticidad aventurera se requiere. Es evidente ese protagonismo de la muerte, que precisamente diferencia a la aventura del juego. En el desolvido aparece la muerte como tributo a la vida de los caídos en la lucha guerrillera, porque la autora describe el final de los héroes. De Fabricio expone que: "quedó con la cabeza en la cama y las piernas abiertas junto a mis rodillas. Echaba sangre por la boca y por un cachete agujereado. Después recibió una ráfaga de frente y quedó de un todo extendido"(p.91), Calatrava "dos semanas más tarde apareció muerto. Una alcabala móvil había detenido el carro en que viajaba"(p.157), "nido murió en un choque entre dos escuadras nuestras. Qué vaina, era un carajito" (14). En verdad, el aventurero no se juega la vida, pues ésta es precisamente lo que pretende ganar de modo reafirmado y merecido: se juega la muerte.
El héroe desea la independencia de sus padres, porque en el mundo de la aventura hay que valerse por sí mismo. El héroe épico busca la independencia, necesita auto fundarse, sacar de la propia entraña la fuerza y la sustancia que han de constituirlo. Por eso deja su casa y se abre a la intemperie, desafía la rutinaria seguridad y busca la aventura: "consideraba que debía cuidarme para el futuro y para las tareas inmediatas que me tocaría desempeñar. Quería ser un hombre de acción, un hombre puro, el hombre nuevo […] impedir que me destruyeran, que devolvieran a ellos con su riqueza contagiosa"(50).