Victoria de Stefano escribe porque sabe que no sabe
Caímos en el siglo del desprecio
RUBEN WISOTZKI
A ella la ven caminando con el Avila a sus espaldas, la ven tomando un café, la ven encendiendo el cigarrillo que nunca se termina, la ven esperando a que el sol termine de irse, la ven cruzando la calle. A ella la ven y ella no se deja ver. Le molesta el ruido que despierta su silencio, ser el centro cuando se sitúa en la periferia, que los ojos se posen en su andar mientras ella está quieta. La viajera Victoria de Stefano, autora de La Noche llama a la Noche, de la maravillosa Cabo de vida , de El lugar del escritor , está pronta a culminar su última novela. Es, a pesar de su sano recelo, el momento de verla, el momento para que se deje ver.
-En el medio literario nacional es frecuente observar que al que escribe un primer libro inmediatamente lo califican, y en muchos casos se autocalifica, de escritor. ¨ Usted, que ya tiene varios títulos publicados, se considera escritora?
-Tengo 56 años y hace diez años atrás no me consideraba escritora. Pero en los últimos tiempos me siento escritora. Lo digo así porque invierto la mayor parte del día en escribir y en leer, porque miro hacia atrás y veo que hay libros escritos. Pero no es algo fácil sentirse así. Inclusive en estos días viene alguien y me pregunta por mí, le digo que soy una profesora jubilada. No me atrevo a decirlo con soltura. Pero sí lo digo dentro de mi corazón.
-¨Cómo se da ese tránsito entre un estado y otro?
-Casi imperceptiblemente. Un día descubres que eres una persona cuya vida está hipotecada a la escritura. Hay que tomar en cuenta que en mi caso yo antes daba clases, por lo que no tenía una rutina para escribir, no sentía la desesperación de escribir.
-Y en un país en que no se lee, ¨ para quién se escribe?
-Uno siempre piensa en lectores ideales. Cuando escribo no pienso en alguien con nombre y apellido. O mejor dicho, ya no lo pienso. Tal vez cuando uno es más joven sí piensa en una u otra persona determinada. Pero ya no. Uno piensa en lectores ideales. Y viceversa. Sé, por ejemplo, que puedo ser la lectora ideal de algunos escritores. Pero en estos casos no hay que olvidar a Kierkegaard, que decía: ``Los escritores no necesitamos a los lectores. Los lectores nos necesitan a nosotros''. Claro que él lo decía desde el punto de vista de la filosofía, desde el punto de vista del despeje de la verdad. En todo caso aquí parecería que es al revés, que le hacen a uno un favor al leernos. No, a uno no le hacen un favor. Yo no le hago un favor a alguien escribiendo. Yo escribo porque lo necesito y tal vez alguien necesite leerme.
-¨Cuántos lectores necesita Victoria De Stefano?
-No muchos.
-¨Los escritores se leen entre ellos?
-Los escritores no leen mucho a sus contemporáneos inmediatos.
-¨Envidia? ¨ Recelo?
-Puede ser, en algunos, pero también puede ser la necesidad de tener delimitado el territorio por el cual uno quiere transitar, en aras de mantener su propia voz, ese estar al margen de lo que pueden ser las corrientes imperantes.
TRINCHERA ESPIRITUAL
-En `` Cabo de vida'' el amor está muy presente. Uno se pregunta si el escritor no teme repetir y repetirse cuando aborda estos temas. ¨ No cuenta en estos casos la originalidad?
-No me pregunto por la originalidad. Me pregunto por lo que yo quiero decir. De otra manera no se podría escribir nada. El amor, la vida y la muerte no son cosas abstractas, son cosas concretas. Y en este universo concreto siempre hay cosas que decir.
-¨Nunca se ha despertado sin cosas que decir?
-Cuando uno termina un libro pasa un tiempo largo en el que tiene poco que decir. Lo poco que tiene uno que decir es como un resto de lo que le faltó decir en el libro.
-¨Cuál es la emoción o la circunstancia que la lleva a escribir?
-La felicidad que me produce el escribir, el haber encontrado una trinchera para el espíritu.
-Es decir que la escritura salva. ..
-Como dijo Cioran, y discúlpame que no recuerde en estos momentos en que libro: ``Ahora que se ha descubierto que la escritura es un método acreditado contra la muerte, todo el mundo escribe''. Nuestro mundo cultural es tan heterogéneo, tan inorgánico, que de repente pueden haber islas con personas desconocidas, pequeños mundos en los que la gente está desarrollándose por su cuenta, quizás sumidos en el más absoluto de los desamparos. Y, al mismo tiempo, hay una avidez por el conocimiento. Es algo que se percibe en el ambiente.
-Y en el ambiente está la pregunta de si el conocimiento, si la cultura es tan buena, ¨por qué no nos salva de la catástrofe?
-¨Haces la pregunta para nosotros? Y yo pregunto: ¨Por qué la cultura no salvó a Europa de la catástrofe? Me refiero a la de antes y también a la de ahora. ¨Por qué? Hay intentos de respuestas, pero son eso, intentos. Hay un escritor austríaco que escribió algo muy interesante. Dice más o menos así: Nosotros que venimos del siglo XIX, siglo megalómano, siglo de las grandes ambiciones, siglo del hombre que se sentía creador del universo, nos caímos del séptimo cielo y caímos en el siglo XX. ¨En dónde caímos? Caímos en el siglo del desprecio. Y es así, empezamos por creernos grandes y terminamos despreciándonos.
-¨Y donde terminará todo esto? ¨Hacia dónde va el hombre?
-¨Y por qué me preguntas eso a mí?
-La pregunta nace tomando en cuenta al intelectual, al artista, como un ser singularmente sensible, capaz de registrar y reflexionar en torno a los grandes cambios de la humanidad. ..
-No estoy tan segura de que sea así. Reconozco sí a la sensibilidad. Pero créeme, ella ayuda poco.
-Entonces, ¨a qué nos aferramos?
-Cada uno a su tablita de salvación. Te respondo esto porque no sé la respuesta. Si la supiera, otra sería la Historia y también mi historia. ¨Para qué escribiría si supiera que tengo esa respuesta? Uno escribe porque sabe que no sabe.
LEYENDA
Para la escritora, su vida está hipotecada a la escritura
El Nacional, 21 de octubre de 1996