La voz interior
Caracas.- Los diálogos internos no tienen acotaciones. Ni siquiera tienen lógica. Ese ingrediente solamente es necesario cuando se necesita buscar la legitimación (aprobación, constatación de cordura) por parte del interlocutor. Por eso vamos escuchando esa voz interior del personaje que busca su sitio. No es casual que el libro de Victoria de Stefano se titule El lugar del escritor (Grupo editor Alter Ego, 1992). Reflexiones, diálogos que suenan afuera, a medida que se recorren las páginas de este libro, se advierte identificación con las situaciones cotidianas, con un "esto debe pasarle ciertamente a...". Como si la voz del narrador se apropiara del lector, tomara su lugar, le ayudara a ir. Y el lector, obviamente, puede escoger ser llevado de la mano, ser conducido por una historia que se escribe en estas páginas. La otra elección es contemplar los caracteres y hacer que se lee, como el escéptico ateo recorre con la vista las líneas de un catecismo y razona con su teología al revés.
"Todos los trabajos nos parecen vacuos y risibles, sin objetivo y sin interés, todos salvo el nuestro. Todos absurdos afanes que no conducen a nada. Todos ridículos, menos el nuestro. íAy, la vanidad de cada humano yo!". AMHG
El Universal, Caracas, 16 de abril de 2000.