DESVELO DE ULISES
No encontrarás otro país ni
otras playas,
Llevará por doquier y a
cuestas tu ciudad.
K. Kavafis
¿Dónde llevas a Ítaca?
Acaso en la memoria,
acaso en lo más hondo del
corazón;
has visto otras ciudades,
has hundido tus manos en
tantos
océanos,
pero sólo el mar de tu
nostalgia
tiene la justa esencia de los
peces y la sal.
La memoria está enterrada
mas a salvo el corazón; si
miras hacia el horizonte
sólo la ilusión hará que veas
la tierra,
Ítaca la soñada ha navegado
contigo.
Ha sido largo el camino,
el alma y el cuerpo se han
vaciado
pero lejos aún está el reposo.
No estrujes más tus ojos
insomnes,
bajo tus párpados sigue
intacto el paisaje
de la infancia,
y ahora que estás viejo,
sabrás
que los mismos colores
llenan de luz aquellas calles,
el patio de un solo árbol,
el solar de la casa.
Ítaca sigue lejos,
mientras, mantén el rumbo,
sigue soñando.
CALENDARIO
Eres la tierra prometida que
se aleja,
la que no veré.
Eres el horizonte del mismo
mar
que se quedó en tus ojos.
Eres mi huella, el trazo de
todos los caminos
que van hacia tu encuentro.
Eres la arena que lamo
en cada extremo del mundo.
Eres el pan, el fermento de un
licor
dulce como el sueño.
Y eres también el despertar,
la vida, la muerte, certeza
de una perdida inocencia.
Eres la lengua insignia de
Babel,
el estandarte rescatado en el
sitio de Troya.
Eres la bella Helena, la
ardiente Dido,
y Beatrice la leve,
rostros intercambiables como
los días
de este calendario.
Eres la medida de mis oficios
más nobles,
y también de los más ruines.
Eres vigía de alta torre,
eres el fuego que me abrasa,
lumbre de la noche más
cerrada.
Eres una estrella íngrima que
me ata a la certeza,
urgencia de un espejismo
inevitable como el tiempo,
pero te empeñas con
desmesurado deleite
en ser la negación de cada
día.
Eres tanto mujer, lástima que
no quieras saberlo.
ELEGÍA
Jaime Sabines,
in memoriam
Uno es el hombre, y no sabe de
dónde
o hasta cuándo será vida esta
vida.
No somos dios, ni profeta,
de allí este tránsito de
vértigo
y desesperanza.
Hasta cuándo, hasta dónde.
Qué será de este incierto
camino,
de estas vigilias y aquellos
sueños.
A dónde irán las palabras
dichas sobre la vida,
lanzadas sobre la muerte.
Uno es sólo el hombre
y vamos deprisa, muriendo de
una vez,
la vida es tan fugaz como el
relámpago,
¾apenas
deja huella¾
Lo mejor de lo vivido
está únicamente en las
palabras,
la letra del poema se queda
húmeda, perpetua en la lluvia
sin más excusas porque la hora
ha llegado
y volveremos a ser serpiente,
ave, gusano,
abonado suelo donde habrá de
florecer
algún día el canto nuevo.
Adiós capitán,
hasta la vista huérfano de la
tierra.
Déjanos un verso por si el
hambre,
déjanos esta vez más solos
para alzar la copa y ver en
los espejos, ciudades,
prostitutas, el mar, alguno
que otro sueño,
los abandonados, los
solitarios, los tristes, los amorosos,
el cielo gris de México, una
vez más,
antes de que ese dolor tuyo de
hoy nos llene
de cuaresmas y nos golpee el
rostro
y nos repita como si tal cosa
que uno es el hombre, es decir
semilla y ceniza,
que apuramos el paso
y apretamos los dientes para
no decir nada,
para guardar el dolor.
Adiós en cada verso que
escribiste,
abre tus manos por última vez,
renueva el prodigio
como si la próxima palabra
llegara del azar y quedáramos
aguardando
las nuevas voces, tu atardecer
y tu noche.
Ah, poeta, no te quedes
escondido,
vuelve a la multitud que
recoge migajas,
no guardes tu semblante
no digas que la ausencia, no
digas que el silencio
no digas que la guerra está
perdida,
vuelve tu cabeza, quédate en
el humo del cigarro
y recuérdanos alguna vez, de
noche en noche,
cuando no podamos palpar
nuestras propias
rodillas y sintamos inevitable
el naufragio, estoy aquí.
Uno es el hombre, la dimensión
exacta del miedo,
del desamparo, será por eso
que vamos llorando, llorando,
la hermosa vida.
POETA EN ESTADO DE EMERGENCIA
El poeta solía hacer grandes
cosas
con sus manos, con su voz.
Era un gran constructor,
pintaba ríos y ponía una
brújula
en los paisajes,
su oficio preferido
era pensar en las mujeres,
confundía sus piernas
con colmillos de elefantes,
el poeta pintaba sus sueños
y siempre venía el verbo a él
manso,
luminoso y todo el universo
se unía en un aliento,
en una carta donde él daba
cuenta
de las grandes carencias de
los demás hombres.
Ahora, después de muchos años,
el poeta cabalga porque es
jinete insomne
y se lamenta de sus dolencias,
sin embargo nada ha cambiado,
de su palabra salen grandes
inventos,
es decir, dioses, fuegos,
dudas y canciones.
Es un pirómano con las
palabras.
El poeta no cree en lo que
ve, por eso
lleva siempre un farol entre
sus manos
y toca la realidad como para
salir de dudas.
CIUDAD SUMERGIDA
A Tanius Karam
Y no solo memoria
También los hombres son ciudades.
Cada cierto tiempo viene a mí
una voz
acuática que me obliga a
volver del sueño.
Intento el movimiento del ave
o la serpiente,
pero me pesan amables los
paisajes.
Soy isla en medio del gran
lago.
Tiembla en mí el corazón de
Tenochtitlan,
vastedad donde aún moran los
ángeles caídos
y perpetúan su victoria los
antiguos guerreros.
Ciudad sumergida donde respiro
y gozo
la nueva majestad, el polvo.
Mi boca es certeza de dragón,
lengua que ha ardido en muchos
fuegos.
Aquí descubro palabras y
colores,
La visión de Anáhuac, el zumo
del mezcal
Y los labios de Frida Kahlo
llenos de bosques
dulcísimos en su delirio. A mí
vienen los olores
del mercado Portales, siempre
de fiesta,
feria donde se halla todo lo
creado.
Aquí me invaden las calles,
las miradas,
los sonidos ancestrales del
corazón de la tierra.
A veces, la región más
transparente del aire
está frente a mi espejo, un
rostro
de transeúnte sonreído
me mira extrañado después de la lluvia.
Entonces, salgo a la
intemperie,
solo, y con demasiado cielo a
festejar.
Despojado de rencores voy, a
silbar por las ausencias
o quizás, no estoy seguro, a
recordar los viejos sueños.
De Ciudad sumergida,
México, 1997.