“Si el escritor no es humilde, equivocó su oficio”

Elizabeth Araujo

Egresada en filosofía y profesora universitaria, Victoria De Stefano, quien a los 13 años cambió las fiestas por la lectura infatigable, suele pasar horas dándole vueltas a una frase o extasiada por la belleza de una palabra.

Su más reciente novela, Pedir demasiado , es una apuesta a la memoria y la nostalgia


–¿Por qué y para qué escribe usted?
–No escribo ni a un porqué ni a un para qué. Escribo por una pulsión que surgió en mí desde muy joven, que va la par de la pulsión de la lectura. El trabajo de escribir es inmaterial aunque necesario desde el punto de vista de la producción del espíritu.
–¿Un país excesivamente politizado motiva más a escribir ficción?
–Creo que las motivaciones para escribir son internas.
No están pautadas por el mundo exterior.
Puede ser que una situación de cierto estado intermitente, como el que estamos viviendo, produzca en algunos casos cierta angustia que impide escribir.En otros casos, esa misma situación puede producir la necesidad de escribir.
–¿Después del boom de los 60, América Latina quedó huérfana de novelistas?
–¿Huérfana? No. Lo que pasa es que entramos en una etapa diferente. El boom fue una irrupción de reconocimientos. La literatura latinoamericana fue una irrupción editorial. Los escritores han seguido escribiendo, pero ese modelo literario del boom no se corresponde con nuestro tiempo. Además, hay grandes escritores que no formaron parte del boom.
–¿Se hace buena literatura en Venezuela?
–Se hace literatura. El juicio acerca de si es buena o mala está al margen. Quizás no ha tenido, como en otros países, la posibilidad de desarrollar canales que permitan una mayor difusión.
–¿Es más difícil para la mujer escribir en este país?
–No creo que se trate de que sea mujer o no. Las dificultades han sido siempre las mismas. Desde luego que el hombre irrumpe en la vida con puntos a favor; pero no creo que existan menos o más dificultades por el hecho de ser mujer.
–¿Cómo descubrió su vocación?
–De muy niña empecé a leer muchísimo. La lectura en la que yo me aislaba y me fascinaba, me daba gran placer, tanto que me ayudó a sobreponerme a cosas de la infancia, como las fiestas y los amigos.
Leer era un mundo maravilloso.
–¿Qué es lo que más le impresiona del acto de escribir?
–La palabra.Veo una palabra y le doy vueltas, me crea un trabajo mental de redacción que va mas allá, que me impresiona. A veces pueden ser los dos puntos.
Cómo utiliza alguien los dos puntos, o el punto y coma, la magia de la coma para hacer un corte abrupto.
–¿Vive usted la soledad del escritor o necesita compartir lo que escribe con alguien o en tertulias literarias?
–Más que en tertulias, con amigos de manera personal. Tengo muchos amigos pero con cada uno individualmente me gusta compartir. Cuando era joven no tenía tantos, era solitaria. Pero, a medida que he ido avanzando en este camino, cuento con más amigos escritores y esa interrelación fluye. Los escritores no hablan mucho entre ellos de lo que escriben.
Cuando enseñan algo escrito es porque ya está hecho. Creo que lo que más me alimenta es la conversación interpersonal. Juan Sánchez Peláez era poeta y yo, novelista, y nos comunicábamos muy bien.
–¿Cómo hace para evadir la diatriba política y concentrarse en la literatura?
–No veo televisión y leo poca prensa.
–¿En qué tipo de lector piensa cuando escribe?
–Cuando escribí mi primer libro, a los 22 años, ¿en qué tipo de lector iba a pensar? En ninguno.
Uno escribe con placer para expresarse. Ahora uno tiene sus lectores, pero no se va por las cosas fáciles del oficio. Se trata de dar una respuesta a esos lectores que han confiado en uno. El que se pone a escribir, o dedica buena parte de su vida a escribir, va más allá de la sintaxis, de la gramática, de la imaginación. No basta sólo el ingenio. Si el escritor no se vuelve humilde, es que equivocó el oficio o la vocación.
–¿Cuál es su ambición como escritora?
–No tengo ambiciones de fama. Mi única ambición es continuar escribiendo y publicando.
–¿No se ha sentido, a veces, derrotada?
–Muy pocas veces. Creo que mientras uno dé batallas puede haber derrotas pero no fracasos.
–Una crítica frecuente a sus novelas es que son piezas desgarradas por la memoria y construidas por y desde la melancolía. ¿Es ese el caso de Pedir demasiado?
–Esta es mi séptima novela. Quien me haya leído sabe que hay cierta continuidad desde las primeras.
Hay un universo común que las alimenta. Esta novela está emparentada con Cabo de Vida, donde los personajes son personas sencillas. En otro caso, los personajes son profesores, escritores. Pedir demasiado se centra en un sentimiento, el de la paternidad.
Se trata de un padre viudo, que es padremadre para su hija, y no responde a ningún modelo paternal. Es una instancia paterna inspirada en la libertad del amor.Y ese pedir demasiado, es que su hija vive un momento muy difícil; y como todo padre, quiere que las cosas se resuelvan inmediatamente.
–¿No es incómodo para un escritor asumir posiciones políticas, como en su caso cuando figura en una lista respaldando el Sí?
–A mí eso no me da miedo.
Creo que uno está por el Sí porque este país necesita rehacerse a partir de una tradición y experiencias.
Estos cortes por el pasado, tan bruscos, tan violentos, hacen un daño infinito. Aun cuando esto continuara, el país labrará su futuro porque los gobernantes no son más fuertes que la gente, y creo que Venezuela lo ha demostrado.
–¿Qué consejo le daría el 15 de agosto a Hugo Chávez?
–No sabría qué decirle, pero a todos les recomiendo entereza.
–¿Cuál es su idea de la muerte?
–Yo he escrito mucho sobre la muerte, en todas mis novelas está presente. No le tengo un temor especial, porque toda la vida es una preparación. Tengo convicciones en que aún en la muerte, hay vida.
–¿Cuál ha sido su mayor logro?
–Haber dado clases, porque era una persona sumamente tímida.
–¿Cuál es su miedo más grande?
–Es no responder por los míos, por quienes dependen de mí.
–¿Cuándo siente que ya terminó su obra?
–Esa parece la pregunta del psicoanalista:
¿Cuándo termina el sicoanálisis? El terapeuta y el paciente van llegando a un acuerdo. Hay un momento de agotamiento donde ya no puedes seguir dando vueltas, además de las circunstancias externas para publicar, que te hacen que vayas yendo hacia el final. Pero los libros tienen su propia lógica interna.
–¿Con cuáles personajes históricos se identifica?
–No he llegado a esos niveles de narcisismo; esas identificaciones suelen ser patológicas.

Tal Cual, miércoles 09 de Agosto de 2004