Diario Antorcha (El Tigre. Anzoátegui), 26 de febrero de 1991.

“Gregory Zambrano: Esas cenizas que tardan en llegar”

Por: José Pérez

 

Pareciera que hubiéra­mos estado por siempre tras el muro de los siglos, ahí donde las palabras de tanto transitar ese camino de adentro que es la esperanza. Ya hubiesen escalado el defi­nitivo intento de alcanzar la cima. Pareciera, también que hubiéramos habitado nuevamente el patio abandonado de esa casa sin regreso, que sólo existe porque la llevamos dentro y que la encontramos entre las primeras páginas de quien decidió mostrárnosla nuevamente. Pareciera muy adentro, en el silencio de la sangre, que hubiésemos transgredido la invitación del fuego para ignorar todo in­tento de melancolía. Es, al contrario, hallarse de pronto en una vivencia nueva. Es un soplo que levanta las sombras o esas palabras que de tanto vivir en errancia, son sombra también pequeños pájaros sueltos que no nos son extra­ños. Así son de unitivas las dos partes que conforman el poemario Víspera de la ce­niza de Gregory Zambrano:

 

PALABRAS PARA EL ESPEJO Y LA CANCIÓN DE AYER.

Conjunto de textos quE alucinan por su transparencia figurativa, donde el viejo solar de la infancia o ese es­pejo roto de los sueños, sin vuelta atrás, configuran no un canto lírico simplemente, sino un deseo de revelar ese final que ondea, como un barco anclado, en ese costado que ya nos duele de tanta au­sencia. Por eso el poeta con­juga los silencios más próxi­mos al adiós de tanto tiempo calcinado en el tránsito de  vida y los espacios que hacen posible esa calcinación. Su poesía sugiere la contempla­ción de ese abismo que ha vencido las llamas; el derro­tero de la definitiva certidum­bre deja ‘Despedida”: Te vas perdiendo en la distancia nunca habrá regreso/ Tanto cielo escapando a la muerte/ se aturde de no ser la transparencia/ El espejo quebró los sueños/ trajo el otoño al calendario/ Las aves viajan solitarias/ la libertad vuela en sus en sus alas/ Naufragan tus ojos/ sólo queda el adiós”. Basta la suma de los títulos de sus pá­ginas más plenas para re­conocer que este poemario es la inmanencia de esa materia del alma que se niega a pere­cer; la infancia: “Crónica”, “Al  margen de esta, orilla’, “Despedida”, “Aniversario”, “Llueve esta tarde, “Tránsito”, “Testamento”, “Final de juego”, y un poema que por su desnudez y su transparencia constituye la puerta de entrada a esas ceni­zas que tardan en llegar: “Solar de la infancia”: En el fondo de la casa/ una mirada colmada de preguntas/ un callarse para reír por dentro/ Los años han pasado/ dejando su huella/ muy atrás/ profundamente/ Ahora caminas/ ávido de noticias y tu sueño vuelve a la Infancia/ a los nuestros/  padre y madre/ al mismo solar de ayer/ patio de los juegos/ lleno de sidra, ají, maizales/ y viento silbando entre las tardes

Víspera de la ceniza (Mérida: Ediciones Mucuglifo, 1990) es un hermoso poemario que trae antiguas ternuras de ese tiempo que a veces se debate entre las som­bras y la lluvia, entre el amor y las cenizas. Con justificados epígrafes de José Barroeta, Ludovico Silva, Ramón Palomares, Armando Rojas Guardia, Luis Rogelio Nogueras, Orlando Araujo, Tarek William Saab, Pablo Milanés, este primer libro de Gregory Zambrano (Mérida, 1963), Licenciado en Letras de la Universidad de Los Andes e incansable exponente del quehacer literario de la región andina, revela el hallazgo de una tonalidad propia que ya se encamina hacia una forma definitiva; valga decir, hacía un intento de cristalización. Por eso la espera se ha visto colmada de alegría y por eso damos salud a esas cenizas que ya vienen desandando su canto más allá de todo atar­decer y más allá de todo si­lencio postergado.

 

 

Mérida, febrero de 1991.