Melodía

(De Canto al canto, 3ª parte)

Roberto Viereck Salinas


 

Y comenzaron las vibraciones,

a vibrar las vibraciones,

en ese instante fugaz,

sin que nadie dijera que se hicieran,

se hicieron.

 

Las vibraciones se hicieron.

 

Cuando la música era utopía

y el Canto impensable, incantable,

como las vibraciones, vibraron

las ondas de las vibraciones.

 

Vibró la tierra, terrón a terrón,

junto al agua vibró el suelo, completo,

único, gigante, ecuatorial,

pero no el geoide, el planisférico o el cartográfico,

no,

vibró el sentido en la esperma de los corazones,

materia prima de la creación.

 

Nunca sabremos de dónde vinieron esos latidos,

de ellos sólo nos queda la vibración.

 

Y así, así,

se fueron temblando los temblores;

asustadas tras los bambúes miraban las notas

sus estremecimientos inaugurales.

 

Temblaba la vida en su vientre, temblaba,

vibraba, vibraba,

vibraba y temblaba,

como las abejitas, los zancudos,

como el frío, temblaba,

temblaba y vibraba,

como el clítoris, vibraba,

como el pene, temblaba,

vibraba y temblaba,

temblaba y vibraba,

sobre el croquis del cielo, vibraba,

sobre los volcanes, temblaba,

sobre las burbujas, vibraba,

y sobre los triángulos y los geodésicos

y los cubos y las potencias

y las parábolas y los círculos

y los años luz y el rostro solar

y el óleo y los katunes

y los dioses y los hombres

y los Nadie y los Siempre

y los Nunca y los Cuando,

y los Unos y los Otros y las Otras,

todas ellas y todos ellos,

vibraban y temblaban,

temblaban y vibraban.

 

Y así vibraron los sentimientos,

como el éter, vibraron,

sobre la cósmica pasión de la sentimentalidad cuántica.

 

Comenzó, así, a vibrar el Ritmo,

en los tiempos del gran ensayo universal.

 

Así, así,

tambores y corazones,

se abrazaron en el centro musical de sus soledades,

la verdadera, solita, como un primer corte,

navaja del amor.

 

Entonces emergió la Melodía

y con el Ritmo fueron un sólo compás de esperanza,

férrea, firme y cardíaca de volverse

grandes y pequeños,

pequeños y grandes,

en el núcleo de toda la estupidez humana,

tejido incalculable de ecuaciones jamás terminadas,

derechos y NO-derechos,

porque se me acaba de caer el cosmos que la creación no ha terminado

 

y la Música recién comienza

 

Así, así,

como un bailecito,

en ese movimiento,

en esa vibración, en ese temblor...

 

Como las montañas, ¡así! ,

como los estanques, ¡así!,

como los nervios, ¡así!,

como las hojas, ¡así!,

como el aliento, ¡así!,

¡así!, ¡así!,

¡así!, ¡así!,

la vida en la música de la vida va haciéndose

y el Ritmo y la Melodía van juntos,

como un Bailecito, cerro arriba,

con un ala de Cóndor silbando,

y todos en éxtasis atrás y alrededor,

alrededor y atrás,

bailando, danzando,

porque en ese momento el movimiento también era,

y quizás primero, pero no en ese orden,

porque el cuerpo, el soma,

que es la casa de la Sensación, de la Pasión,

del delirio exacto,

la miel del corazón que es el que empuja,

porque los ojos ven, pero el corazón empuja,

pero el Ritmo es antes,

y con él la Melodía, compañera de baile,

¡así!, todos,

 

¡Así!, ¡Así!

 

como el corazón a los ojos

y sin ellos,

¡Así!

ni el silencio

sería Música.