Juan Villoro habla de La casa pierde con los alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria Domènech i Montaner, de Canet de Mar.

12 de marzo de 2003


Presentación del acto

Los viernes de febrero hablamos de Villoro y cada  cuento fue  un descubrimiento y un reto, un secreto, un temblor, una pregunta,  una mirada, una mariposa negra, una vertiginosa sucesión de correcciones y, después, a veces, una pasión compartida,  una complicidad casi.   

Descubrimos que una imagen –un ventanal  “donde cada tanto choca un pájaro” que “no ve los bultos a través del vidrio” - puede contener toda una historia, pues, a menudo,  las vidas de desdicha y castigo se deben sólo a un error fatal de la percepción y la conciencia.  

Descubrimos que existen lugares de delirio donde “sólo el calor es real”, donde la naturaleza enloquece y  “el salitre” invade las paredes, donde todo lo impregna  “un olor hondo, a gasolinas lejanas y plantas podridas” y donde un hombre de “camisa turbia” y “voz asmática”  que nunca se desprende de su”puro apagado”, construye un estadio imposible y contrata a un entrenador para que su equipo pierda.    

Por suerte, en el mundo y en los cuentos, todavía quedan  doñas Consuelos,  para las que ser, es sinónimo de darse. Esas doñas Consuelos viven en la calle Licenciado Verdad, convierten su pensión en una “casa de asistencia” e intentan proteger a los solitarios de ese mundo demasiado sórdido, lleno de “paredes despellejadas  que seguramente se vendrán abajo con el próximo temblor”.  Pero, claro,  las pobres Doñas Consuelos no tienen la culpa de que entre sus huéspedes haya también jóvenes inquietos, a los que les atrae siempre lo equívoco, lo oscuro...          

Por suerte está también  Guadalupe, que  nos enseñó algunas destrezas del resistente: la palabra mandrágora desprende calor, por eso es mejor no entenderla. Cuando brillan, los elefantitos de plomo protegen de la soledad y de esos hombres ásperos que siempre están de paso, porque la casa siempre pierde...   

Los viernes de febrero hablamos de Villoro, pero hoy, que es miércoles y es marzo,  es Juan Villoro quien nos habla.   

Y es que,  a veces, los milagros suceden. Hace unos días descubristeis la fuerza y la felicidad del nosotros y alguien leyó por la radio versos de Galeano y Bertold Brecht  y en las alambradas del patio, los globos blancos derrotaron a los negros. Y  hoy está aquí Juan Villoro dispuesto a hablaros un ratito y a contestar algunas de las 126 preguntas que se os han ocurrido .     

Y si el Villoro que escribe incomoda, inquieta y perturba; el Villoro que habla enternece y enamora y convierte las bibliotecas de los institutos en lugares luminosos y cálidos, muy cálidos. 

Olga Martínez Dasi