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En la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes RAFAEL TOVAR Y DE TERESA ENTREGÓ EL PREMIO XAVIER VILLAURRUTIA 1999 A JUAN VILLORO
Lourdes Rangel
Alí Chumacero, Augusto Monterroso, Alejandro Rossi, Saeltiel Alatriste, Ignacio Solares y Jaime Labastida, entre otros artistas de la palabra, presenciaron la entrega del galardón, marcada por "el sigilo de la luna". Pero a pesar del silencio que reinaba en el único satélite natural del planeta Tierra, las risas de los asistentes se sucedieron como la marea cuando el dramaturgo y narrador, Hugo Hiriart, comentaba uno de los pasajes del libro de cuentos La casa pierde en que un personaje gordo y de guayabera rosa se pasea en un restaurante como un "monstruoso malvavisco". Alicia Zendejas, quien ha dado vida durante años al Premio Xavier Villaurrutia, aseguró que el lugar de procedencia del ganador, en este caso la Colonia Portales, no tiene la menor importancia. Los requisitos con los que cumplió Villoro fueron haber escrito una obra en español, publicada en México, en Edición Príncipe y en el año en curso. Este es el caso de La casa pierde. Alfaguara, 1999. Jorge Ruiz Dueñas, ganador del Premio Xavier Villaurrutia 1997 e integrante del jurado, tuvo a bien revelar el enigma de la luna niña en los cuentos de Villoro, una luna instalada en la eterna juventud, cotidiana, poblada de anti-héroes. Sin embargo, este astro que tiene la capacidad de maravillarse con las cosas más cotidianas, se caracteriza por una mirada crítica y un gran sentido del humor: "Al leer a Villoro, mi reacción es: "Tiene la vida por delante amparado en su vitalidad literaria"; califica los cuentos reunidos en La casa pierde como "Familiares y entrañables"; concluye: "por eso, hoy, la casa de las letras no pierde, por eso la guerra continúa y la más rigurosa de las fantasías seguirá surgiendo en la máquina de Villoro". Hugo Hiriart, otro de los integrantes del jurado y Premio Xavier Villaurrutia 1972, agregó a sus comentarios sobre el "monstruoso malvavisco" que "los cuentos son una forma de ver por dentro la existencia ajena". En cuanto al caso específico de La casa pierde, el dramaturgo subraya el espíritu democrático de Villoro, "que no alcanza a opacar al aristócrata intelectual". "El 'don nadie', el humano común y corriente es el protagonista de sus cuentos". Ese hombre puede ser él mismo de cara a la historia de la luna: "Cuando el hombre llegó a la luna, yo caí a la tierra y me rompí un diente. Esa tarde los amigos de barrio nos habíamos apiñado en torno a la televisión para ver la epopeya en blanco y negro, pero el alunizaje se pospuso tantas veces que decidimos salir a la calle. Nos dedicamos a la épica menor del fútbol hasta que, en un rapto de inspiración trágica, ensayé un remate y caí de boca en el asfalto. Mientras yo probaba la gravedad de la Tierra con los dientes, Neil Armstrong saltaba en las arenas sin viento de la luna". Por su parte, Daniel Sada señaló la "curiosa habilidad para el resumen de Villoro". Describe al nuevo galardonado como un "escritor quirúrgico, narrador capaz de diseccionar cada detalle. Se interesa por todo". ¿cómo podría no interesarse por todo un escritor que aún tiene la delicadeza de observar a diario las fases de la luna, un hombre que advierte: "Esta noche la inconstante luna ha vuelto a aparecer". "En La casa pierde —piensa Sada— Juan Villoro abre todas las puertas de su prosa: ha sabido escabullirse del folklor, ha ganado la batalla al costumbrismo y la solemnidad, encuentra en el fútbol su estrategia literaria". Minutos antes de la premiación Juan Villoro leyó el hermoso relato Las fases de la luna, que desató una marea de aplausos entre los asistentes. Esta narración demuestra el talento literario de su autor y sugiere que La casa pierde "alude a dos circunstancias: la enormidad de las derrotas domésticas y la potencia del azar (...); las historias comienzan cuando la casa pierde". El azar ha sabido establecer una estrecha relación con la luna dentro del mundo de Villoro. Por ello, el autor de la Colonia Portales agradece al jurado el haber abierto la posibilidad de que un libro de cuentos, y no una novela, se hiciera acreedor al Premio Xavier Villaurrutia 1999 durante una sesión que tuvo lugar "minutos antes de un eclipse total de luna llena". Surgió la reflexión del galardonado: "Escribir es un juego de tahúres, sin otra recompensa previsible que la de la propia escritura". "El dolor sella la memoria" fue otra de las reflexiones de Villoro al recordar el diente que pegaba en el asfalto el día que el hombre llegó a la luna. Sin embargo, podríamos afirmar que la luna, más risueña y niña, del pasado martes 14 de marzo de 2000 a la salida de Bellas Artes, dejará su imagen en los archivos estelares de la literatura.
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Encontrado en: http://www.cnart.mx/cnca/nuevo/diarias/160300/pjvillau.html