JUAN VILLORO
Escribir es jugarse un poco
Ensayista, docente, narrador, periodista, autor de libros para chicos, este mexicano de 44 años presentó aquí su flamante libro de relatos, "La casa pierde" (Alfaguara).
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P: Desde el título, su libro propone repensar las ideas de pérdida y
derrota: ¿se pierde cuando se gana y se gana cuando se pierde?
R: "La casa pierde" aborda esas paradojas: en ocasiones el éxito es
una forma secreta de la derrota y el descalabro, un triunfo disfrazado. En el
relato "La estatua descubierta", un hombre arruina su dicha junto a
una mujer cuando se entera del daño que ella provoca en otros horarios. En otro
cuento un boxeador que ordenó su vida en torno a la idea de recibir castigos,
recibe una gran noticia que lo paraliza: cree haber cometido un crimen de joven
y su mejor amigo le revela que es inocente. Libre de culpa, es un hombre normal
y derrotado: ya no tiene estímulos para sufrir. El libro explora esos azares
que alternamos en llamar triunfo o derrota.
P: Como en otros autores mexicanos, en sus obras siempre hay una visión
sobre el poder. ¿Hay algo en la política de su país que determina ese interés?
R: México es el decano mundial de los países sin alternancia democrática.
Después de más de 70 años con el mismo partido en el poder, es lógico que
surjan reflexiones al respecto. Mi novela El disparo de argón transcurre
en una clínica de ojos, donde el protagonista no aparece y ejerce su poder
desde la invisibilidad. Algunos han visto ahí una metáfora de la forma en que
el poder opera en México. En una cultura de la impunidad, los secretos tienen
un alto valor: con sigilo, articulan las relaciones sociales. Acaso esto también
se advierte en estos cuentos.
P: Otra presencia frecuente es la de Estados Unidos. ¿Cómo ve la influencia
de ese país en la literatura mexicana?
R: Tengo una doble relación con EE.UU: aprecio sus grandes locos, sus artistas
incendiarios, sus chamanes contraculturales y rechazo la cultura chatarra que
domina nuestra TV y lleva botellas de Coca-Cola a la selva maya. De niño aprendí
que ser héroe consiste en perder vistosamente contra Estados Unidos, y en la
adolescencia, que la vida es impensable sin las novelas de Kerouac o de Faulkner,
el cine de Scorsese, las crónicas de Wolfe. Una educación sentimental
esquizoide, ¿verdad?
P: Escribió novela, cuento, ensayo, literatura infantil: ¿qué género
prefiere?
R: Prefiero escribir cuento y quizá por eso es lo que me resulta más difícil.
Escribo ensayos y crónicas con relativo desenfado, pero ante el cuento tengo
los nervios de punta, como si tirara un penalty en el minuto 89 o tratara de
conquistar a Michelle Pfeiffer. Por lo demás, es una tortura adictiva: tardé
12 años en terminar "La casa pierde", supongo que para dosificar las
necesarias crisis nerviosas de escribir relatos.
Encontrado en: http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2000-05-07/e-01210d.htm