“El escritor no nace por generación espontánea”
 Entrevista a Victoria De Stefano

por Giovanna D´Onghia


-Está lloviendo- dijo la escritora con una sonrisa pícara, luego de chapotear unos cuantos pasos hasta el portón. Se trataba de la primera lluvia en Caracas después de varios meses de una insoportable sequía. La casa es de dos pisos y la cocina (más humilde y menos protagonista que la de Clarice) fue la que me dio la bienvenida. Victoria me ofreció una taza de café y me entretuve observando el jardín desde la ventana mientras escuchaba un sonido extraño, como el de un motorcito. -Molido sabe más rico- dijo De Stefano, el sonido provenía de un molinillo de café que la escritora manejaba con destreza mientras yo buscaba algún espacio en la mesa de la sala. Tomó unos cigarrillos y los sirvió junto al café, así que decidí comenzar con mis preguntas esperando que el café se enfriara un poco.

Desde El Desolvido, su primera novela, hasta Lluvia, la más reciente ¿Cómo ha evolucionado su escritura?

Si alguien ve mis libros, yo misma puedo ver retrospectivamente, he ido hacia una búsqueda más personal como escritora, yo creo que todos los escritores empiezan enfocando su obra hacia la realidad y a medida que va pasando el tiempo existe un desarrollo de los procedimientos literarios, y dentro de esos procedimientos está la búsqueda personal, independientemente de que no sea absolutamente original, y un acercamiento a los asuntos de la realidad hacia una forma más subjetiva.

¿Cómo descubrió su pasión por la escritura?

Uno no la descubre, la pasión lo descubre a uno. Lo que puedo decir es que desde muy niña me gustaba leer mucho, me apasionaba leer, supongo que siempre existe esa relación de pulsión por la lectura que va generalmente unida a la pulsión por la escritura. Empecé a escribir bastante joven, sin la intención de publicar y a escribir de una manera sistemática, profesional, no tan temprano, desde los veinticuatro, veinticinco años. Los períodos anteriores fueron más que todo de preparación.

Hablaba mientras dibujaba, a través del movimiento de sus dedos, las palabras en el mantel, hilaba la conversación pausadamente como si las palabras estuvieran ahí esperándola para ser tomadas y hacerlas suyas, buscándolas en algún recodo de su interior.

En sus libros: El Lugar del Escritor, Cabo de Vida e Historias de la Marcha a Pie está el tema del escritor en forma recurrente...

En todos estos libros está presente el escritor, el escritor sin una nacionalidad, se habla del oficio de escribir y de los problemas que presenta la escritura, así como de la condición espiritual e intelectual del escritor, en En el Lugar del Escritor por ejemplo, hay una aproximación al drama de ser escritor en un país donde los escritores no cuentan.

¿ …?

En Venezuela el escritor no es muy leído, tampoco es muy respetado, no representa una segunda conciencia en el país, quizás en el siglo XIX y a comienzos del siglo XX hasta los años cincuenta, el escritor se desdoblaba entre escritor y político, en esa medida jugaba un papel relevante en Venezuela y en toda América Latina, pero ya después de estos años el escritor se fue yendo un poco hacia su mundo privado, independientemente que deseara tener una aproximación efectiva sobre la realidad. Debido a las pocas editoriales, las posibilidades de publicar son mínimas, dependemos mucho del Estado, estamos siempre sometidos a los vaivenes de la política, a los cambios. La salida óptima para el escritor en Venezuela es ser profesor, tiene más posibilidad de vivir decentemente y está siempre dentro de ese punto de referencia intelectual que lo alimenta a pesar de que la enseñanza puede ser desgastadora, aunque si el escritor tiene voluntad, puede ser escritor y profesor y salir adelante.

¿ Se moldean elementos de su vida personal en su novela? ¿Cree que se equipara su experiencia personal con aquello que ha encontrado como lectora?

No entiendo la pregunta.

Quiero decir que si le ha dado la misma jerarquia tanto a lo que ha vivido como a lo que ha leído...

Hay una frase muy buena de Virginia Woolf que dice “no hay escritores sin experiencia” y cuando dice sin experiencia se refiere a la literaria, es decir, no hay escritor sin tradición, el escritor no se hace por generación espontánea, su universo de lectura, su universo de formación, espiritual y cultural es fundamental, por otro lado están sus experiencias vividas, lo ideal es que estén dentro de la misma jerarquía, sin embargo uno puede ver escritores valiosísimos cuya experiencia de vida es una novela, y otros escritores cuyo interior literario es muy rico.

¿Aunque no absolutamente?

No absolutamente porque yo creo que la experiencia vital es lo que decanta las lecturas.

La lluvia nos invita a detenernos, nos invita a la contemplación, a la reflexión, es una sorpresa que desencadena acciones y cambia los planes. ¿Es eso lo que busca en su novela? ¿Cuál es la relación entre la lluvia y la historia que nos cuenta?

Lluvia no es buscada de una manera deliberada sino que va surgiendo en la medida que se va escribiendo. En el texto, la lluvia duplica esa sensación de aislamiento que vive el personaje y esa necesidad dentro del aislamiento de cultivar lo contemplativo. Sin embargo, los elementos exteriores penetran en su mundo como es el caso del jardinero. Creo que la lluvia crea una atmósfera enrarecida, el personaje de la escritora se encuentra dentro de un aislamiento porque el mundo es de alguna manera hostil.

Es en este momento que Victoria trata de recordar el resto de mi pregunta y le repito: … la lluvia es una sorpresa que desencadena acciones y cambia los planes.

Tanto en Historias de la marcha a pie como en esta novela, se trabajan elementos mínimos, en Lluvia una escritora trabajando en la casa y su relación con el jardinero, en Historias de la marcha a pie, el personaje que visita a un amigo que está muriendo y a medida que va subiendo una cuesta se introducen historias que pertenecen al enfermo y al personaje que cuenta. En ambos casos los elementos mínimos se van multiplicando y reduplicando, en la medida en que aparecen estratos de experiencia de la conciencia de los diversos personajes, entonces algo pequeño va adquiriendo un espesor y por ahí van los procedimientos que yo busco. Lluvia es una novela corta pero hay muchas historias dentro de ella, está la historia del jardinero, la historia del suizo, la del hermano del jardinero que es asesinado, las respectivas historias de los hijos, y está el diario que era hacia donde yo iba, y que establece una especie de partitura-guión del desarrollo del libro e incluso de los temas del libro, está lo que se ha escrito y el telón de fondo, el bastidor sobre el cual se ha construido lo que se ha escrito.

¿Por qué es importante para usted recrear obras en su novela, citar a otros autores...?

Porque ese es mi universo. Yo he sido profesora durante muchos años, he sido una lectora voraz y esas lecturas forman parte de mi vida, como cualquier otra cosa, como tener que ponerme a cocinar cuando tengo que hacerlo, como cualquiera de mis hábitos cotidianos, quizás un escritor vive más dentro del universo de sus lecturas, de sus pares, que en el mundo de afuera, entonces yo no quise, nunca he querido, eliminar eso de mis novelas.

En la novela quedan las acciones y los acontecimientos en segundo plano y se invita al lector a la contemplación más que a una secuencia de historias.

Ese es el procedimiento que yo he estado buscando en el libro, que se vaya desplegando el cuadro y que el lector lo vaya armando o lo vaya sintiendo acompañando el movimiento del escritor, esos son instantes buscados aunque no de una manera deliberada, es por allí que se ha desarrollado mi escritura, mis procedimientos literarios.

Para escribir un relato necesita bajar de la torre al mundo ¿Qué es lo que se busca en el mundo? ¿Lo que no es lo habitual en lo cotidiano?

Bueno yo digo hay que bajar de la torre al mundo y subir del mundo a la torre, yo hablo de los dos movimientos. Pienso que ese universo de contemplación, de reflexión, de lectura, ese universo que es tan subjetivo, personal, por sí solo no te lleva a escribir una historia; hay un trabajo, un esfuerzo, pienso que es importante que el escritor viva y tenga una experiencia pero en algún momento se debe sentar a escribir, creo que en ese movimiento de vaivén del que se habla en la novela específicamente, lo cotidiano pasa a un segundo lugar y lo que está presente es la conexión del escritor con su torre, esa torre que está poblada de autores. Hay una parte en que la escritora dice que a ella le gustaría pasar del trabajo manual al libro como los benedictinos, que tienen una orden de estudio y de trabajo. Lo ideal sería que tú llegaras de tu trabajo y tuvieras otro universo sin desdeñar el anterior.

Cuando enumera los personajes habla de la escritora como alguien que está detrás de la máscara, ¿Se puede definir en el libro cuándo habla Victoria y cuándo habla Clarice?

El lector podría decir que siempre es Victoria, pero esa no es la intención del escritor, el escritor cuando escribe se desdobla, la que ha estado escribiendo es la que está detrás de la máscara o por lo menos la que ha tratado de desdoblarse en otra escritora.

En este momento me quedo vacía de preguntas y Victoria me dice: ¿Se te ocurre alguna otra cosa que preguntar, aunque sea indiscreta? Observo las fotos en la sala, algunas son de Gasparini, hay una de un fotógrafo sueco, se la regaló después de que Victoria escribiera una reseña sobre su obra. Me llama la atención la que se encuentra al fondo, no conozco el nombre del autor, es una foto de Lezama Lima en su casa, se encuentra sentado en el centro de la foto leyendo, con un libro abierto apoyado en su regazo y a su espalda se puede ver de pie a una mujer. Le pregunto a Victoria si se trata de su esposa y me dice: “No sé si conoces la historia de Lezama, era homosexual, sin embargo, el último deseo de su madre moribunda fue que se casara con una buena mujer que lo cuidara. La mujer que aparece en la foto es su esposa, una muchacha humilde que lo acompañó el resto de su vida.”
Hábleme más de Lluvia

En el diario trato de reconstruir un poco la vida del barrio, la iglesia, nuestros mendigos, enfoco un poco esa situación que está en la atmósfera. Es una novela corta, lo que hace que un libro sea una novela no es su dimensión, lo que hace que una novela sea una novela es la cantidad de episodios, de pequeñas anécdotas que se van introduciendo.

¿Qué relevancia tiene El personaje de P...?

Es un personaje de la vida cotidiana de la escritora, es uno de esos amigos que visita, a veces uno escribe en función de una pequeña cosa, con muy pocos datos se puede construir un personaje, son solo referencias únicas lo que necesitas para construir, por ejemplo, el personaje del jardinero existía pero yo sabía muy pocas cosas de él, a partir de ello construyo la relación entre los dos jardineros. Con el personaje de P... en el fondo a lo que quería ir era a algo muy específico que era reflejar el universo de ese hombre solo, ya mayor, viudo, que convive con su vecina de arriba que lo perturba, que está alcoholizada, que alguna vez debió haber sido bella, un poco la degradación de las situaciones humanas y la compasión que P... siente por ella, que le busca la botellita y el hábito que tiene de subírsela para que se quede tranquila, además está la curiosidad de la escritora que lo visita para saber qué pasa.

Y en relación a este libro…

Uno se siente feliz de que lo lean. En un circuito cultural normal existen revistas, existen críticos, aquí eso no existe, si siquiera hay un papel literario. Entonces lo que queda es la lectura de la gente. No hay nada que haga más feliz a un escritor en este medio que llegue alguien que uno no conoce a hablarle del libro, porque es otra mirada, no es la mirada del entorno inmediato, sin buscar que lo elogien, no es eso lo que quiere el escritor.

 

Encontrado en: http://www.elmeollo.net/meollo/opinion.php?idcategoria=5&idarticulo=290