Reseña de Germán Castro. Revista Crisol, nº 133.
Alfaguara publicó a principios de año el más reciente libro de Juan Villoro: La casa pierde.
De Villoro, si no ha leído nada, debería sentirse culpable y leer todo: en la benemérita serie El Volador de la heróica editorial Joaquín Mortíz (QEPD, Don Joaquín Diez Canedo), puede encontrar los libros de cuentos La noche navegable y Albercas. Con el Fondo de Cultura Económica, en su serie Biblioteca Joven, publicó las crónicas imaginarias Tiempo transcurrido. Más recientemente, la excelente novela El disparo de argón, que apareció en 1991 bajo el sello editorial de Alfaguara; y hace tres años con esta misma casa publicó Materia dispuesta, y la obra que quiero recomendarle: La casa pierde.
De Villoro hay que decir que es uno de los narradores contemporáneos más importantes de nuestro país. Nació en la ciudad de México en 1956 y estudió Sociología en la UNAM, en aquellos idos tiempos cuando en la UNAM se daban clases, los alumnos presentaban exámenes, tenían que estudiar, y demás perversiones que hoy, gracias a los vientos de democracia, están superados, al parecer for ever and ever.
En fin, La casa pierde integra diez cuentos. En “Campeón ligero” Juan Villoro mete las manos en uno de los mundos más narrados por la literatura mexicana contemporánea: el de los jabs, los puños, los cuadriláteros, las apuestas... “La estatua descubierta”, de evidente tono autobiográfico, cuenta las peripecias amorosos de un agregado cultural del servicio exterior mexicano... “Coyote” es una historia de yuppies nostálgicos en busca de amarrens en las espinas del peyote... En “El anillo de cobalto” uno puede fisgonear lo fácil que puede resultar olvidar el prefijo cuando de la ex-esposa se trata... “El extremo fantasma”, uno de los textos, a mi juicio, más logrados de todo el libro, narra el ocaso de un jugador profesional de fut-bol... “La alcoba dormida”, cuento erótico-misterioso... “La casa pierde”, el cuento que da título al libro, dirige la lente a la vida carretera, literalmente marginal... Fernández, el protagonista de “El planeta prohibido”, es un economista de altos vuelos esquivando la vejez en una universidad gringa... Después de leer “El domingo de Canela” uno ya no puede negar lo que de todas formas intuía: realmente no conocemos a nadie. Finalmente, lo que por mucho me parece el mejor cuento de esta colección: “Correción”. Y de este, nada más de pura mala onda, no les cuento nada.
A clavarle el diente, pues, a La casa pierde de Juan Villoro.
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