La Colmena, Revista de la Universidad Autónoma del Estado de México, (Toluca-México), núm. 29, ene-mar, 2001, pp. 110-113.
DESVELO DE ULISES: NOTAS PARA LA «OTRA VOZ»
(A propósito de Gregory Zambrano, Desvelo de Ulises y otros poemas, México, Ediciones fin de siglo, 2000, 103 págs.)
Por: Tanius Karam
1
Los enigmas son como el humo perfumado.
Ahora lo que importa es el silencio
Esta evocación del silencio podría resumir una de las preocupaciones que ha sido constante en la obra del escritor venezolano Gregory Zambrano. Desde su primer poemario Víspera de la Ceniza (1990), el silencio aparece como mensaje:
Voy a darte mis silencios, a pintarte en las montañas
A bajarte cálida de todas las estrellas
En su segundo poemario, Dominar el silencio (1994), el mismo título evidencia lo que venimos señalando. Ahora bien este poemario se caracteriza por una descripción de la espacialidad del poema. Los textos aparecen centrados y desde ahí las líneas se alejan y acercan para proponer una especie de poética de la descentración. El silencio al mismo tiempo que contiene, expele y distancia.
En la poética de Gregory Zambrano se presenta una tensión entre extremos vitales del viaje como un recorrido de dualidades: memoria y olvido, sueño y vigilia, palabra y silencio. Estos elementos se encuentran entrelazados por nexos que funcionan como puentes significantes. Desvelo de Ulises, tiene como eje el olvido y la memoria, comunicados por algunos «puentes» que el poeta nos asoma, en ocasiones de manera clara (naufragio, ensueño), en otras, a la trasluz (deseo, ciudad). Con esto quiero señalar también que la obra de Zambrano presenta una congruencia y una ilación que permite una especial relación intertextual. Acaso una de las razones se dicha coherencia pueda encontrarse en la mente ensayística de nuestro poeta, género en el que descuella con igual maestría, tal como podemos comprobarlo en Los verbos Plurales (1993), La Tradición Infundada (1996),y sus trabajos recientes, El lugar de los fingidores y otros estudios sobre literatura hispánica (1999) y, Una poética de la enfermedad: Salustio González Rincones y sus trece sonetos con estrambote (2000).
Ulises se reviste de nuevas personalidades; partiendo del arquetipo tradicional del héroe helénico, Zambrano hace suya la dialéctica memoria-olvido y la pone a funcionar en el recorrido de los diversos paisajes (interiores y exteriores) que visita. La idea de la mítica figura se reviste de nuevos estados y condiciones: es “náufrago” y “poeta en estado de emergencia”, es “sombra” y “viajero”, es “tigre” y “paisaje”. De estas figuras, una de ellas aparece con especial insistencia: el náufrago. Por ejemplo en “Soy el naufragio” y “Delirio del náufrago”. El náufrago asume el estado del naufragio, es su propio naufragio; así el naufragio es doble: externo e interno; psicológico e histórico. Los tesoros no se encuentran en las conquistas, ni siquiera en los contenidos; sus frutos son al mismo tiempo que inasibles, una clave para discernir la identidad de este nuevo Ulises, que tiene abre sus sentidos a la recurrencia de su propio viaje. De sí mismo habla el náufrago:
Soy el náufrago
Guardo una mirada desgarrada
y atesoro los misterios del mar
para descifrar la noche
2
Esta tensión entre la memoria y el deseo, a la que aludía, acompaña la significación de todos los poemas. Desde el primer texto, se nos presenta un posible atisbo de solución frente a los laberintos del recuerdo:
La memoria está enterrada
mas a salvo el corazón;
Si miras hacia el horizonte
sólo la ilusión hará que veas la tierra,
Ítaca la soñada, ha navegado contigo.
Así, a lo largo del poemario, cada evocación de la memoria y el olvido es, cualitativamente distinta, como un horizonte: al creer que nos acercamos, éste se aleja más; si el deseo nos da la falsa sensación de la llegada, las sombras nos aleja de ella. En “Las Sombras” (p.32) dice
Hay sombras en los pasos que guardó la espera
y nada más,
hay sombras en la hora cero del amanecer,
cuando todos aún duermen o sueñan
con la última vista del sol frente al mar
y sólo queda de ella, de esa sombra alucinada
en el olvido
algo así como una pizca de pájaro, de ala,
de trino
trazas de una voz que aturde lo que apenas
recordamos
En “Al paso del viajero”(p.34), vuelven las mismas imágenes con nuevos sentidos:
...no gimas ya con tu hambre
basta del olvido y de tus antiguos fuegos
En “Del perdón” la memoria parece recuperada (p.16)
...no perdones la cópula
no perdones el perdón,
no olvides.
En cuanto al olvido hay cercanía con el mundo de las sombras “Y sólo queda de ella, de esa sombra alucinada/ En el olvido (...). En el poema “De los olvidos” se respira una atmósfera de penumbra. Me recuerda la película de Theo Angelopolus La mirada de Ulises, que hiciera para celebrar los cien años del cine, en 1995: los personajes se mueven entre tinieblas, en un paisaje casi apocalíptico, pero hablan de la esperanza, de los recuerdos, de los amigos, del tiempo futuro. En Develo de Ulises esa niebla se puebla de sombras que contrarrestan los designios del olvido.
Una de las razones de la tensión que prevalece en el texto radica en que a ambas funciones psicológicas ¾recuerdo, olvido¾le es dada la operación contraria; olvido y memoria pueden matar o aniquilar, pero también pueden salvar, redimir; por la memoria podemos llegar y perdernos; por el olvido, podemos omitir o encontrar. El poemario no prescinde de la esperanza de la resolución, hay claves, frases, palabras que anuncian la posible distensión y resolución de la coyuntura; uno de estos momentos se entreve en el poema “Equilibrio” (p.25):
Como si gozáramos con volver a preguntar
Hasta cuándo seremos hoy y no mañana
En el primer poema, el autor nos dice
Ítaca sigue lejos,
mientras, mantén el rumbo,
sigue soñando.
El equilibrio que se logra forma parte de una tensión que nos lleva a seguir intensamente en el texto y a identificar motivos o pasajes, tal como sucede cuando escuchamos un poema sinfónico. Las figuras se asoman por entre las sombras del recuerdo, ese mar mil veces cavado; son la otredad corpórea y jadeante, la boca con brasas que se expanden de arriba abajo; es el sueño.
El poemario cambia de tono en “Marea del deseo (cinco poemas y un epílogo)” la fuerza de luz y las uñas abriendo surcos en los cuerpos jadeantes, cambia el ritmo notablemente (tal como ocurre en los poemas sinfónicos). Cambia el tiempo, pero no se renuncia a los temas centrales. Una pregunta se asoma entre las vivas imágenes de fuerza y pasión ¿Es el deseo la clave de la redención?
3
En el mundo de Desvelo de Ulises, hay un rico proyecto sensorial implícito. La visualidad de los paisajes en la cuarta sección “Memorial del silencio” es sumamente lúcido y vistoso; es de hecho un recorrido iniciado desde la primera parte, en poemas como “En el patio de Frida y Diego”, y parece concluir o reiniciar en “Kamakura” o “Kyoto”.
Esta vistosidad hace que varios poemas (no sólo en la última sección) puedan ser asimilados como una enorme acuarela: destello de luz y color, encuentro de tonos y barridos vitales. El poema “Paisaje de van Gogh” es un “...lugar de cielo/ Un pequeño altar donde los girasoles/ juegan a llenarse de acuarela. En “Declaración” es más explícita la asociación cromática: el “bosque que se llena/ de acuarelas”
La última sección de libro es una serie de poemas escritos a raíz de un viaje al Japón; en ellos el autor, por medio de un recorrido visual, nos comparte impresiones y sueños en medio de paisajes traslúcidos, que conllevan un carácter del asalto en la primera impresión: bosques, lagos, adquieren una dimensión sonora, se hacen lengua, comunicación y silencio.
La palabra es imagen
La palabra se escribe
En cada hoja de maple
Por eso hablan los bosques
Es tal la sensación de gozo (o distensión) que exuda el poeta, que se atreve a decir “sólo sé que por hoy /insomne y extraviado / estaré a salvo”. Si bien la lectura alguna de las figuras claves —como la del naufragio— parecen haber quedado atrás; súbitamente, como los estruendo musicales de un poema sinfónico impresionista, aparece “cobijado por la alas de una mariposa”, el náufrago. Este es otro momento en el que la tensión memoria-olvido, salida-encuentro parece encontrar su resolución. ¿Será el deseo, la otredad y la luz las imágenes que atenazan a Ulises en el insomnio? ¿Serán el cambio, la declinación, los fantasmas irrecuperables de este viaje que naufragio, historia y olvido?
la historia es una ruina,
una legajo más bien, barcaza
de un olvidado naufragio
4
Hay un último aspecto que quisiera resaltar, que igualmente aparece en los primeros poemarios, y tiene que ver con las ciudades que emergen ante los ojos del poeta. El primer poema abre con un epígrafe de Kavafis, como una especie de destino del viajero: “No encontrarás otro país ni otras playas./ Llevarás por doquier y a cuestas tu ciudad.”
¿Qué es Ítaca? ¿un paraíso perdido? ¿un cuerpo extendido, abierto como calles? ¿un destello en el cielo? ¿la luna posada en los ojos del poeta que cree en el silencio?
Néstor García Canclini, en La ciudad de los viajeros dice que todo viaje es un recorrido entre la realidad cotidiana e imaginaria; así el viajero urbano, citadino, reconstruye las calles y las plazas cuando día a día las recorre. De la misma manera en estos viajes, Zambrano reconstruye estos paisajes; nos acerca a Hiroshima, Kyoto y Miyajima, lleva sus demonios a cuestas en el periplo de su propia búsqueda: el deseo, su ciudad, sus insomnios. Más allá de las tensiones entre la memoria y el olvido, el paisaje recuperado es el soñado, son las palabras que aquél personaje almodovariano evoca en la película Todo sobre mi madre: “somos más auténticos cuanto más nos acercamos a nuestros sueños”
La ciudad de Desvelo de Ulises es el ensueño: Macondo o Comala, “celaje de espejos...olvido de todas las lenguas...silencios disputándose las calles...sombras”. Todos los temas puestos ahí entre voces de murmullo y difusos lamentos a deshoras. La ciudad de Desvelo... es la armonía suspendida de los octetos debussyanos escritos en modos griegos. Hay algo de inasible y de inmediato que no se acaba de explicar y deja en suspenso; es el silencio que sigue a la ejecución de la obra, la música vive en el oyente, todavía su cuerpo resuena, pero en la sala no hay nada; es el desenmascarado sortilegio que toda acuarela esconde tras sus rasgos.
Una frase mítica atribuida a don Mariano Picón-Salas dice que la Mérida venezolana es una universidad con una ciudad por dentro; me gusta la imagen, el juego del continente-contenido. Este libro, es Ítaca en el fondo del mar, con muchos poemas dentro; es una noche con desvelos en su interior; es el deseo con los monstruos en su fauces; es una mujer con las caricias en sus entrañas. Es esta distancia con muchas cercanías vertidas.
Ciudad de México,
Noviembre 2000
Tanius Karam: periodista y escritor mexicano. Doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid. Escribe para revistas de México, España y Estados Unidos. Autor de Celebración del caos (Venezuela, 2000).